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Literatura HindúLOS UPANISHADS: Recreación de Mani Shankar



Mani Shankar nació en Agosto de 1957 en Guntur (Andhra Pradesh). Es un director de cine de Bollywood, aunque dirige sus propias producciones desde Hyderabad a través de su compañia Bhairav Films. Sus películas principales son: '16 December', 'Rudraksh' y 'Tango Charlie'.
Mani Shankar es a la vez ávido lector y conocedor de textos clásicos hindues y de autores como Aurobindo, Deepak Chopra o Patanjali.
Ha tenido la gentileza de autorizar a www.indiga.org a la traducción y publicación de este artículo, aparecido en el periódico "The Asian Age" el 28 de Marzo de 2009.



LA SABIDURIA ES UNA CONEXIÓN CON LA PARTE MAS PROFUNDA DEL SER


Príncipe Janaka: Sabio Yajnavalkya, ¿has venido a mi corte para ganarte mi oro o para difundir tu sabiduría?
Yajnavalkya: Yo vine por ambos, majestad.

Brihadaranyaka Upanishad. Cap. 4.1


Descargar/Leer: Upanishad Brihadaranyaka


La mayor parte del Vedanta aparece expresado en forma de sutras compactos y concisos, pero con ríos de significado corriendo entre líneas, que es preciso desenmarañar. Y yo he hecho un intento de interpretación propia, empleando el recurso dramático de diálogos y líneas de texto expresivas. Las palabras “no pronunciadas” por Yajnavalkya, contienen el poder de sacudir al mundo con su verdad implícita, su belleza y su audacia.


El príncipe: Todavía no me hables de conocimiento. Háblame mejor del mundo. Háblame de aquellos que son llamados sabios, que dicen tener acceso a las divinidades.

Yajnavalkya: Todo aquel que proclama tener acceso a los dioses, es un hombre de inteligencia vacia.

El príncipe: ¿Y cómo puede ocurrir esto?

Yajnavalkya: Porque los dioses son sólo quimeras de la imaginación humana. La fuerza real, la verdadera fuente del universo reside más allá de la mente y de las palabras.

El príncipe: Bien dicho. Y dime, ¿no es cierto que la mayoría de los hombres llamados piadosos no son sino aspirantes?

Yajnavalkya: Si, es cierto.

El príncipe: ¿Y cómo puedo yo saber si soy un hombre piadoso o un aspirante?

Yajnavalkya: Observad vuestros sueños, príncipe. Si durante el día os consideráis un hombre virtuoso, pero por la noche os sumergís en locas fantasías, seguro que sois un aspirante, ya que al hombre, le es posible controlar sus deseos pero no sus sueños.

El príncipe: Hay engaños entre hombres santos, que aseguran pueden sentir los temores y esperanzas de sus devotos.

Yajnavalkya: Estos hombres pueden atrapar a una víctima, de la misma manera que un pez muerde el anzuelo con el deseo suscitado por un insecto brillante colgado en él. ¿Qué me puedes decir de ellos?

Yajnavalkya: Si estáis dispuesto a ser un pez, entonces merecéis un anzuelo, majestad. La culpa no es del pescador, sino vuestra. El pescador sólo tiene hambre. Vos, sois codicioso.

El príncipe: Yajnavalkya, dices que has venido buscando oro … ¿no es esto contrario a la sabiduría?

Yajnavalkya: Incluso los hombre sabios necesitan un poco de oro para vivir. No vivimos del aire, como a algunos les gustaría que hiciéramos.

El príncipe: Y dime, ¿cómo debo llamarte? ¿cómo maestro divino, cómo gran maestro …?

Yajnavalkya: Llámadme únicamente por mi nombre. No deseo títulos.

El príncipe: ¿Por què?

Yajnavalkya: Ahorradme las vanidades príncipe. En hombres como yo se crean egos enormes con mucha facilidad.

El príncipe: ¿Y que piensas de las mujeres? ¿eres célibe?

Yajnavalkya: ¿Por qué tiene nadie que ser célibe? Me gusta estar en compañía de una mujer.

El príncipe: Entonces, ya que eres tan mundano, ¿cómo puedes ser sabio?

Yajnavalkya: Un hombre sabio puede deleitarse en el mundo sin llegar a ahogarse en él. La sabiduría es esencialmente una actitud, una conexión con la parte más profunda del ser. Ocurra lo que ocurra, el mundo permanecerá siendo siempre el mismo. Es la actitud de uno la que llega a cambiar.

... Silencio ...

Yajnavalkya: Señor, si habéis terminado con el interrogatorio, podéis preguntarme ahora algo realmente importante.

El príncipe: ¿Qué?

Yajnavalkya: Preguntadme como podéis aprender a vivir, a amar, a disfrutar, a volveros de nuevo inocente, a descubrir la verdadera felicidad interior, a conectar con el universo infinito, para llegar al bello estado de “ser”, en el que se acepta cada momento, con gracia y con alegría. Yo vine a enseñaros todo esto… y para llevarme el oro, por supuesto.




 

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