NACIMIENTO:
Hasta hace poco, las mujeres tibetanas pertenecían a un nivel inferior. Por ejemplo, con el trato que recibían durante el parto. Actualmente, en aldeas aisladas, las mujeres todavía dan a luz fuera de la tienda familiar, a pesar de las ráfagas de viento que pueda haber, o de la nieve. El parto es considerado un acto impuro; en las regiones menos retrasadas, a veces el parto tiene lugar en los establos.
Sin embargo, hoy en día cada vez hay más mujeres que dan a luz en clínicas (si las hay), o en sus casas ayudadas por una comadrona.
Unos días después del nacimiento, los amigos y la familia presentan su enhorabuena. A esta visita se le llama bangse, palabra que significa “conjuro de la mala suerte”. Generalmente, en las ciudades, al recién nacido se le ofrece cerveza de cebada, té de mantequilla y ropa. Al entrar en la casa, los invitados entregan a la madre y al niño un khata, o pañuelo de seda delicadamente elaborado; posteriormente ofrecen la cerveza y el té a la madre y se pronuncian algunas palabras de bendición en honor al recién nacido.
Un mes después del nacimiento del niño, hay que elegir un día propicio para el ritual de la primera salida al exterior. La madre se dirige a un templo a rezar a Buda, para pedir que le sea concedida una larga vida a su hijo; seguidamente debe visitar a los familiares y amigos de las tres generaciones que viven bajo su mismo techo; este acto simboliza un deseo de buena suerte para el futuro del niño. Cuando un niño sale por primera vez de casa, se le pone en la punta de la nariz un poco de hollín recogido de una sartén, para ocultarle de la mirada del diablo. Cuando llega el momento de elegir un nombre, se lleva al niño a un venerable anciano, al que se le ofrece un khata y otros presentes; éste le asignará su nombre. Generalmente, los nombres escogidos provienen del vocabulario búdico: Trashi, “Buena Fortuna”; Tserin, “Larga Vida”. Si el niño ha nacido un jueves, se le puede llamar Phubu y Nyima/Myima si nace un martes. Algunos padres quieren dar nombres que evoquen sus propios sentimientos como Gorkkyai, “Nacido para responder a mi deseo”. Una mujer que haya perdido a varios de sus hijos podría ponerle al recién nacido el nombre de Kyag, “Caca de perro”, con la esperanza de que el diablo, asqueado por ese nombre, no piense en arrebatárselo.
LOS RITOS FUNERARIOS:
Los ritos funerarios tibetanos son interesantes y muy variados. Practican tanto los funerales celestes o sepultura de aire, como la sepultura en el agua, la incineración, la inhumación en la tierra o el embalsamiento en un estupa, según el nivel social y financiero del muerto y de su familia. Los funerales celestes son práctica común en la mayoría de la población. Envuelto en una sábana blanca, el cuerpo del muerto se deposita en un rincón de la habitación, donde permanecerá entre tres y cinco días, durante los cuales los monjes vendrán a salmodiar los textos sagrados, para separar el alma del cuerpo. Los familiares y amigos llevan una botella de cerveza, un khata, mantequilla, bastoncillos de incienso y a veces un paquete que contiene dinero, con una etiqueta donde pone “pésame”. El khata está destinado al muerto, pero el dinero y los demás presentes son para la familia, cuyos miembros no deben ni peinarse, ni lavarse la cara, ni reír, ni hablar en voz alta para que el alma del muerto pueda elevarse en paz. La familia también debe esconder los objetos decorativos de la casa. Los vecinos expresan su dolor, evitando cualquier actividad frívola, como cantar o bailar.
Seguidamente, se elige un día adecuado para los funerales que, generalmente empiezan al amanecer. Más tarde, se envuelve el cadáver en una manta blanca, la phula, y el heredero de la familia lleva al muerto hasta el rellano de la casa, donde el encargado de los funerales celestes le está esperando; éste se lo cargará a la espalda y se lo llevará.
Todos los miembros de la familia asisten a los funerales, pero tan sólo uno o dos amigos hacen acto de presencia en los funerales celestes, como representantes de la familia. Tras haber depositado al muerto sobre una roca, se enciende un fuego de ramas de pino y ciprés, que luego se riega con tsampa. El denso humo del fuego atraerá a los buitres que siempre rondan cerca. Entonces, el ejecutor disecciona el cadáver tumbado boca abajo y corta la carne en trocitos que irá apilando a su lado. Después, tritura los huesos mezclándolos con la tsampa y elabora una bola de esta pasta, que ofrece a los buitres. Los restos de huesos se reducen a cenizas y se dispersan un poco más lejos. El cadáver debe desaparecer totalmente para permitir la liberación del alma. Después de la ceremonia, los representantes de la familia ofrecen al ejecutor, como pago por la ceremonia, un poco de comida y cerveza anteriormente preparadas.
Se practica la sepultura en el agua para mendigos, viudas, viudos y pobres. Se lleva el cadáver hasta el río y, después de haberlo desmembrado, se arroja al agua. Cuando muere algún recién nacido, se suele guardar el cadáver en una vasija de porcelana. Estas vasijas, a veces, son conservadas durante un tiempo por los familiares.
La inhumación en tierra para los muertos por enfermedades muy contagiosas como la lepra o la viruela, así como para ladrones, asesinos y demás criminales.
La incineración es utilizada por los monjes eruditos llamados Geshe y para otras personas importantes de alto nivel social. Se incineran los cuerpos y tanto las cenizas como los huesos se esparcen al viento o se arrojan al río.
La manera más honorífica de tratar a los muertos consiste en construir un monumento funerario, llamado estupa o chorten, para conservar sus restos. Los Dalai lamas y los panchen lamas tienen estupas cubiertas de oro o plata.
Los rituales funerarios en el Tíbet son parte integrante de la historia religiosa y de las leyendas de este país. Cuando el budismo fue consagrado religión dominante en el Tíbet, aparecieron ciertos ritos, como el de la incineración de algunos grandes lamas, para que, según los textos sagrados, pudiera liberarse mejor su alma.
Para los tibetanos, los buitres son aves sagradas que desempeñan un importante papel en los funerales. La sepultura en el agua, es decir, donar el cadáver a los peces, corresponde simbólica y espiritualmente, a una ofrenda a Buda.
LAS BODAS:
Antiguamente en el Tíbet, las bodas eran casi todas acordadas. Los jóvenes (esencialmente las mujeres) no podían decir ni una palabra en cuanto a la elección del compañero o compañera, a quién, en la mayoría de los casos, conocían el día de las nupcias. La sociedad se dividía en ocho clases, todas obligadas a que sus miembros se casaran con alguno de su misma posición.
La superstición también jugaba su papel. Antes de que la familia de un joven formulara una petición de boda, había que ofrecer un khata a los padres de la novia y pedirles igualmente “los ocho caracteres” y el shengxiao. Los “ocho caracteres” indicaban el mes, el día y la hora del nacimiento de una persona ; el shengxiao era uno de los doce animales que simbolizan el año del nacimiento. Se llevaban todos estos documentos astrales a un lama reconocido o a un astrólogo para saber si los horóscopos de los jóvenes eran compatibles. Si el resultado era positivo, los novios se casaban; de lo contrario, los padres tenían derecho a retractarse tanto los de un lado como los del otro.
Los siervos no podían casarse sin el consentimiento de su amo.
Las bodas también estaban prohibidas entre miembros de una misma familia. La prohibición era absoluta para la parte paterna de la familia; la parte materna tenía derecho a boda entre miembros de la familia, siempre que hubieran transcurrido cuatro generaciones.
Actualmente, las bodas por amor son cada vez más numerosas, pero siguen realizándose antiguos rituales y ceremonias en torno a la petición de mano y a la boda. Antes de realizar oficialmente la petición, se debe consultar a un astrólogo y ofrecer un khata a la familia de la joven. Si las dos partes están de acuerdo, se elige un día favorable y se establece el contrato de matrimonio.
Una vez finalizadas las formalidades, las dos familias se disponen a participar en las ceremonias de petición de mano. La familia del novio ofrece un khata a cada miembro de la familia de la novia y entrega a los padres “el dinero de ayuda alimenticia” y un pangden o delantal. El ritual del delantal significa que la joven debió utilizar numerosos delantales de su madre y que este nuevo es un símbolo de recompensa. Después de haber ingerido el té y la cerveza de cebada rituales, un testigo de cualquiera de las dos partes lee en voz alta el contrato de matrimonio, depositando dos ejemplares en una bandeja, mientras que otro testigo compara minuciosamente ambas copias para asegurarse de su fiabilidad. Los testigos cierran el contrato con el sello de cada una de las dos familias mientras que el representante de cada parte ofrece un ejemplar al padre de la parte opuesta.
La noche anterior a la ceremonia, el novio envía a la novia un vestido suntuoso, un tocado llamado padru, pulseras y demás complementos para su traje. El día de la boda, el novio manda a casa de su novia un enviado a caballo, escoltado por todo el séquito. El mensajero porta unas flechas de colores decoradas con espejos, jade y perlas. La futura esposa se sube a una yegua encinta, cuyo color debe combinar con el del shengxiao, y se deja escoltar por el séquito.
Antes de la llegada del cortejo, la novia debe realizar una ofrenda ritual con cereales mediante un chyma (una cuchara para servir cereales), beber cerveza de cebada y cumplir con la ceremonia de la despedida. Cuando el representante del novio entra en casa de la novia, debe atar las flechas de colores a la espalda de ésta, indicando así que desde ese momento pertenece a la otra familia, y adorna su cabeza con el tocado de jade para demostrar que el alma del novio le es entregada. En el momento de la despedida, un miembro de su familia, con una flecha se sube al tejado de la casa para gritar: “¡ No te lleves la buena fortuna de nuestra familia!”, y no dejará de repetirlo hasta que la novia haya desaparecido a lo lejos.
Si se encuentran con un porteador de agua o de madera, es que tendrán buena suerte. Sin embargo, si se encuentran con alguien que lleve a un enfermo, un saco vacío o bien con alguien que vaya tirando basura, éstos serán símbolos maléficos.
Mientras dura todo el recorrido hasta la casa del novio, los miembros del cortejo cantan zhaychen, “grandes cantos”, salvo la novia que, según la tradición, debe llorar.
Los miembros de la familia esperan a la llegada de la novia en la puerta con la cerveza y el chyma.
Los rituales sociales tibetanos son numerosos, variados y profundamente unidos a la religión. Se ofrece el khata en numerosas ocasiones, como por ejemplo cuando se visita a un anciano o cuando se va a rezar ante las imágenes de Buda, o incluso al despedir a una persona honorable antes de emprender un viaje. El khata es una franja de tela, generalmente de seda salvaje, tejida casi tan delicadamente como una tela de araña. Su longitud varía entre noventa centímetros y seis metros, y a veces más. El khata es un símbolo de pureza y sinceridad. Desde siempre, los tibetanos consideran el color blanco como símbolo de pureza y suerte, así que casi todos los khatas son blancos. Pero también existen en colores fuertes, azules, amarillos, verdes o rojos, y se ofrecen a los que han hecho votos de budismo; también se atan los khata a las flechas destinadas a la novia, para darles color. Los khata de colores son, por su valor simbólico, los más importantes. El khata de color representa el vestido de Bodhisattva y solamente puede ser utilizado en ocasiones muy especiales.
El koutou, palabra china que significa literalmente “dar en la cabeza” (contra el suelo), constituye otro elemento social en el Tíbet. Se practica, para homenajear a las imágenes de Buda y a veces para visitar a un anciano. Existen tres clases: koutou largo, koutou corto y koutou sonoro. Durante las ceremonias religiosas, que tienen lugar en el templo de Tsulhakhangen el palacio Potala, y en otros lugares de culto, el visitante puede ver cómo hace koutou la muchedumbre: los tibetanos levantan sus manos por encima de la cabeza, las bajan tres veces a la altura del pecho y se prosternan en el suelo. Es el koutou largo.
Para el koutou corto, hay que arrodillarse y tocar el suelo con la cabeza y los brazos. Según las crónicas tibetanas, se trataba antiguamente de un gesto de cortesía, solamente practicado con los Tsenpos, pero más tarde también se llegó a utilizar con los monjes budistas.
El koutou sonoro se realiza únicamente en los monasterios, donde los fieles arrodillados, sin distinción de edad o sexo, juntan las palmas a la altura del pecho, en una actitud de rezo, ante la estatua de Buda y se inclinan tres veces antes de dar con la frente en el suelo. Después, se deslizan en esa posición hasta los pies de la estatua y rozan a Buda con la cabeza, en señal de arrepentimiento.
Actualmente, para saludarse, la gente se inclina a veces juntando las palmas de la mano como señal de respeto. Cuando se trata de personalidades, deben levantarse las manos unidas por encima de la cabeza e inclinar el tronco y la cabeza. Este saludo debe realizarlo también la otra persona, en señal de respuesta.
En el Tíbet, habitualmente, se bebe té como en muchos otros países, pero con la diferencia de que la bebida nacional tibetana es el té concentrado en bloques y batido con mantequilla. El invitado debe esperar a que el ama de casa o sus hijos le sirvan ese té con mantequilla, si prefiere no parecer grosero.
Algunos rituales descritos se practican frecuentemente o varias veces al día, mientras que otros se reservan para ocasiones especiales. Todos, sin embargo, reflejan el modo de vida típico tibetano.
MUJERES, MATRIMONIO Y FAMILIA
En otros tiempos, se consideraba a las mujeres tibetanas, algo así como una encarnación del demonio y se les hacia responsables de las desgracias y desastres acaecidos. Algunos pensaban que las semillas plantadas por una mujer no crecerían. Para todos, las mujeres sembraban desgracias y eran presagio de mal augurio. Apenas se las trataba como seres humanos.
Las tibetanas sufrían cuatro tipos de opresión: el Estado, el clan, la religión y el marido. No tenían ningún derecho social y, en su entorno familiar, pasaban a un segundo plano. El antiguo código penal tibetano promulgaba artículos tales como este”: Prohíbeles a las mujeres el derecho a hablar de asuntos del estado", "Hay que alejar a las mujeres de los asuntos militares y políticos.", “No tengas en cuenta lo que dicen las mujeres." … etc
El peso de la tradición social caía sobre las mujeres con miles de prohibiciones, instituidas durante muchos años y por lo tanto fijadas en las costumbres. Las mujeres no tenían derecho, por ejemplo, a hablar en voz alta, a reírse o a divertirse cuando trabajaban en el campo; se les prohibía matar a un animal, entrar en la sala de los textos sagrados o bien, salir sin pañuelo, con la cabeza descubierta.
Durante mucho tiempo se ha creído en el Tibet que el hombre era, de forma innata, superior a la mujer. Así, la humillante expresión
Kyemei, que significa”: personas indignas y despreciables", era aplicada a las mujeres. Para el nacimiento de un varón, las ceremonias empezaban tres días después del acontecimiento. Sin embargo, si se trataba de una niña, se esperaba hasta el quinto día para celebrarlo, ya que se pensaba que una hembra arrastraría con ella la mala suerte, con lo cual era más prudente no empezar con las celebraciones demasiado pronto.
La educación y la manera de criar a los niños eran distintos según se tratara de varón o mujer. Para las chicas se consideraba que la educación era inútil, así que en general, las mujeres eran analfabetas. Tampoco las hijas de una familia aristócrata gozaban de un trato especial. A los quince años, aprendían a ordeñar a las vacas, a fabricar cerveza de cebada y a servir a los hombres. "Los hombres siempre pueden hacer lo que quieran con ellas, con la única condición de no volverse locos; las mujeres deben obedecer, como herramientas dotadas con la palabra."
Cuando una mujer se casaba, pasaba a ser una sirvienta más dentro de la casa de su marido. No tenía derecho a herencia, ni podía dar su opinión en cuanto a la gestión de los bienes familiares. Para la gente corriente, los padres eran los que arreglaban los temas de la boda, convirtiendo en asunto en un acto puramente comercial. Cuando una joven no estaba de acuerdo con la elección de sus padres, podía ocurrir que el futuro marido la raptara.
Todavía se encuentra en el Tibet algunos restos de poligamia y poliandria primitivos. La mayoria de las familias son hoy en día monógamas, pero las familias polígamas y poliandrias no son tan raras. Tampoco lo son las mujeres con esposos temporales. Según recientes estudios, el 5% de las familias son polígamas en algunas regiones, y poliandrias en un 24% por ciento. Las familias poliandrias se componen de dos o tres hermanos que comparten la misma esposa. Este sistema era habitual en las familias pobres, por ser una manera de librarse de un trabajo que les había impuesto su amo, llamado wula. La mujer que lograra crear y mantener unas relaciones amistosas entre sus maridos, seria colmada de alabanzas y respetadas por todos.
La poligamia es, ante todo, patrimonio de la nobleza y de algunos funcionarios importantes, como esos ricos, que en otras sociedades, mantenían a varias concubinas y a su esposa a la vez. Sin un vástago varón, la propiedad se queda sin heredero y cuando una familia no tiene ninguno para transmitirle sus riquezas y nivel social, los bienes se dispersan. Algunas veces, en familias pobres, podía ocurrir que varias hermanas tuvieran el mismo marido.
En zonas rurales, muchas mujeres no estaban casadas pero se las veía a menudo con dos o tres hijos naturales que mantenían por sus propios medios. Esta es otro detalle de la inferioridad femenina. El predominio del lamaísmo es parcialmente el responsable de estas consecuencias. Antiguamente, entre la población masculina, muchos hombres se hacían lamas o monjes y se consagraban al celibato. El conjunto de estos factores ha contribuido al aumento del número de madres solteras.
Los recientes cambios dentro de la sociedad tibetana, han derivado en la casi total abolición de estas opresoras prácticas familiares y sociales para las mujeres, que encuentran cada vez más empleos, tanto en actividades liberales como gubernamentales o deportistas. Desde hace más de veinte años, las niñas tienen el mismo derecho que los niños a ir al colegio.
Todos los denpas, incluidas las mujeres son grandes fumadores y raramente se les verá sin su pipa en la boca.