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| | | | POBREZA | CONSUMIDOS POR LA MISERIA |
Sheela Raval (19 de Mayo 2001)
La miseria humana resulta siempre un tema adecuado para realizar un buen reportaje. En este caso, Sheela Raval, del rotativo India Today, nos descubre el distrito de Nandurbar, en Maharastra, golpeado por esta plaga. La descripción, de poco sirve si no mueve la sensibilidad del lector y lo anima a trabajar para conseguir un cambio.
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Cuando una fuente fidedigna me hizo llegar la noticia de la creciente oleada de muertes en el distrito de Nandurbar, debidas a la malnutrición o a complicaciones relacionadas, me entristecí profundamente, pero movieron a su vez, a la periodista que hay dentro de mi. ¿De cuántas muertes se trata?, pregunté presa de excitación. La respuesta: "mas de 500". ¿Hay constancia de ellas?, pues tenía mis dudas. "Compruébalo por ti misma" me indicó la fuente. Las autoridades te facilitarán más detalles.
Aunque parezca perverso, la miseria humana es siempre buena para proporcionarte un relato que pueda interesar a tus lectores. Me informaron de que tendría que soportar temperaturas superiores a los 47 grados y que tendría que andar varios kilómetros por los polvorientos caminos que llevan a los remotos pueblos de Maharasthra, donde la muerte esta devorando muchas vidas.
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Pero a pesar de ello, era una tarea que representaba un desafío para mi, pero que a la vez reconfortante, al tratar de hacer públicas las súplicas de los pobres entre los más pobres, con la esperanza de provocar algún cambio que repercutiera en la mejora su situación.
Una vez en Sahada el guía me preguntó a mi y al fotógrafo que me acompañaba adonde queríamos que nos llevara, mi respuesta fue muy simple: enséñanos lo peor. Mas de 72 aldeas afectadas en este distrito, todavía no son accesibles por carretera, y en muchas zonas, "civilización" es aún un vocablo desconocido. Mi primera experiencia fue en Ghatli. Cuando nuestro vehículo llegó al último pueblo al que pudimos llegar con el coche, nos recibieron una cuarentena de locales medio desnudos. Ellos nos condujeron a una choza con suelo de hierba y paredes de bambú. Era la "casa" de Magti Kotya. Lo que allí contemplé, me hizo estremecer.
El lugar estaba tan desnudo como lo estaba la gente del pueblo. Dos contenedores de aluminio vacíos, un charpoi (camastro) y tres criaturas con brazos largos, delgados y barrigas hinchadas, con sus miradas extraviadas en nuestros rostros. Hay muy pocas posibilidades de que ninguno de ellos pueda sobrevivir. Pregunté a Magti si había pedido ayuda y entonces se derrumbó: los perros vagabundos de las calles de Mumbai (Bombay) deben de estar en mejores condiciones que mi familia. Esta fue su lacónica respuesta.
Me informaron de que en Ghatli, habían fallecido siete niños en la última semana, todos ellos a causa de la falta de alimentos o a complicaciones derivadas. Veinte más estaban aún esperando alguna ayuda médica. El centro de salud estaba cerrado, y cuando abría, no ofrecía ningún aspecto que mereciera confianza. Había allí montones de medicamentos ya caducados. Recogí uno de ellos para mandárselo como "souvenir" de Ghatli al primer ministro.
Cuando bajo el sol abrasador estaba visitando el cuarto pueblo, estaba ya cansada y asqueada. En contraste con la falta de comida que había por todas partes, la corrupción estaba a la orden del día. Ni los cereales ni los medicamentos esenciales, llegan nunca a estos lugares. Es una completa vergüenza que después de 52 años de independencia, los indios tengan que vivir en una miseria semejante. Pero cuando llega el tiempo de las elecciones, les visitan los políticos, a pesar de que tienen que cubrir a pie considerables distancias para llegar. Pero nadie de los que van, se preocupan en proporcionarles elementos necesarios tan básicos como pueden ser alimentos, cobijo o agua. La educación y el adquirir conocimientos, son asuntos sin la menor importancia para ellos.
El fotógrafo que iba conmigo se empeñaba en culpar a la población, insistiendo en que no había ningún control sobre la natalidad, dadas las circunstancias presentes. Pero yo no estaba tan segura de ello. En realidad ¿quién era más culpable?, ¿la burocracia, solamente preocupada en ocultar su corrupción e ineficacia?, ¿las organizaciones no gubernamentales, que tenían unas agendas muy concretas de actuaciones? o las poblaciones tribales, que aún viven con la creencia de que más manos significan más seguridad. En resumen, yo estaba más bien convencida de que la responsabilidad había que compartirla colectivamente.
La gente de las aldeas puede que sea atrasada y fatalista, pero sólo pueden mejorar si se les proporciona ayuda. Incluso con la escasez actual tan apremiante , en las casas, nos ofrecían agua, un agua que habían tenido que traer las mujeres cubriendo a veces largas distancias. Otras veces nos obsequiaron "kairi" (mango) sarbat. Al principio, aceptaba la bebida de mala gana, pero luego comprendí que no la podía despreciar ni defraudarlos. Hace una semana que regresé, pero su hambre y pobreza total, me siguen obsesionando. Cada vez que como, me siento culpable de algo. Pero esto no les va a servir de ninguna ayuda a ellos, me digo a mi misma. Nandurbar necesitaba desesperadamente una ayuda y cada uno de nosotros tenía que actuar como agente para la consecución de este cambio.
Fuente:
India Today
http://www.indiatoday.com/webexclusive/dispatch/20010519/sheela.html
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