Alguien que ha estado en la India durante un cierto tiempo me comentaba "en el campo de los sentimientos, en Occidente estamos en el tercer mundo, tenemos mucho que aprender de allí". Se refería a lo poco que les cuesta compartir su amor con los demás, en lo agradecidos que pueden llegar a ser. Es esto una manifestación espiritual ?. Al margen de las creencias concretas que ellos puedan tener, y que pueden ser muy diferentes de las nuestras, lo cierto es que aun así, no pueden impedir que se produzca esta fácil "sintonía", esta armonía elemental que surge espontáneamente cuando desaparecen los obstáculos que dificultan el acercamiento. Por supuesto que esto no siempre ocurre así, pero si nos encontramos muchas flores en un bosque, podemos empezar a pensar un bosque florido, al margen espinos y otros ramajes hostiles que pueda haber.
Miret Magdalena, interesante teólogo español, expresa así su visión del hombre occidental:
"... porque estamos faltos de afecto y comprensión en este mundo prosaico que sólo piensa en cinco cosas:
- el dinero que creemos resolverá toda nuestra seguridad
- el poder, conseguido caiga quien caiga
- el éxito por encima de todo
- el placer inmediato por el placer
- el aparente efecto de la moda
... todo ello sin ninguna consideración humana de fondo. En resumen, un egoísmo de tal modo centrado en nosotros mismos que nos aísla y no puede satisfacernos a la larga."
El paradójico vacío que este desmesurado "poseer","dominar","disfrutar" produce, hace de la vida una alocada y caótica insatisfacción permanente, la aparición de una cierta crisis personal y la consecuente búsqueda de soluciones, de nuevos valores. Entonces se descubre el Oriente, con su atractivo abanico de recursos y no se puede evitar la tentación de una inmersión en sus placidas (a primera vista) filosofías, con la esperanza de encontrar la panacea a todos nuestros problemas. Y ello es y no es así. Puede funcionar o puede defraudar. Una vez más también depende de nosotros y de nuestra actitud ante esta diferente concepción del mundo y de la vida.
Parece pues que Occidente se debate en un ciego materialismo, y Oriente se tambalea en sobre sus ricos cimientos de espiritualidad, sobre los que levanta un complejo edificio que se va desmoronando lentamente ante el desconcierto que le produce la visión del nivel de vida material ostentado por el primer mundo, entrando en una triste crisis de identidad auspiciada por la voluntad externa de "globalizar su mundo dentro de nuestro mundo", una globalización orientada a unos fines económicos concretos sin tener en cuenta en lo más mínimo la personalidad y el derecho de los pueblos, pero anunciando el producto como "un bien y una oportunidad para la humanidad".
Cierro esta presentación con otra sencilla pregunta, formulada con humildad: Y nosotros, que espiritualidad podemos ofrecer a Oriente ?.
Hay quien opina que Occidente es o será en el futuro el depositario de los bienes espirituales de Oriente. Hay quien dice que se practica mas Yoga en Occidente que en la India. El Budismo se va lentamente abriendo camino hacia el Norte. Confiemos que su Luz de la mano del Gran Amor nos lleve por los senderos de la "Armonía Universal" y aleje las negras nubes que se ciernen amenazadoras sobre la humanidad.