n un país donde el aborto está permitido, las presiones sociales, culturales y económicas empujan a millones de madres a terminar la vida de sus fetos, solo por el simple hecho de descubrir que son niñas. Para evitarlo, la ley prohíbe la determinación prenatal del sexo con la ayuda de los aparatos de ultrasonido.
El gobierno de la India promulgó dicha ley en 1996. Sin embargo, tal como dice la doctora Sharda Jain, miembro del Consejo de Médicos de la India –el organismo que trata de suspender la práctica médica de los doctores que promueven el feticidio femenino–, la efectividad de la ley es insignificante, a juzgar por las cifras que demuestran la cantidad de mujeres “desaparecidas” en la sociedad de la India.
Al igual que en China, Bangladesh y Pakistán, en la India el infanticidio femenino se ha convertido en una práctica predominante y aceptada socialmente.
Aquí, cada año son abortadas, por deseo de sus progenitores, cerca de dos millones de niñas, lo que se refleja en la desproporción entre hombres y mujeres en el conjunto de la población. La proporción de niñas entre los menores de 6 años ha bajado de 945 por 1000 varones en 1991 a 927 en el censo de 2001.
Sin embargo, hay fuerzas activas que se han propuesto cambiar estas tristes tendencias.
“No quiero ser pesimista, pero no creo que la situación vaya a cambiar en los próximos diez años. Nos va a tomar una generación –quizás dos– antes de poder conseguir que las cosas mejoren”, dice Mira Shiva, que se ha dedicado a organizar campañas para sensibilizar a la sociedad.
Su ONG se llama Asociación India del Voluntariado para la Salud y tiene su sede en Delhi. Su principal esfuerzo está enfocado a crear conciencia entre los doctores y gente educada del país para evitar la propagación del feticidio femenino.
La causa principal del feticidio femenino no es un secreto ni un tabú: la dote. El sistema matrimonial de la India ha sido, por siglos, la causa principal de la discriminación contra la mujer (ver recuadro).
La gran mayoría de la sociedad india considera, por un lado, como una desgracia familiar que una hija no consiga casarse. Por otro lado, la familia de la novia no solo paga los gastos del evento (que regularmente dura más de 5 días, con banquetes y ceremonias sociales y religiosas), sino que también está obligada a entregar una fuerte cantidad monetaria y en especie a la familia del novio, que “recibe” a la novia como una nueva hija.
De ahí que una niña sea generalmente vista desde que nace como una carga, un pasivo a largo plazo que tendrá que ser desembolsado con fuertes “intereses” en el momento de su boda. Eso explica también que las niñas no reciban la atención médica necesaria o suficiente, por lo que su tasa de mortalidad infantil es también más elevada que entre los niños.
Este monumental problema no tiene una salida sencilla. Sin embargo, se empiezan a vislumbrar horizontes de esperanza. La inmensa mayoría de las mujeres no tienen acceso a una educación formal, pues lo que se espera de ellas es que sepan atender la casa y cuidar de sus hermanos menores. Por eso la tasa de alfabetización entre las mujeres de más de 7 años es un 54,1% frente a un 75,8 % de los hombres, según el censo de 2001.
Sin embargo, las que logran progresar en la escuela obtienen, en general, mejores resultados que los hombres. Las estadísticas oficiales del año 2000 muestran que más del 75 por ciento de las mujeres que terminaron su bachillerato aprobaron todos sus exámenes, comparado con el 64% de los varones. Aquellas mujeres que logran alcanzar la educación superior se van abriendo paso con su prestigio profesional, en una sociedad dominada por hombres. Para muchas, esa situación es ya un reto, un primer obstáculo que buscan superar con entusiasmo y fortaleza.
Mujeres indias lanzan una campaña contra la dote
En un libro publicado el pasado julio se revelan las cifras de un considerable aumento de casos de dote en los matrimonios en la India. Una investigación, que involucró a más de 10.000 encuestados, fue llevada a cabo por la Asociación Democrática de Mujeres de la India (AIDWA, por sus siglas en inglés) y sus resultados indican que la práctica de pedir dote se ha extendido entre comunidades y regiones de la India en donde no existía tal costumbre hace cuatro décadas. “Es triste ver cómo esta costumbre de la dote se ha extendido, incluso entre las castas más altas del hinduismo. Pero es alarmante observar que la dote ha echado raíces también en otras comunidades minoritarias, como los musulmanes, sikhs e incluso entre cristianos”, explica el libro titulado Expanding Dimensions of Dowry.
“Cerca del 35 por ciento de las mujeres encuestadas justifican la práctica de la dote, como forma de recibir parte de la herencia paterna”, explicó Vrinda Karat, Secretaria General de la AIDWA. Sin embargo, en el libro se niega categóricamente que la dote sea un substitutivo de los derechos equitativos de herencia. También el libro afirma que hace falta promover los matrimonios entre personas de diferentes castas.
No siempre las negociaciones de la dote terminan con la boda, sino que se espera que la familia de la novia siga haciendo regalos. Muchas veces su nueva familia recibe a la esposa con desprecio si no ha traído consigo suficiente dote. Y hay casos en que el conflicto por la dote termina en muerte. Las estadísticas del National Crime Records Bureau indican que en 1998 hubo 6.917 muertes relacionadas con disputas por la dote, cifra que según todas las fuentes está muy subestimada.
El hecho de que aún existan esporádicos casos de mujeres quemadas es alarmante. Muchas de estas esposas no pueden soportar la presión ejercida por sus maridos o sus suegros que demandan más dote, incluso después del matrimonio y deciden suicidarse, quemándose vivas. En otros casos, es la familia del esposo la que comete el crimen, disfrazándolo de quemaduras producidas en accidentes domésticos o de suicidio.
Las activistas contra la dote afirman que hace falta una campaña más fuerte para llevar a la práctica la ley que prohíbe la dote. Y precisamente el libro ahora publicado es parte de esa campaña para crear una conciencia social, de modo que las mujeres se sientan apoyadas y luchen juntas en contra de esta lacra. R.B.