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LA PEQUEÑA LHASA
Relato de: Amy Vanderwarker
McLeod Ganj, en el Norte de la India India, es un curioso lugar en el que confluyen varios mundos. Es el centro del gobierno Tibetano en el exilio, pues actualmente reside en el Himalaya. Al igual que la India tiene su Primer Ministro, la figura más popular en McLeod es el Dalai Lama, el personaje político y espiritual más importante del Tibet en el exilio.
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El Dalai Lama huyó del Tibet a consecuencia de la violenta ocupación de este país por la China en 1950 y estableció su gobierno provisional en la India, en la pequeña población de McLeod Ganj. El contraste del Tibet, la India y toda la gente con la que me encontré allí, me causó una profunda impresión que se mantuvo durante los cuatro meses por los que estuve viajando por Asia. Las tres semanas que pasé como voluntario allí, permanecen muy vivos en mi y recuerdo muy bien los colores y movimientos de los molinos de oraciones en el templo y mis clases con los monjes tibetanos |
Llegamos ya de noche a Dharamsala, que está a unos 5 kilómetros de McLeod. Peleando para conseguir un poco de espacio en un abarrotado jeep y con la experiencia de las damas indias que conocían muy bien como ganarse el poco espacio disponible, llegamos a este mundo aparte de McLeod Ganj. Aquí los signos en Hindú son reemplazados por los mensajes en Tibetano y los saris por las morados ropas de los monjes. Yo mis amigos decíamos a menudo que aquello era La pequeña Lhasa y cuando entrábamos en Dharamsala, decíamos que regresábamos a la India. Ahora, con el tiempo, pienso a que nos referíamos cuando decíamos que "regresábamos a la India". Seguramente a la India del National Geographic, las imágenes del Taj Mahal y el Ganges. India es uno de los países con más diversidad del mundo, miles de detalles multiculturales, desde el tipo de arquitectura que se contempla cuando se viaja, su gran diversidad lingüística etc. pero, quizás hoy en día, McLeod sea uno de los sitios más originales de la India.
Pronto descubrimos que el dar clases era la opción más viable en la labor de voluntariado, pues todo el mundo en McLeod está interesado en aprende el inglés. Al mismo tiempo, enseguida te das cuenta de lo amistosa y simpática que es la gente allí. A diferencia de otros lugares que dudan antes de acoger gente para el trabajar como voluntarios por cortos periodos de tiempo, aquí te aceptan de una manera natural y sin ningún tipo de reservas. Todos los que tratamos de ayudar, mostraron una generosidad que a veces podía ser abrumadora. En ocasiones me encontraba tomando un almuerzo por segunda vez, ya que rostros ávidos me animaban a comer más o a tomar otra taza de te con mantequilla.
Durante tres semanas, yo y mis dos compañeros, dimos clases de inglés a un grupo de monjes y personal del monasterio en donde pasábamos nuestras tardes. Esta labor, requería una gran paciencia e ingenuidad, cosas de las que yo no siempre disponía, al pretender enseñar una lengua a gente apenas conocía nada de inglés y al no poseer yo, ningún conocimiento de tibetano. Ello suponía todo un gran reto. Después de una semana y media de sinceros y honestos intentos de crear un programa de trabajo y de asignar deberes, la clase se deterioró, convirtiéndose en diversión y juego en inglés. Deterioro o progresión, todo depende del punto de vista con que se valore. Los asistentes oscilaban entre 8 y 10 por cada sesión, pero todas las noches nos tenían que llamar la atención a fin de que cesaran las risas que llenaban el silencio de la noche.
En nuestra clase, tuvimos una especie de despedida de fin de curso. Una noche antes de que dejáramos Mcleodganj, llenamos la clase de monjes tímidos, cocineros y cuidadores, en un local al aire libre con micrófono. Después de cantar varias canciones y leer poemas acerca de cuestiones importantes, hicimos una emotiva, o mejor sonora, interpretación del tema de Bob Marley "Los tres cerditos". Esta noche hicimos girar los molinillos de oraciones que envían desde el templo, oraciones al universo. El hecho de que me incluyeran con toda naturalidad en su ritual diario, es un recuerdo conmovedor, tanto como las expresivas sonrisas de después de cantar, o los brazos que se extendían para tocarnos cuando salíamos del monasterio.
La idea de una India multicultural no es nada nuevo. Durante siglos, este país ha tenido que enfrentarse a frecuentes divisiones étnicas, desde Hindúes a Musulmanes y desde Sikhs a Jainistas. Al ser aceptado el gobierno Tibetano, y siguiendo con la tradición, una nueva cultura queda incluida en el amplio mosaico de la India. La ayuda que recibe la comunidad Tibetana no es de todas maneras perfecta, y los Tibetanos que hacer frente todavía con todos los problemas de los refugiados, suscitándose tensiones entre las comunidades india y tibetana. Pero la asimilación y la aceptación de ambas culturas sigue su curso. Cuanto más haces el trayecto que por la bacheada carretera deja McLeod, más te das cuenta de las calles abarrotadas de gente, de las tiendas repletas de un sinfín de tazas de té y paquetes de especias desconocidas que hay en Dharamsala Entonces, el concepto de la Pequeña Lhasa se desvanece.
Recientemente, Mcleodganj se ha convertido en un destino mucho más popular de lo que era en el pasado, quizás debido en parte al pequeño recuadro que aparece en el mapa de la famosa guía de viajes Lonely Planet, catalogándolo como lugar de interés turístico. A pesar de la presencia de estos turistas no obstante, la gente que conocí allí se mantuvo acogedora y me hizo sentir algo más que un voluntario. La acción de hacer girar los molinos de oraciones permanece todavía muy viva en mi memoria, y quizás dentro de un siglo, el hacer girar estos molinillos, llegue a ser tan popular en la India como los ghats crematorios del Ganges.
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