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INFANCIALas niñas de la calle



Artículo de IMMA LLORT




La pobreza y la imposibilidad de subsistir en su lugar de origen obliga a familias enteras, jóvenes, niños y niñas a abandonar las zonas rurales y ocupar las calles de las grandes ciudades de la India con la esperanza de sobrevivir.

Antes de analizar las condiciones de vida de las niñas que llegan a las ciudades o han nacido en estas condiciones de precariedad y dureza analizaremos el papel de la mujer y/o las niñas en la sociedad india con el fin de situar el análisis en un marco más amplio.

La República de India es uno de los pocos países del mundo con menos mujeres que hombres (929 mujeres para cada 1000 hombres en el censo de 1991) y donde la esperanza de vida es inferior para las mujeres. Esta situación se esta degradando con el tiempo, sobretodo desde que existe la posibilidad de determinar el sexo del feto durante sus primeros meses de vida. La amniocentesis como método que facilita la práctica de aborto selectivo por sexo se está generalizando, sobretodo entre las clases y castas medias y altas.

El Hinduismo, religión mayoritaria en el país y que cuenta con gran influencia incluso entre la población no hindú, considera estrictamente necesario que sea un hijo (y no una hija) el que encienda la pila funeraria de su padre y/o madre para asegurar su purificación en el momento de la muerte.

Por otra parte, el Código de Manu (Código moral que se escribió en el período de Hinduismo Épico y Puránico, tiempo al que pertenecen el Ramayana y el Mahabarata), base de la moral popular actual, indica la posición de subordinación propia de las mujeres respecto a los hombres. ".... si bien carente de buenas cualidades, el marido debe ser constantemente adorado y respetado como dios por su mujer." (5.154). Su padre la protege en su infancia, su marido en su juventud y sus hijos varones en la vejez; la mujer no esta hecha para tener independencia." (9.3) (Hawley and Wulff, The Divine Consorts. Ed. pg 210. ).

De estas palabras se deduce también que los hijos varones son la seguridad de sus padres en la vejez, elemento muy importante en una sociedad donde la mayoría de la población no cuenta con una pensión al dejar de estar en condiciones para el trabajo asalariado.

Las mujeres, discriminadas sexualmente incluso antes de nacer,

(salvando las diferencias por clase, casta, religión, etc.) ocupan una posición secundaria en la familia y en la sociedad. Desde su infancia reciben peor alimentación, menos cuidados sanitarios y menos educación que sus hermanos varones. Se les exige ayudar económicamente a la familia a edad más temprana con lo que deben abandonar antes la escolarización. Desde muy pequeñas ayudan en las tareas de la reproducción (recoger leña, agua, hierba para el ganado, cocinar, etc...) y son responsables del cuidado de sus hermanos y hermanas más pequeño/as. Toda inversión económica y afectiva realizada en las hijas no repercute nunca en su propia familia, ya que al casarse pierden su vínculo familiar anterior. A todo ello debe añadirse el esfuerzo económico que supone la dote (dowry) de las hijas, que a pesar de ser prohibida por la ley se ha convertido en una práctica cada vez más generalizada, incluso entre la población musulmana y cristiana. El pago a plazos y el impago de la dote comprometida expone a las mujeres a altos grados de violencia por parte del marido y su familia llegando hasta el asesinato, encubierto como suicidio en los medios de comunicación.

Las mujeres carentes de estatus y poder se inician en la vida adulta a través del matrimonio (en un 95% se trata de matrimonios de conveniencia arreglados por sus padres) y la maternidad.

Tratándose de una sociedad patriarcal, patrilinial y patrilocal, las mujeres, en la mayoría de los casos, no participan de la herencia de la familia y, a cambio, se les otorga una dote con el fin de hacer mejor boda. Al casarse pasan a formar parte de la familia de su marido y a convivir con ellos, perdiendo la relación con su propia familia, sobretodo en las comunidades más ortodoxas, donde la práctica habitual es casar a las hijas con familias de zonas alejadas geográficamente.

Las mujeres deben llegar vírgenes al matrimonio y su pureza es el honor del marido y su familia, quienes se encargan de controlar que así sea. Las mujeres de castas y clases acomodadas sufren más control y reclusión, mientras que las mujeres pobres deben salir a trabajar y no se las puede mantener encerradas en casa.

La maternidad es la esencia de la vida de las mujeres en la sociedad india tradicional. Una mujer adulta sin hijos no es mujer, siendo por ello repudiada y abandonada por la familia y la sociedad. De ahí la presión que se ejerce sobre las mujeres para que conciban, sobretodo hijos varones.

Cuando nace un niño se celebra ampliamente mientras que el nacimiento de una niña se considera una desgracia y una carga, sobretodo si todavía no hay niños en la familia. Los hijos varones pertenecen al padre, aunque dan prestigio, estatus y poder a la madre.

Esta situación es común a todos los grupos sociales aunque se manifiesta distintamente en cada uno de ellos.

Las niñas pobres de las calles de las grandes ciudades sufren la misma discriminación por género, a la que debe añadirse una discriminación de clase, casta, etnia, edad, etc.

Nacidas en un entorno familiar de condiciones económicas y socio-culturales que no favorece su desarrollo como personas, a menudo marginadas por el hecho de haber nacido mujeres y en ocasiones abandonadas voluntaria o involuntariamente por sus familias, las niñas se ven obligadas a las responsabilidades de una vida adulta, sin experimentar la infancia. A los cuatro o cinco años asumen las tareas domésticas y salen a las calles junto con sus hermanos a buscarse la vida. Son las niñas y sus madres las que se desplazan diariamente en búsqueda de leña como combustible y las encargadas de conseguir agua para el consumo de toda la familia. Estas tareas pueden suponer, según los casos, desplazamientos de hasta diez km. diarios o colas de muchas horas delante de los pocos pozos de agua a su alcance, suponiendo un promedio de seis o siete horas diarias extras que se añaden a la ya sobrecargada jornada laboral de las mujeres. Estas horas se restan del descanso y, en las niñas, también de horas de estudio.

Los barrios urbanos que alojan a la población pobre, por lo general no son reconocidos legalmente, son barrios jóvenes, de casas autoconstruidas y no cuentan de ninguna infraestructura ni servicios mínimos. En estas condiciones las mujeres no cuentan con la privacidad mínima que asegura su dignidad. No existen los aseos, pero tampoco la alternativa del bosque o campo a su alrededor con el que cuentan en las zonas rurales. Todo ello facilita que las mujeres y las niñas sean víctimas de agresiones sexuales en el seno de su misma familia, en el barrio o en las calles donde trabajan.

La virginidad de las niñas es un valor muy importante incluso entre las poblaciones pobres urbanas siendo en estas condiciones mucho más difícil de garantizar. No es de extrañar que la práctica de las bodas infantiles (prohibido por la ley desde 1880), para llegar al matrimonio antes de la ruptura del hímen sea habitual y sirva de estrategia para proteger contra violaciones y otros abusos sexuales a las niñas. Normalmente estos matrimonios no se materializan hasta que los dos cónyuges llegan a la adolescencia. Las niñas se convierten en madres a los 13 o 14 años, tan pronto como la biología lo permite.

Los embarazos y abortos frecuentes, la malnutrición y la dureza de las condiciones de vida y trabajo de estas niñas-madres acorta sus vidas.

Otra característica de estas poblaciones es que son matrilocales. Desde la posición de una familia pobre de una zona rural, sin alternativas, la posibilidad de emigrar a la ciudad es la única solución. Por ello dichas familias intentan casar a sus hijos varones con niñas o adolescentes de los barrios marginales de las ciudades, dando así su primer paso de aproximación a la ciudad. En este caso no se exige dote a la familia de la mujer, pero se espera a cambio que esta se responsabilice y acoja a su hijo. En este caso son los niños o hombres los que se desplazan a vivir con la familia de la esposa.

Las responsabilidades de la reproducción, la división sexual del trabajo y la escasez de capacitación dificulta el acceso al trabajo asalariado de las niñas de la calle restringiendo sus posibilidades al mercado informal, en condiciones de inferioridad, a la prostitución y a los trabajos que el resto de la sociedad no quiere asumir.

Las niñas, sus madres y abuelas realizan las tareas mas duras y que presentan mayor riesgo para la salud en la construcción de calles, carreteras, edificios, etc. y otros trabajos como jornaleras. Las mujeres acuden a la obra con sus hijo/as pequeñas, siendo frecuentes los accidentes.

Muchas mujeres y niñas subsisten gracias a las rupias que sacan de la recogida selectiva de las basuras y a la venta a intermediarios de materiales reciclables como papel, cartón, vidrio, etc.

Fuente:
Imma Llort i Juncadella. Recogido de la web de: EQUIPO ÀSIA FORMACIÓN.


 

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