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BUDISMOLa vida de Buda



MARCO SOCIO-RELIGIOSO PREVIO (Fernando Tola y Carmen Dragonetti: Tres aspectos del Budismo)

El Brahmanismo

En el siglo VI después de Cristo, el Brahmanismo reinaba supremo en el pensamiento religioso y filosófico de la India. Heredero de las viejas tradiciones védicas, enriquecido por la sutil y sistemática especulación litúrgica de los brahmanes y vivificado por la tendencia mística característica de la India, el Brahmanismo se centra alrededor de una idea de grandiosas proyecciones: Brahman, lo Absoluto, la Verdad de la Verdad, el Ser único y sin segundo, la Sustancia de privilegiado status que existe en sí y por sí, como el ens realissimum, como el fundamento más profundo de la realidad, al cual sólo se llega en el curso de una experiencia trascendente. Como la expresión más rotunda del humanismo filosófico que nos brinda la historia del pensamiento humano, el Brahmanismo postula la existencia del atman, el "uno mismo" auténtico, el verdadero hombre, idéntico a Brahman en esencia y excelsos atributos. Una formulación upanishádica famosa expresa esta identidad: tat tvam asi: "Tú eres Aquello".

La oposición al Brahmanismo

Pero también el siglo VI aC. ve el inicio de la crítica despiadada del sistema brahmánico, el inicio de los ataques a que es sometido desde diversos frentes, ataques que toman como mira los diferentes elementos que hacen a los fundamentos del sistema.

Estas críticas y ataques y la denodada defensa que de sí mismo hace el Brahmanismo, revelándose un digno adversario, van a enriquecer en los siglos que siguen la historia del pensamiento de la India, una de las máximas creaciones del intelecto humano.

Estas críticas y ataques son llevados a cabo por Maestros expertos en todas las sutilezas de la dialéctica, que con ilimitada audacia llevan hasta sus últimas consecuencias las tesis que sostienen, por mucho que contradigan las más caras tradiciones del pensamiento de la India, por mucho que nieguen los más sólidos dogmas de su Cultura.


E
l Budismo nace como fruto del largo camino emprendido por el príncipe Siddahartha Gautama, hacia el siglo 6 a.C. . Nació en el seno de una familia principesca, siendo su padre un rajá del clan de los Sakyas, la secta de los guerreros, en Lumbini, en el reino de Kapilavatthu, una aldea del Terai en las estribaciones del Himalaya, el actual Nepal. La leyenda en la que se halla envuelta la vida del Buda, es muy plástica y expresiva, con el simbolismo de las grandes narraciones simbólicas de Oriente, similar a como ocurrió con el relato de la vida de la figura central del cristianismo, Jesús de Nazaret.

Se presenta con diversos nombres; Buda (El Iluminado, el que despertó), Sidharta Gautama (Sidharta, su nombre propio y Gautama, el nombre de la familia), Shakyamuni (El Buda histórico, el sabio de la tribu de los Shakyas), Bhagavat (El bienaventurado), Tathdgata (El perfecto, que vió y partió), Jina (El victorioso)...


El antiguo libro Lalita Vistara cuenta que su madre, Maya conoció por un sueño que iba a tener a un hijo singular, ya que sería un iluminado. Relata que poco después de su nacimiento, un Rishi o asceta llegó a la corte del rey Suddhana, y que al ver al niño observó en él las marcas que caracterizan a un rey universal, aunque también predijo otra posibilidad, la de convertirse en Tathagatha, es decir un guía espiritual para el mundo entero. Se le llamó Siddharta y cuando empezó a andar, dio siete pasos (número perfecto) en las cuatro direcciones geográficas, naciendo a cada paso una flor de loto.

Después de este acontecimiento el padre se encargó de rodear la vida del príncipe Gautama de lujos y de una educación encaminada a convertirlo en futuro heredero, sustentador del clan Sakya, y evitando en lo posible que tuviera inquietudes espirituales. Según la costumbre de aquella época (incluso actual), le hizo contraer matrimonio a la edad de 16 años con la hermosa princesa Yasodhara prima suya. Aunque el futuro Buda ya de pequeño era propenso a la contemplación y a las lecturas, las actividades de la corte lo mantuvieron distraído practicando uno de sus deportes favoritos, como era el tiro del arco.


Pero esta vida rodeada de lujos no acababa de satisfacerle, y su inquietud por conocer el mundo iba en aumento. En una de sus pocas salidas de palacio tuvo una experiencia que lo marcaría definitivamente, ya que llegó a descubrir la realidad en la que se ven envueltos los seres humanos, a través de lo que se conoce como las cuatro visitaciones; en la primera vio a un anciano tambaleante y achacoso, lo que le anticipó la realidad de la vejez. Después se encontró con un hombre enfermo y en ello descubrió el sufrimiento que conlleva la inevitable enfermedad. En la tercera visitación halló un cadáver en descomposición al que iban a quemar, entendiendo así el destino final del cuerpo humano. Finalmente conoció a un asceta en contemplación, con una serena actitud ante la vida. Sumamente consternado por los tres primeros encuentros y profundamente conmovido por el último, se despertó en él la semilla de la búsqueda espiritual y la de encontrar una solución a los sufrimientos que aquejan a la existencia humana.

A la edad de 29 años, y poco después del nacimiento de Rahula, su único hijo, abandonó su reino para convertirse en asceta en busca de la solución existencial, adoptando el nombre de Gautama. Durante seis años se dedicó a viajar por el valle del Ganges, consultando a famosos maestros religiosos, estudiando los sistemas y métodos propuestos por ellos, y sometiéndose a los más rigurosos ejercicios ascéticos, considerados en aquella época como el verdadero camino para alcanzar el poder para renacer en los reinos celestiales. Sin embargo, también descubrió lo fútil que éstos resultaban para liberar a los seres humanos de la vejez, la enfermedad y la muerte. Por ello, decidió abandonar los métodos tradicionales y seguir su propia senda.

Gautama se dió cuenta de que la elección de un camino basado en severa austeridad y castigos corporales quizás no era el más adecuado, y que un cuerpo muy maltratado no es el mejor vehículo para alcanzar un gran fin espiritual. Indagó en hallar un Camino Medio, no tan riguroso materialmente, pero más apto para el "gran trabajo". Y fue así como una noche, sentado al pie del árbol de Bodhi (higuera) o "árbol de sabiduría", a orillas del río Neranjara, en Boddhgaya, descubrió las Cuatro Nobles Verdades y alcanzó la iluminación a la edad de 35 años. A partir de ese momento es conocido como el Buda o "El Despierto".

Después de su iluminación se dirigió a Sarnath (Benarés), y en el Parque de los Venados predicó su primer discurso o "primera puesta en movimiento de la Rueda de la Verdad o Dharma", dirigido a los cinco ascetas que habían sido sus compañeros en la búsqueda de la verdad. Desde ese día y durante 45 años más el Buda enseñó a toda clase de hombres y mujeres sin distinción, no reconoció desigualdades de castas o clases sociales, rechazando la tendencia filosófica a abordar problemas que no admiten soluciones prácticas. Fundó una orden o comunidad de monjes (el Sangha) y más tarde otra de monjas. Murió en Kusinagar, alrededor de los 80 años, alcanzando el Parinirvana o "Gran Iluminación". Todo esto sucedía entre los años 560 y 480 aC. (Investigadores más recientes sugieren fechas más tempranas, alrededor del 400 aC.)

Cuando murió, sus cenizas fueron depositadas en nueve puntos geográficos y se construyeron los santuarios en los que son guardadas sus reliquias y restos.

Un decisivo impulsor del budismo fue el rey Asoka (año 300 a.C.), un soberano ejemplar, llamado antes el "rey cruel" y luego el "rey piadoso". Al contemplar la postura serena y convencida de un monje discípulo de Buda, al que había mandado torturar quedó profundamente impresionado. A la vista de su mente tranquila le pidió que le enseñara esa doctrina para él desconocida. Conmovido y transformado, se convirtió en un rey social, que construyó centros de enseñanza, pozos al lado de los caminos que anteriormente había mandado trazar, posadas para los viajeros, servidores del pueblo y muchas otras iniciativas, que incluso hoy asombran a los escépticos habitantes de este planeta, continuamente olvidados y mancillados por sus muy a menudo olvidadizos gobernantes.


LA LEYENDA DE BAARLAM Y JOSAFAT

Si bien Occidente llegó a tener acceso a las informaciones detalladas acerca de la vida de Buda a partir del siglo XIX, existen elementos de su biografía que conformaron una colección de leyendas muy populares y que circularon por la Europa medieval a partir del siglo XI.

Una de estas leyendas es la de Baarlam y Josafat. La narración tiene su origen en la historia de Siddharta Gautama (Buda). El texto experimentó numerosas transformaciones a través de una versión maniquea turca del siglo III dC y la traducción al árabe en Bagdad en el siglo VIII. Más tarde, entre los siglos VIII y IX se vertió a la lengua georgiana y griega, y en la versión bizantina que dio origen a la latina de donde se difundió a todo el occidente europeo. Una traducción griega de San Eutimio del siglo X la introduce en el ámbito cristiano, añadido con materiales de la Biblia y los Santos Padres. La versión griega originó dos traducciones latinas. De la primera, realizada en Constantinopla hacia 1048, arrancan dos compendios de gran popularidad: el incluido en el Speculum historiale (lib. XVI, cap. 1-64) de Vicente de Beauvais (1190-1264) y el de la Leyenda dorada (cap. 180), obra de Jacobo de la Vorágine (1230-1298). Tras estas transformaciones la obra adoptó la forma de un relato hagiográfico, hasta el punto de incluir a Barlaam, Josafat y al propio rey Avenir, padre de Josafat, en el santoral romano y en el ortodoxo.

El conocido argumento, trata de un príncipe indio llamado Josafat que fue convertido al cristianismo por un sabio asceta llamado Baarlam. Josafat, un nombre con resonancias bíblicas, proviene del sánscrito bodhisattva, un término utilizado para hacer referencia al Buda antes de su iluminación. Muchos de los detalles de la vida de Josafat son análogos a episodios de la juventud de Buda, como su enclaustrada juventud en el palacio de su padre antes de los transformadores encuentros con la vejez, la enfermedad, la muerte y el asceta renunciante (Baarlam).

Josafat y Baarlam fueron venerados como santos cristianos tanto por la Iglesia Ortodoxa griega como en la católica romana. Unos investigadores del siglo XIX, descubrieron los auténticos orígenes de la vida del santo cuando empezó a llegar a Europa información fidedigna acerca de la vida de Buda.







 

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