Me encontré con un chico cerca del Ganges. Se llamaba Ranji y me habló de su ciudad mientras el antiguo lugar palpitaba y susurraba a nuestro alrededor junto al río sagrado.
"Te diré que el olor de la carne que arde es a la vez dulce y triste. En realidad sólo me di cuenta de eso cuando estuve por primera vez fuera de mi ciudad. Mi hermano y yo nos fuimos a buscar a nuestra tía al pueblo cuando su marido murió. Nunca había dejado mi casa antes y estuvimos fuera seis días. Trajimos de vuelta a la tía en el autobús, nuestras caras se aplastaban contra la ventana como moscas zumbiendo en un tarro."

Foto: Luis Garcia Verdú |
"Supe lo que era la espera del infierno; aquellos momentos asfixiantes en los que quedas atrapado en un autobús que no se mueve y el sol que lo convierte en un horno, abrasando a través del techo de metal. Vi cómo el sudor se deslizaba hacia el pasillo desde la planta de mi pie. Mi tía me mandó que saltara al autobús en cuando llegara a la terminal, que me tumbara y ocupara todos los asientos que pudiera. Mis brazos casi se me salieron de sitio cuando trepé por la ventana. Logré meterme dentro, pero sólo porque soy como la rama de un sauce.
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Tengo quince años, pero mi pecho aún no es muy ancho. Estoy esperando a que crezca pronto. Me tendí sobre aquellos ardientes asientos y el plástico se pegó por todas las partes de mi piel, como si yo estuviera hecho de pegamento de raspas de pescado hervidas. Mi tía me regañó cuando vino a sentarse, porque había hecho mucho ruido pero había guardado muy poco espacio. Eran sus enormes piernas, que se esparcieron por los asientos y ocupaban todo el sitio."
"Desde el centro de la ciudad, donde paran los autobuses, bajamos caminando a los ghats, y fue entonces cuando me di cuenta de que había estado lejos del olor que había estado retenido en mi nariz cada día de mi vida; ese dulce olor de muerte y de renacimiento."
"Desde nuestro lugar familiar en el ghat, mi padre es capaz de proyectar escupitajos de betel hasta más allá de la parada de chai, la distancia de seis hombres estirados de un extremo a otro. Esa mañana había una vaca muerta al lado de nuestro sitio, y mi padre le escupía desde la orilla, sin que ni una pequeña partícula rozara su hinchada barriga. Una de mis tías y mamá chillaban como gallinas cuando él hacía eso. Estoy seguro de que mamá está orgullosa de que pueda escupir hasta tan lejos, aunque él no lo haga para que ella se lo diga." |

Foto: Luis Garcia Verdú |
"¿Ves a aquella mujer con botellas y jarras sentada más arriba de donde estamos? Los peregrinos le compran, para llevar unas gotas de agua de la Madre Ganga (El Ganges) a sus pueblos. Recoge las botellas de los cubos de basura de los hoteles de la ciudad. Su orgullo, no le impide hurgar entre las inmundicias de los turistas, entre moscas y perros sarnosos. Y se ríe para sí cuando vende a estos turistas su propia basura. Nosotros metemos el agua en las ollas de cobre que yo refriego cada mañana con arena del río hasta que quedan brillantes y de color rosado como los ojos de la mujer de las botellas y las jarras, cuando se dirige a la taberna a por feni. Mi madre sonríe cuando ve brillar los tarros. Sé que esto la hace estar orgullosa de mí."
"El pelo de mi hermana también brilla después de que se lo laven en el río. Se le cae en lustrosos remolinos mientras se lo trenzan. A veces me burlo de ellas y les digo que lo que hacen con su pelo parezcen serpientes negras, serpientes que se deslizaran hacia el interior de sus cholis. Una de mis hermanas se pinta su bindi rojo diario porque está casada. La otra no; tiene doce años. Se casará el próximo año, cuando empiece la estación fría. Nuestra familia y la del futuro novio ya están negociando el dowry . Mi padre quiere que sus hijas sean quemadas en los ghats a su debido tiempo, y no a causa de una disputa por la dote, antes de que hayan tenido la oportunidad de vivir y de tener hijos(8)."
"Mi primo está sentado a nuestro lado. ¿Ves el pelo rapado de su cabeza? Esto forma parte del luto, pues los hijos mayores se rapan el pelo en señal de reverencia a su padre muerto. Decimos que fue en el pecho de su madre donde mamó, así que su pelo no representa un gran sacrificio."

Foto: Luis Garcia Verdú |
"Su madre fue incinerada la semana pasada. El viaje a la ciudad duró mucho porque algunos de los autobuses iban demasiado llenos para poderla llevar en su estado moribundo. Pero muchísima gente les ayudó, la subieron a los autobuses y le dieron comida y agua para aligerarle el viaje. Ella intentó hacer la peregrinación por la carretera de Panchakroshi. Todos sabíamos que no sería capaz de andar los 55 kilómetros necesarios que la llevarían a su renacimiento. |
Mi primo cargó con ella la mayor parte del camino, y mamá dice que su luz se desvaneció antes de llegar al final del viaje Yo pienso que poco importa si sus ojos no veían, ya su karma había finalizado su andadura. Mi primo apestaba a todas las cosas muertas que puedes imaginarte, y aún podía oler el humo en su cuerpo tres días después de haber incinerado a su madre, incluso después de haber restregado su cuerpo con jabón Lifebuoy diversas veces."
"Lifebuoy, el olor con el que me levanto cada mañana. Estoy medio dormido cuando bajo entre la niebla matinal y me meto en el río con los bañistas en liturgia a mi alrededor. El primer grupo de olores lo forma la capa asquerosa de mierda que baja de los vertederos de los ghats. Por eso, me tapo mi nariz, alzo los labios, ves, así. justo debajo de los orificios nasales, y respiro a través de los apretados dientes. Así que es el jabón Lifebuoy lo que me despierta. Me quito la ropa y buceo entre la espesa agua del final del ghat. Mamá cree que soy demasiado mayor para bucear como los niños pequeños, pero seguiré buceando así mientras pueda. Cuando sea rico y corpulento, cuando mi pecho sea grande y ancho, cuando tenga hijos y una mujer, entonces dejaré de bucear. Me quedaré en el agua mirando cómo se ensancha mi barriga y agradeceré a Lakshmi mi buena suerte. Hay un hombre de así, que todos los días permanece de esta manera y en el mismo lugar para lavarse. Su barriga ha crecido tanto con la buena vida, que puede mantener una olla de cobre encima de ella, y te aseguro que la olla no se mueve. Pero siempre empieza a reírse y la olla termina por caerse al agua. Entonces da una rupia al primer niño que buceando la encuentra."
"Cuando salgo de mi buceo, puedo oír los salpicones del dhobi ghat; los salwars y los dhotis son sacudidos y golpeados, y dejan las marcas de los botones y las cremalleras sobre las rocas. Los dhobi wallahs ondean la ropa en grandes círculos continuamente y forman arcos de gotas brillantes que relucen en el aire. Si aprieto mis ojos, los músculos de sus espaldas podrían ser serpientes moviéndose bajo un sari."
"Mi madre y mis hermanas bajan a lavarse. Mamá y mi hermana casada se lavan por debajo de sus enaguas, sin mostrar nunca sus partes íntimas. A mi hermana pequeña no le importa. Está tan flaca como yo y salta arriba y abajo, desnuda en el agua, hasta que mamá le regaña. Resulta extraño pensar que el año que viene también tendrá un marido y un sari con enaguas y tendrá que lavarse a escondidas. A veces me fijo en los otros chicos y en algunos hombres que la observan de una manera, como si quisieran poseerla. Eso me entristece, porque me gustaría que le dejaran ser mi hermana pequeña por más tiempo. Ella no parece aun preparada para todo eso. Quizá no es justo que un hombre pueda poseer a una mujer, pero mamá me dice que es peligroso que yo piense esas cosas, y que los dioses me escupirán si convierto mis pensamientos en palabras."
"Hay más de un centenar de ghats, pero el nuestro es el principal, el ghat de Dasashwamedh, donde Brahma sacrificó a diez caballos para que Shiva pudiera volver tras un tiempo de destierro. Aquí es donde está el ruido, el bullicio, los mendigos y los barcos llenos de extranjeros soñolientos intentando ver qué sucede en los ghats que arden antes del amanecer. Aquí es donde se hacen los tratos y se organizan los matrimonios. Me pregunto si Shiva ve todo el dinero que cambia de manos mientras nosotros purificamos nuestros cuerpos y restregamos nuestros dientes con ramitas. Quizás es por esto que el agua huele a muerte, para castigarnos por hacer tratos en nuestros lugares más sagrados."
"Cuando se pone el sol y la tranquila brisa de la tarde abandona el río, terminamos nuestro trabajo en la ciudad y volvemos a nuestra casa en el ghat. Revoltosos grupos de niños corren por las calles como manadas de perros callejeros, ladrando a todo el mundo, tomándoles el pelo, dando empujones y gritando. Yo solía ser uno de ellos, pero creo que me estoy volviendo más sensato. Grupos de gente pasean entre los vendedores de cacahuetes. Niños mendigos que remolonean entre los turistas; moscas que se instalan y abandonan al ser apartadas por los turistas. Algunos, pellizcan a sus hermanos y hermanas pequeños para que imploren unas monedas un manado de arroz. El padre de la mujer de las botellas y las jarras, le cortó el pie cuando era una niña, para poder mendigar de manera que la gente sintiera pena por ella. Pero ella era demasiado orgullosa para hacer eso, y su hermano le hizo un rodillo de madera para caminar, para así poder ganarse la vida con las viejas botellas y jarras."
"La mendicidad es un negocio bastante común aquí; un poco de arroz cada día para los harijans en los escalones que conducen a los ghats alarga la columna de puntos que suman méritos a nuestro karma. Todos necesitamos ir tras la persecución de este tipo de puntos. Hay dos paradas donde se pelean los leprosos y agitan los bastones sobre sus cabezas. El primer lugar es el principio de las escaleras, para así poder atrapar a los turistas cuando bajan, cuando sus ojos y su mente están aún bajo el sopor del reciente sueño. El segundo es el final de las escaleras, donde empujan al firangi (extranjeros) con sus muñones mutilados cuando se acercan al río, impresionados por nuestros rituales sagrados. Aquí es cuando los turistas se sienten peor y más pequeños, cuando la fuerza de nuestra antigua conciencia espiritual los secciona, como palos ardientes sobre ghee (mantequilla), y hace que se saquen dinero de las curiosas bolsas de banana que llevan bajo sus ropas. A menudo su dinero está un poco húmedo debido a su sudor de extranjero, y he visto a mendigos lavándolo en el río para que quede limpio de nuevo."
"La tarde es el momento más dulce. La multitud está sentada y bebe chai. Esa parece ser una cosa que podemos hacer todos juntos, sea cual sea nuestro color o religión. Debe de ser algo que vale la pena hacer. ¡Qué trabajo tan excelente para que mi padre se sintiera orgulloso!: Ranji, el de la parada de chai del ghat de Dasashwamedh. La gente se sentaría en mi parada, cruzaría las piernas y seguiría los baños y las conversaciones de los ghats mientras beberían mi chai. 'Panch aur chai lao' (cinco tés más, por favor), sería mi frase favorita. Eso me daría un negocio que haría crecer mi barriga, lo suficiente como para sostener en ella ollas de cobre en equilibio."
"Los turistas salen en barco, escondiendo sus cámaras bajos sus camisetas y pañuelos. Todos quieren tomar fotos de Manikarnika, nuestro principal ghat de incineraciónes. Allí fue donde Shiva excavó un depósito, que llenó con su propio sudor, mientras intentaba encontrar el pendiente que su bellísima y traviesa esposa Parvati había dejado caer en tal lugar. Debió de haber sido una cosa muy pequeña, para hacer que Shiva sudara tanto para encontrarlo." |

Foto: Luis Garcia Verdú |
"Esos turistas no ven a la policía del ghat escondida entre la multitud, que sigue los bultos de sus camisetas y vigila los flashes de los barcos que se ven mientras pasan por nuestro lugar de cremaciones más sagrado. Para el firangi resulta excitante y emocionante tomar fotos de nuestros cuerpos hindúes ardiendo. Todos observamos cómo luego regresan los barcos vuelven los barcos y cómo la policía del ghat se lleva a los turistas, con sus caras enrojecidas que gritan. Saben que han actuado mal, porque en todos los hoteles les advierten de que no tomen fotos, pero aunque lo saben, gritan muy fuerte. Todo ello nos hace reír, y nos divierte que nos vean de esa manera."
"Cuatrocientos cuerpos son incinerados cada día y cada noche; dos horas para cada uno hasta que se han convertido en cenizas y se esparcen sobre la Madre Ganga. Los turistas se estremecen cuando los cuerpos son golpeados en las llamas por los incineradores. A veces los pies se caen y tienen que ser levantados otra vez sobre la pira. Los turistas se dan la vuelta y los he visto mareados, mientras los hijos de los difuntos, con los ojos secos y sus cabezas afeitadas, contemplan los cuerpos sin cara quemándose, y hasta con un cierto interés. Yo encenderé las piras de mi madre y de mi padre, y los turistas observarán sus cuerpos deshinchados siendo consumidos por las llamas. Verán saltar las chispas y verán el cielo tornarse rosaceo bajo las espiras de humo en forma de rabo de cerdo. Me costará cuatrocientas rupias comprar la madera noble para quemar sus cuerpos, para que así los perros no puedan encontrar nada cuando remuevan entre las cenizas frías. ¿Ves a esos perros gordos que gorronean entre los ghats de incineración? Eso es porque las familias no pudieron pagar la madera suficiente para quemar a sus muertos hasta las cenizas, así que los perros tienen considerables pedazos para masticar."
"Anoche murió un sadhu (renunciante). Lo arrojarán al río atado de una piedra para que así se hunda su cuerpo. No se permite que el fuego consuma a los sadhus, a los niños, a los leprosos ni a aquellos que han muerto de viruela. Sitala, la diosa de la fiebre, no debe ser incinerada. Así pues, esos cuerpos fermentan bajo nuestro ghat, y nosotros nos lavamos y bebemos el agua en la que se pudren. Papá dice que cada día bebo viruela y lepra, pero que Shiva me protege de esas muertes. Cada sorbo pequeño y chiquito, empuja a mi cuerpo a luchar contra esas enfermedades en todo momento, así que siempre estoy preparado y fuerte."
"Los ghats por las tardes son una enorme olla de dhal, con ruidos y de olores que se cuecen a fuego lento junto a todas las fragancias y ecos de mi vida; las campanas y los tambores, los platillos y las flautas de la puja y el estallido de los petardos que los grupos de niños hacen explotar para ahuyentar a los espíritus malos y asustar a los turistas. Hemos estado aquí toda mi vida, y antes también, pero mamá aún salta cuando hacen estallar los petardos, y hacen que su estómago se remueva bajo su choli como mariposas aleteando sobre una flor."
"Esta mañana me estaba agachando contra una pared para relajar mi espalda mientras hacía mis necesidades. Pasaba por delante un barco de monjes budistas. Sus túnicas eran de color azafrán, lo que significa que no eran del país. Sus cabezas estaban afeitadas del mismo modo que hacemos nosotros en señal de luto. Sus calvas brillaban con el sol. Enfocaron sus cámaras hacia mí y tomaron fotos. ¿Por qué querrían los monjes budistas tomar fotos de un chico hindú defecando en los ghats? ¿Por qué querrían ver nuestros ghats cuando Buda dio su primer sermón a Sarnath, fuera de la ciudad, no en nuestros ghats? A veces los budistas me parecen extraños, con sus brillantes túnicas de color naranja y sin dioses a quién rezar."
"Mi padre solía hacer volar una cometa conmigo, el pequeño cuadrado naranja saltando y buceando alrededor de los dinteles y las ventanas altas. Papá corría y sujetaba la cometa después de que mi pobre pájaro de papel se hubiera estrellado contra el suelo. Ahora, hace tiempo que no corre. Por las tardes mira a hacia de Manikarnika y sus ojos revelan que está más cerca de aquel lugar de lo que está para dirigir la cometa danzarina. Aún así, sonríe y se ríe mientras habla en el agua y cuando puede escupir su betel más allá de la parada de chais."
"Una vez golpeé a un Baba (maestro,anciano) con mi cometa cuando ésta bailaba en la lejanía, más allá de mis manos, como si mi pájaro hubiera sido incinerado por el sol. Salí corriendo tan deprisa que creí que iba a volar. El Baba sonrió a mi padre y le dijo que era mejor que los espíritus superiores se mostrasen que no que fueran sofocados en el alma. Ahora el Baba se sienta a nuestro lado en el ghat. Sonríe y sus ojos son de un suave azul acuoso. Su nombre es Lalbaba. Habla a los firangi en su lengua sobre Calcuta, donde creció en un orfanato, y sobre su vida en la carretera como un sadhu. A veces le dan rupias y barfi, pues se sienten culpables de tener una casa de su propiedad y muchos dólares."
"Lalbaba es uno de los pocos que sonríen a mi tía Biba. Ella no se esconde tras su sari con enaguas cuando se lava. Se queda en el agua medio desnuda, sus pechos como naranjas caen entre la ropa húmeda. Mamá no le habla cuando se pone así, aun siendo la hermana de papá. Ella cree que tía Biba se está volviendo loca porque se baña desnuda y lleva el pelo suelto. Creo que ella es feliz, como Lalbaba. Sonríe cuando mamá le grita para que se cubra y se ate el cabello. Me gusta su pelo suelto. Le cae a lo largo de su espalda, como la cortina desgastada de fuera de la habitación donde duermo. Ha estado gritando cosas extrañas mientras dormía. Oí sus palabras hace algunas noches, aunque no le dije a mamá lo que decía."
"'Veo el alma de mi hermano elevándose por el extremo su cabeza. Samsara lo está llamando y él regresa", gritaba, aunque no dijo nada al respecto al día siguiente."
Tres semanas después volví a encontrar a Ranji.
"Tía Biba tenía razón. Lalbaba está conmigo. Su sonrisa hoy está triste, y está pintando su cara con la tiza blanca y amarilla. ¿Ves como el barbero está afeitando mi cabeza? Me da pena ver como cabello cae por mis pies, pero su mano es muy firme, así que no creo que me corte. Lalbaba tiene una tela blanca sin coser para que yo la lleve cuando encienda la pira de Papá, en el ghat de Manikarnika."

Foto: Luis Garcia Verdú |
"Me dirigí a nuestro lugar en el ghat extraordinariamente pronto, incluso antes de que los primeros pregoneros del alba, aclararan sus gargantas y marcaran las piedras con los círculos manchados de betel. Me senté y observé como limpiaban los racimos de flores empapadas de las escalinatas. Los turistas compran guirnaldas y flores con velas en su camino hacia los ghats y todos las ponemos a flotar sobre el agua para que Ma Ganga tenga siempre flores en su cabello, fresco y brillante como el jazmín en las trenzas de mi hermana. |
Había una flor de vela todavía quemando cuyos pétalos se marchitaban al filo de la llama cansina. Puedes pensar que estoy loco, pero creo que papá estaba en ese osado destello. Intentaré no llorar, porque el día en que papá murió, bajó al ghat conmigo y rió cuando escupió el betel más allá de la parada de chais, y la mujer de las botellas y las jarras aplaudió, dándose un golpe en el estómago vacío con deleite."
Cuando dejé a Ranji el sol había quemado el último resto de la niebla matutina del Ganges. La luz de la mañana se difuminaba en un sucio color anaranjado, debido a la polución de la vibrante ciudad. El río, despedía su uterino olor al tiempo que el calor, se acomodaba sobre ella.
Términos relativos al texto
barfi: dulce típico.
betel: Hojas de betel enrolladas con un preparado, que se mastican a modo de refrescante. Provocan mucha salivación, y la muestra son las partes bajas de las paredes manchadas de rojo que pueden observarse en muchos lugares.
bindi: Marca distintiva de color en la frente.
chai: Té indio con especias, limón o leche.
choli: Blusa sin mangas y muy corta complemente del sari.
dobi ghat: Es el ghat que sirve de lavandería, donde los "dobhis wallahs", los lavanderos, se afanan en su tarea.
dhal: lentejas; junto con el arroz la comida básica en India.
dhotis: taparabos blanco, lienzo blanco cruzado entre las piernas que suelen llevar los hombres.
dowry: La dote. Generalmente la aporta la familia de la novia tras arduas negociaciones con los padres del pretendiente.
feni: bebida alcohólica local.
ghats: Escalinatas o gradas al lado del río.
harijans: los intocables o dalits, sin casta, "los hijos de Dios" como los llamaba Gandhi.
puja: ceremonia, ritual a alguna divinidad.
salwars: pantalones anchos y holgados.
(1) Se alude aquí a que precisamente debido a la insatisfacción por la dote aportada, y en general a la poca consideración que se tiene a la mujer como tal en la sociedad india, cada vez se registran un mayor número de esposas quemadas por sus maridos.