WEB SOLIDARIA CON TODOS LOS PUEBLOS OPRIMIDOS DEL MUNDO
    Mapa Web  |   Quiénes somos  |   Útiles  |   Libro de visitas  |   Glosario Alfabético  
  INDIA TIBET NEPAL BANGLADESH SRI LANKA ESPIRITUALIDAD GLOBALIZACION C. CLIMATICO  

Inicio
Indice de contenidos
Hinduismo
Hnd : Divinidades
Hnd : Literatura y Filosofía
     Textos fundamentales
     El Vedanta
     El Vedanta Advaita
     Los Vedas
  + Los Upanishads
     El Baghavad Gita
El Mahabharata >> 
  + El Ramayana
Hnd : Maestros y Escuelas
El Budismo
Budismo Zen
Jainismo
Sijismo
Islam
Sufismo
 
TU FORO ABIERTO Tablón de anuncios Planning voluntarios Mundo ONG


  
Literatura HindúGRANDES EPOPEYAS:  EL MAHABARATA - Parte 1







Antecedentes familiares de pandavas y kurús

Origen de Devavrata

TIENES que convertirte en mi esposa, seas quien seas--, así decía el gran rey Santanu a la diosa Gañga que se le presentó como mujer con un encanto sobrehumano. Para inducirla a aceptar, el rey le ofreció, a cambio de su amor, su reino y sus riquezas; todo, incluso su vida misma. Gañga le respondió, ocultando su identidad:

¡Oh, rey! Ciertamente puedo ser tu esposa, pero bajo ciertas condiciones: ni tú, ni nadie, deberá preguntarme nunca quién soy, ni de dónde vengo; no deberás intervenir en nada de lo que yo haga, bueno o malo; no deberás enojarte conmigo, vieres lo que vieres; no podrás decir palabra alguna que me desagrade. Si dejas de cumplir lo que te pido, te abandonaré en el acto. ¿Estás de acuerdo? ¿Aceptas?

El apasionado rey asintió, y se casaron. La modestia y gracia de Gañga eran tales, tal su fidelidad amorosa, que pronto cautivó totalmente el corazón del rey, y la vida del uno y de la otra se deslizaban dentro de unaFelicidad tan perfecta, que transcurría el tiempo sin que ellos se diesen cuenta.

Gañga dio a luz siete hijos, pero tan pronto COMO nacían ella misma los llevaba al Ganges, los arrojaba al río y retornaba al hogar con faz sonriente. Santanu observaba con horror y angustia una conducta que le parecía demoníaca pero sufría en silencio recordando la promesa que había hecho. A menudo se preguntaba quién sería Gañga, de dónde habría venido, y por qué, aparentemente al menos, actuaba como una bruja asesina; pero fiel a su palabra, y totalmente dominado por su amor hacia ella, no salía de su boca expresión alguna

Cuando nació el octavo hijo, iba igualmente a echarlo al Ganges, pero Santanu no pudo resistir más y le gritó: ¡Detente, detente! ¿Por qué te dejas arrastrar por este horrible y descastado asesinato hacia tus inocentes hijos? ?con esta explosión el rey la contuvo.

¡Oh, gran rey!, -replicó ella?-, habéis olvidado vuestra promesa porque vuestro corazón late por el hijo, y ya no me necesitáis. Me marcho. No mataré a este pequeñuelo, pero escucha mi historia antes de juzgarme. Yo soy la diosa Gañga, a quienes dioses y hombres adoran. El ermitaño Vasista obligó, en virtud de maldición, a que los ocho Vasus (devas), nacieran en el mundo de los hombres; pero conmovido ante sus súplicas, autorizó que yo fuera su madre para que pudiera desempeñar el odioso papel de hacerles desaparecer, tan pronto como hubieran nacido. Por haberlos concebido gracias a ti, es decir, por el servicio que prestaste a los Vasus, gozarás de las regiones superiores cuando mueras. Yo criaré, ahora, a tu último hijo, y te lo devolveré como mi mejor dádiva ???. Dichas estas palabras desapareció la diosa con el niño, el pequeñuelo que más tarde se convertiría en el famoso Bhisma.

Cuando la diosa Gañga dejó a Santanu, el rey se concentró en su función de gobernar el reino. Transcurrieron los años, y un día, paseando por las orillas del Ganges, vio a un doncel, bello como un dios, que se divertía arrojando flechas al río en crecida, como lo haría un niño con su indulgente madre, y ante el asombro del rey se le apareció Gañga. Le presentó al adolescente como su hijo, y agregó:

--He aquí al Octavo hijo que te di. Amorosamente lo he cuidado hasta ahora; su nombre es Devavrata. Domina el arte de las armas e iguala a los héroes en valentía. De Vasista aprendió los Vedas y la Vedanta, Y está versado en toda ciencia. Llévatelo; es un diestro arquero, un héroe, así como un maestro en la difícil política de gobernar.-- Bendijo al muchacho y desapareció.


Suprema renuncia


Con profunda alegría recibió el rey, cual ofrenda para su corazón y para su reino, al joven príncipe Devavrata Y lo coronó como su heredero.

Pasaron cuatro años. Un día deambulaba el rey por las orillas de Yamuna, cuando el aire se saturó súbitamente de una fragancia exquisita. El rey trató de indagar su causa y la descubrió en una doncella tan gentil. que parecía una diosa. Un sabio le había conferido la gracia de emanar el divino perfume que impregnaba todo el bosque. Santanu, ante tan hermosa joven, se sintió poseído de un ardiente deseo y le pidió que fuera su esposa. Ella le respondió:

--Soy hija del jefe de los pescadores, dirígete a mi padre y logra su consentimiento. --. Su voz era tan ensoñadora como su forma.

El padre, hombre astuto, respondió al deseo del rey con estas palabras:

--¡Oh, rey! Sin duda alguna que esta muchacha, como cualquier otra, tendrá que casarse con alguien, y tú eres, en verdad, digno de ella; pero tienes que prometerme, antes que pueda ser tuya, que el niño que nazca de esa doncella, habrá de ser tu sucesor en el reino. A pesar de su loca pasión, el rey no pudo aceptar lo que se le pedía, porque esto significaba usurpar a Devavrata, el hijo de Gañga, el derecho a la corona que él le había concedido. Era inconcebible pagar tal precio sin desdoro. Regresó, pues, a Hastinapura, enfermo por su frustrado deseo, pero a nadie reveló lo ocurrido y languidecía en silencio.

Un día, Devavrata le preguntó a su padre:

--Padre mío, tienes todo lo que el corazón puede desear, ¿por qué pareces tan desdichado?

A lo que respondió el rey:

--Hijo querido, es cierto lo que dices. En verdad me siento mentalmente torturado y ansioso. Tú eres mi único hijo y siempre te veo en pos de ambiciones militares. La vida terrena es incierta e incesantes son las guerras; si algo te ocurriera se extinguirla nuestra familia. Naturalmente que tú eres como todos los hijos: ante ti se levantan posibilidades y amenazas. Por esto los versados en las escrituras dicen que el tener un único hijo en este mundo transitorio, es igual que no tener ninguno. No es razonable, pues, que la perpetuación de la familia dependa de una sola vida, y yo, por encima de todo, deseo la perdurabilidad de nuestro linaje. He ahí la causa de mi angustia. ?El padre no hablaba con sinceridad, pues le avergonzaba revelar la verdad a su hijo en toda su crudeza.

El inteligente Devavrata intuyó que había de existir una razón oculta que justificaba la tristeza de su padre, y al hablar de ello con su auriga se enteró de la entrevista que habla tenido el rey en las orillas del Yamuna. Se dirigió entonces al jefe de los pescadores y le pidió, para su padre, la mano de la hija. Respetuoso, pero firme en su idea, manifestó el pescador:

--Mi hija es realmente digna de ser la esposa de un rey, pero ¿podrá el hijo de ella ocupar el trono un día? Vos habéis sido coronado como príncipe heredero y, naturalmente, habréis de suceder a vuestro padre. He ahí lo único que se interfiere para la favorable solución de este asunto.

A lo que replicó Devavrata:

--Os doy mi palabra de que el hijo que nazca de esta doncella será el rey; yo renuncio en favor suyo mi derecho a heredero de la corona.

A lo que manifestó el jefe de los pescadores:

--¡ Oh, tú, el mejor de la estirpe Bhiarata! Has accedido a lo que nadie, nacido de sangre real, hubiera aceptado; eres un héroe. Pero, ¿puedo esperar que tus hijos renuncien a su derecho al trono? Ellos serán naturalmente poderosos héroes como tú y sería difícil vencerles, si pretendieran apoderarse del reino por la fuerza. He ahi la duda que me atormenta.

Cuando oyó Devavrata el problema planteado por el padre de la joven, decidido a que se realizara el deseo de su padre, hizo su suprema renuncia, y prometió:

--No me casaré y me mantendré en la más pura castidad ?voto que hizo con el brazo levantado.

Al pronunciar estas palabras los dioses derramaron flores sobre su cabeza y resonó en el aire: "Bhisma, Bhisma", palabra con que se distingue a quien pronuncia un voto terrible, y lo cumple. Y así, Bhisma se convirtió en el epíteto de Devavrata desde ese momento. Acto seguido, el hijo de Gañga condujo a la doncella Satyavati hasta su padre.

Cuando su padre le vio llegar con la doncella, le bendijo diciendo:

--Nunca te llegará la muerte, a menos que la desees. lEste es el don que te otorgo, oh, tú, el sin mácula.



 

mail
infoindia@indiga.org