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EXPERIENCIA DE FORTALECIMIENTO DE MUJERES TRIBALES

En Mentalammagaruvu, distrito de Guntur, Andhra Pradesh.

ONG: MRWS - España


entalammagaruvu es un villorrio de Chintalapoodi, un pueblo a 4 km. de Ponnur en el distrito de Guntur. Mentalammagaruvu se encuentra sólo a un kilómetro y medio de Chintalapoodi, donde la población tribal llamada Yanady, allí asentada levantó sus propias pequeñas chozas en los campos de los terratenientes de Chintalapoodi. Los Yanadi, se conocen por ser una casta que se cuida de los arrozales de los agricultores, coloca trampas para las ratas y pesca en los canales de irrigación arrendados, con sistemas como el "maluvu" o el "gerlu". Hasta hace poco, eran considerados una tribu de delincuentes juntamente con los Yerukala, en el sentido de que cuando ocurría algún robo o atropello, era enseguida atribuido a estas tribus, y eso les había otorgado la fama de ser delincuentes.

Sus condiciones socio-económicas eran tales, que no poseían casas de propiedad en las que poder vivir, y sólo se les pagaba una vez al año en forma de arroz por toda remuneración, por vigilar y cuidar los arrozales. Algunos de ellos cazaban conejos con sus trampas y redes, mientras sus mujeres trabajaban en los campos de los granjeros. Algunas de ellas, pertenecientes a estas familias tribales, trabajan en las casas de los ricos granjeros y en algunos hoteles locales, lavando platos o efectuando alguna labor doméstica.

Pertenecen a la clase de gente que no confían fácilmente en desconocidos, y por tanto, cuando llegamos al su poblado por primera vez en 1994 con la intención de organizar a sus mujeres, tanto nosotros como nuestra organización, la MRWS, suscitamos en ellos vivas sospechas. Nos llevó casi un año convencer a las mujeres de este lugar a organizarse en forma de un "mahila mandali" (grupo organizado de mujeres). Después de dicho logro, iniciamos una campaña de ahorros mensuales de 20 Rupias por mes, para posteriormente aumentar esta cifra a 30 Rupias, e incluso en los meses en los que abundaba el trabajo, podían llegar a 50. No disponen de buena carretera para llegar a sus hogares, tan solo un sendero que atraviesa los arrozales. 3 años después de que comenzara nuestra presencia allí, se abrió una escuela para los niños de educación elemental.

No disponían de electricidad y daban la dirección de algún conocido en el pueblo, para hacer llegar su correo postal. Incluso entre ellos, no había ni una sola persona que supiera leer y escribir. Tan solo una mujer, que se había sido entregada en matrimonio en otro pueblo. Pudimos empezar a trabajar con ella, para que pudiera llegar a transcribir lo discutido en las asambleas y llevar las cuentas de la organización.

Una vez las mujeres empezaron a ahorrar, pudimos introducir la concesión de préstamos, juntamente con nuestra dotación complementaria de créditos. Con el tiempo, del grupo principal de Mahila Mandali, nacieron otros más pequeños, los autodenominados SGH, Self Help Groups o grupos de autoayuda. Su comprensión de lo que podía suponer el mecanismo del ahorro, concesión interna de micro-créditos y la ventaja de las ayudas externas en forma de préstamos, fue rápido y bien recibido por ellos, a pesar de los obstáculos que levantaban las fuerzas hostiles del exterior. Los maridos no veían con buenos ojos que sus mujeres saliesen de casa y actuaran públicamente, y como consecuencia de tal exhibición, posteriormente eran victimas de represalias. Había un elevado numero de hombres que solían beber mucho, y que luego apaleaban a sus mujeres, y no toleraban que asistieran a clases y llegaran a cuestionarlos, tanto a ellos como a su autoridad.

Ellos son una clase de gente muy serviles a otros, y nunca se cuestionan acerca de ellos o de su autoridad. Pero los mismos hombres, muy sumisos con la gente de afuera, cuando se encontraban en sus casas, arremetían contra su mujer o sus hijos, y exigían la mejor y mayor ración de comida para ellos. Los hombres acostumbraban a abandonar a sus mujeres y tomar a otra como esposa. No solía haber mucha presión social en no continuar con la esposa legítima y era muy fácil llegar a disolver los lazos de un matrimonio por medio de la asamblea de ancianos de la tribu. Podían abandonar a sus esposas por medio de una compensación nominal.

Pudimos comprobar que la raíz de todos estos problemas residía en la ignorancia, falta de educación y en la completa pobreza. Se llegó a tener la batalla medio ganada una vez que los hombres aceptaron acompañar a sus mujeres en las reuniones habituales. Ellos sabían que iban a perder su posición dominante y los placenteros malos hábitos que tanto les satisfacían. Tratamos pues de educar primero a los maridos, hablándoles de la posibilidad de que pudieran llegar a convertirse en los dueños de su destino, en lugar de estar supeditados a otros. Les convencimos de que junto con sus mujeres, se podían organizar y ello les traería resultados positivos para su condición socio-económica. Con mucha dificultad, les pudimos convencer y animarlos a que participaran en las asambleas de forma activa junto con sus esposas.

Al principio, dotamos a un tercio aproximado de las mujeres del grupo, unas 36, con un crédito de 1200 Rupias , con una participación de un 33% a cargo suyo, y otro 67% que aportó la MRWS. Un buen número de ellas adquirieron 3 o 4 pequeñas ovejas o cabras. Otra instaló un puesto callejero de venta de verdura, etc. Y esta es la muestra de como aumentaron sus beneficios: después de engordar a las ovejas durante unos 8 meses, decidieron venderlas, con lo que conseguían sólo 2100 Rupias. La mujer entonces tuvo una idea mejor, y en una día festivo, llamaron a un carnicero, sacrificaron al animal, lo cortaron en piezas y lo vendieron, con un resultado esta vez de 2800 Rupias. Después de pagar el total del micro-crédito junto con los intereses (12%, 96 Rupias), les quedaron unos beneficios de 1500 Rupias. La pareja estaba muy contenta ya que nunca habían visto tanto dinero que fuera totalmente suyo.

Finalmente, y en el transcurso de un año y medio, todos los miembros del Mahila Mandali estuvieron cubiertos con este sistema, siempre con actividades de generación de ingresos. Para las emisiones sucesivas de micro-créditos, la MRWS aumento su participación. Posteriormente, las mujeres propusieron el arrendar tierras del terrateniente del pueblo para cultivarlas. Se trataba de una finca de 22 acres (9 Ha) y se accedió a su arriendo siempre que se pagara el total al contado, cosa que se pudo efectuar procediéndose a su explotación.

Por razones practicas, decidimos no cultivar la tierra en forma de cooperativas de base, aunque ciertas actividades, como la preparación de la tierra con tractor y la compra de semillas y fertilizantes, se hizo en común, y luego cada uno pago su porción correspondiente. Algunos arrendatarios, parientes entre ellos, organizaron su acción de forma conjunta. Para ellos, las tareas agrícolas les eran familiares, porque justamente eran ellos los que antes trabajaban para los terratenientes. Los esfuerzos emprendidos por todos fue considerable, cuidando de forma colectiva de los semilleros, transplante posterior, limpieza de hierbas de forma cuidadosa y oportuna, aportando suficiente agua a los arrozales, siembra a su debido tiempo y posterior recolección, apilamiento del arroz y su secado sistemático, cribándolo y almacenando el grano.

Por supuesto que les aportamos en todo momento nuestra ayuda y experiencia, y se pudo vender la producción sólo cuando el mercado ofrecía los precios más favorables. También pudo venderse bien la paja. Luego vino la grama negra, que es un cultivo que se consigue en 3 meses, y afortunadamente debido al buen tiempo, pudieron conseguir excelentes cosechas. Incluso pudieron abordar una tercera siembra, esta vez de cacahuetes.

De forma habitual, durante los meses de Marzo y principios de Abril, los agricultores del pueblo solían dar empleo a las mujeres de las tribus, para la preparación de las semillas de cacahuete. Pero cuando los granjeros acudieron a ellas para recabar sus servicios para tal fin, se vieron humillados al comprobar que estas mujeres estaban vendiendo cacahuetes como semillas en sus propias fincas arrendadas. La gente se enfureció e incluso algunos llegaron a decir que si se seguía por este camino, llegaría el día en que ellos mismos tendrían que trabajar en los campos de las tribus!

Muchos terratenientes llegaron a indignarse en gran manera por la reciente prosperidad de toda esta gente, y trataron de crear divisiones entre ellos. Intentaron provocarlos y presionaron a algunos propietarios a actuar contra tal peligrosa situación. Las pobres gentes, tuvieron que abandonar las chozas, que con tanto esmero habían levantado de nivel y allanado. Mientras tanto, las mujeres tribales instaron a los funcionarios a que les proporcionaran un lugar para ellos, y lo llegaron a conseguir. Posteriormente, cuando llegaron las elecciones, sus opositores, hicieron todo lo que estuvo en sus manos para crear más enfrentamientos entre los propios miembros de las tribus.

La gente del pueblo, trató de intimidarles y causar problemas en su armonía, hasta tal punto que los hombres de las tribus empezaron a dar muestras de ceder. Pero las mujeres se mantuvieron firmes y continuaron con el desafío de luchar en favor de su desarrollo, a pesar de que la mala fortuna fue tal, que al tercer año, ya nadie quiso cederles tierras en contrato, y ahora, se esfuerzan en encontrar otras maneras de paliar su débil situación económica.

Hay otras pocas comunidades tribales de este mismo tipo en otros rincones del distrito de Guntur, y solamente si se les proporciona una concienciación sistemática, una educación a su medida y una ayuda financiera adecuada, podrán conseguir un medio de subsistencia para ellos, acorde con los tiempos actuales en favor de su propio desarrollo, para que puedan convertirse en dueños de su propio destino.

Ms.K.Nirmala Jefe Ejecutiva de la MRWS

Fuente:
Publicado con autorización de: ONG: MRWS - España


 

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