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COMUNIDADESCASTAS: Los intocables



INTOCABLES: Marcados por la cuna

Autor: José M. Bustamante


El rígido sistema de castas
sigue dominando todos los órdenes de la vida de la India


on un paria recién elegido como presidente, Kocheril Raman Narayanan, a la India le resta aún un largo camino para convertir en proféticas las palabras con las que Nehru saludó, hace ahora medio siglo, su independencia: «En cuanto suenen las campanadas de la medianoche, la India despertará a la vida y a la libertad. Vamos a construir la noble mansión de la India libre, donde tendrán cabida todos sus hijos».

Uno de estos vástagos, Vijay, intocable como el presidente Narayanan, se indigna profundamente cuando se le menciona que en Occidente se describe a la India -960 millones de habitantes- como «la democracia más grande del mundo».

«En algunas zonas rurales nos tratan peor que animales. Se nos niega hasta el acceso a pozos de agua potable». Habla de los intocables, los impuros que contaminan lo que tocan, según el hinduismo.

Que uno de ellos, Narayanan, sea el primero que alcanza la presidencia se interpreta como un símbolo cuando el inmenso país se prepara para celebrar el 50 aniversario de su independencia este viernes.

Aunque oficialmente abolido por la Constitución de 1950, el sistema de castas sigue dominando todos los aspectos de la vida de los indios. Esa división social, nacida hace más de 3.000 años, pervivió durante la dominación británica y perdura durante el conflictivo medio siglo de vida independiente. Como una señal indeleble, el indio permanece unido a los privilegios o a las humillaciones que la inmutable tradición religiosa otorga a su casta. Está marcado para siempre por su jati (nacimiento).

«Mi padre, inspector de policía en el estado de Maharastra, cambió levemente su apellido», cuenta Vijay, de 35 años, de la subcasta Mahar. «En muchas zonas de la India se puede saber a qué casta perteneces por el nombre. El trastocó unas sílabas, de tal manera que en Nueva Delhi, la capital, donde se habla otra lengua, mi actual apellido pertenece a la casta alta». Gracias a esa artimaña, Vijay y sus 10 hermanos han logrado saltar muchas barreras.

Barreras

Vijay fue a la universidad, amplió su formación en España, pero no pudo convalidar sus estudios. Está convencido de que en la India le pusieron dificultades por ser un intocable.

La inmensa mayoría de los 200 millones de intocables del país no puede ni soñar en traspasar estas barreras. A ellos no hace falta preguntarles su apellido. Es fácil saber a qué casta pertenecen los que recogen las basuras, quitan de en medio los cadáveres de los animales o dormitan entre harapos en las esquinas. Son los más pobres entre los pobres. Un tercio de los más miserables del planeta malvive en este país.

Gandhi, uno de los padres de la nación, el más venerado en el exterior, los llamó hariyan (hijos de Dios). Ellos rechazan ese nombre, lo consideran despectivo. Prefieren llamarse a sí mismos dalits (oprimidos). Uno de los idiomas indios ha dado a todo el mundo una palabra terrible que les describe: paria (perro callejero, en lengua tamil).

La mayoría de los intocables tienen poco que celebrar en el aniversario de la independencia. En la histórica medianoche del 15 de agosto de 1947, el primer ministro de la India independiente pronunció bellas palabras, que quería que fueran proféticas: «Vamos de lo viejo a lo nuevo... El espíritu de la época está a favor de la igualdad». Jawaharlal Nehru, brahmán, se equivocó. También erró con una política económica incapaz de sacar de la pobreza a millones de compatriotas. Atrapados por los condicionamientos de las castas, los dalits también han sufrido el fracaso económico. Mientras la India se hundía en la bancarrota, a su alrededor crecían los tigres asiáticos, con una renta per cápita 27 veces superior.

Pocas esperanzas

La crudeza de los datos y la experiencia explican que intocables que han logrado estudiar y traspasar barreras, como Vijay, no depositen demasiadas esperanzas en el presidente Narayanan, uno de los suyos. No sólo porque el puesto en realidad es meramente simbólico. Muchos consideran a Narayanan un funcionario dócil. «Soy como un pez que ha desgarrado la red construida por la sociedad», ha declarado el presidente. Para los más críticos, su elección no es más que una operación de marketing de cara a la celebración del aniversario.

Junto al nombramiento de Narayanan, otro de los motivos de orgullo para el Gobierno es el sistema de cuotas establecido en la Constitución, que reserva un 15% de los trabajos públicos a las castas bajas. Los optimistas estiman que 50 años de discriminación positiva han creado una clase media de 200 millones de personas. Los pesimistas dicen que sólo se ha beneficiado el 10% de los intocables.

El sistema fue cuestionado cuando la economía comenzó a despegar en 1991 y las instituciones internacionales dieron un ultimátum al Gobierno. Atrás quedó una larga etapa de economía centralizada. La apertura liberal proporciona un crecimiento anual del 7% y promete situar a la India en el 2020 como la cuarta potencia mundial, tras China, EEUU y Japón. El futuro de los intocables es convertirse en reserva de mano de obra barata.

La ira de los «impuros»

Los pueblos arios que llegaron al subcontinente indio hace 3.500 años son los responsables de las castas. Ya en las escrituras sagradas hindúes más antiguas, los Vedas, aparece la división en cuatro grandes grupos: brahmanes (sacerdotes), kshatriyas (guerreros), vaisyas (comerciantes) y sudras (obreros). Los intocables se ubican en el último grupo.

Para moldear su conciencia política, los intocables han creado sus líderes. Son personajes desconocidos para Occidente, como B.R. Ambedkar. En 1947 fue nombrado ministro de Justicia, pero abandonó el cargo en 1951, después de que el Gobierno no atendiera sus demandas en favor de los parias. Renunció al hinduismo y se hizo budista. La profanación de las estatuas de Ambedkar, en julio en Bombay, desembocó en una represión policial con 11 víctimas.

Estos choques son cotidianos. El Grupo de Guerra Popular lucha en el estado de Bihar, en el norte. Su ejército de 800 hombres mata a decenas de policías cada año. Phoolan Devi, la intocable Reina de los Bandidos, aterrorizó durante años la región central. Su venganza contra los hombres que la violaron, 23 thakures, de casta alta, fue brutal.

Fuente:
Recullit de la web de: EL ESCEPTICO DIGITAL


 

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