ARUNDHATI ROY

Entrevistada por: David Barsamian

Traducción: Laura Moliné



Arundhati Roy



"¿Es que la globalización pretende "erradicar la pobreza en el mundo",
o es una variedad mutante del colonialismo,
dirigida a distancia y digitalmente?"


stos días se está produciendo en la India un drama donde hay mucho en juego, y la escritora Arundhati Roy es uno de sus más notorios actores. Las empresas multinacionales, que están conspirando junto con gran parte de las clases altas de la India, pretenden convertir el país en una gran franquicia. Roy lo expresa así: "¿Es que la globalización pretende "erradicar la pobreza en el mundo", o es una variedad mutante del colonialismo, dirigida a distancia y digitalmente?".

El éxito de la novela de Roy le ha proporcionado lucrativas ofertas por parte de Hollywood, ofertas que ella rechaza con un pícaro deleite. "Escribí un libro tenazmente visual, pero del que no se puede realizar una película", asegura, añadiendo que ella dijo a su representante que hiciese que los estudios cinematográficos se arrastraran y que luego les dijera que no. En Kerala, el libro ha causado una gran sensación. "La gente no sabe cómo tratarlo", dice. Quieren abrazarme y decir que ésta es "nuestra chica", y sin embargo no quieren pronunciar ningún discurso sobre lo que trata el libro, lo que es símbolo de casta. Tienen que encontrar maneras de trascender eso.; tienen que decir que es un libro sobre niños".

Roy, de 41 años, es autora de la novela "El dios de las pequeñas cosas", que ganó el Premio Booker, vendió seis millones de copias y ha sido traducida a cuarenta lenguas. Ambientada en un pueblo del estado meridional de Kerala, la novela está repleta de elementos autobiográficos. Roy pasó su infancia en la comunidad de cristianos sirios de Kerala, que allí constituye el 20 por ciento de la población. Sonríe cuando afirma: "Kerala es la casa de cuatro de las religiones más grandes del mundo: el hinduismo, el islam, el cristianismo y el marxismo". Durante muchos años, Kerala ha tenido un gobierno liderado por marxistas, pero Roy se apresura a añadir que los líderes del partido son Brahmines y que la casta juega aún un papel importante.

Roy vive en Nueva Delhi, donde llegó por primera vez para convertirse en arquitecta. Pero actualmente no trabaja como arquitecta, ni incluso como escritora. Se ha lanzado al activismo político. En los estados centrales y occidentales de Madhya Pradesh, Maharashtra, y Gujarat, una serie de presas hidroeléctricas amenazan las casas y el sustento de decenas de millones de personas. Una gran organización base, Narmada Bachao Andolan (NBA), ha surgido para oponer resistencia a estas presas, y Roy se ha unido a la organización. No sólo donó el dinero del premio Broker (unos 30.000 dólares) al grupo, sino que se unió a las protestas, incluso fue arrestada. Utiliza con destreza su estatus de celebridad y sus considerables dotes de escritura para este fin, así como también para la causa del desarme nuclear. Su demoledor ensayo sobre las presas, The Greater Common Good, y su aguda denuncia a las pruebas nucleares realizadas por la India, The End of Imagination, han prendido el fuego, literalmente. La clase alta no comprendió su crítica al desarrollo, y los nacionalistas abominaron de ella por cuestionarse el arsenal nuclear de la India. (Estos dos ensayos comprenden su último libro, The Cost of Living).

Por ahora, Roy está acostumbrada a la crítica. "Cada vez que salgo, oigo el ruido de los cuchillos afilándose", comentó en una revista india. "Pero eso es bueno; me mantiene avispada". Su ensayo más reciente se titula Power Politics. En él, se enfrenta a Enron, la empresa energética con base en Houston y gran promotora financiera de George W. Bush. En la India, Enron está intentando adquirir el sector energético de Maharashtra. La escalada de lo que está sucediendo, dice, hace que las desgracias del poder de California parezcan un juego de niños.



No tenía casta, no tenía clase, ni religión, ni las típicas anteojeras, ni las lentes tradicionales en mis gafas, a lo que es muy difícil hacer caso omiso. A veces pienso que quizás era la única niña en la India a quien su madre le decía: "Hagas lo que hagas, no te cases".



En una tarde fría de mediados de febrero, Roy ofreció la conferencia anual Eqbal Ahmad en el Hampshire College de Amherst, Massachusetts, ante una gran multitud. Fue una conmovedora conferencia política, y más tarde fue asediada por una larga cola de chicas, mayoritariamente sudasiáticas, muchas de las cuales estaban estudiando en una de las cinco facultades de Amherst. Ella donó los honorarios de su conferencia para la ayuda de las víctimas del terremoto de Gujarat.

A la mañana siguiente, la entrevisté en el asiento trasero del coche que la llevaba de Amherst al Aeropuerto de Logan, en Boston. El viaje, de dos horas, pasó volando.


* * *

Q: Pasaste tu infancia en Kerala. ¿Cuál es el estatus de las mujeres allí?

Arundhati Roy: Las mujeres de Kerala trabajan por toda la India y por todo el mundo para ganar dinero y enviarlo a casa. Y, con todo, pagan una dote para casarse, y tienen con sus maridos las relaciones más extrañamente sumisas. Crecí en un pequeño pueblo de Kerala. Fue una pesadilla para mí. Sólo quería huir, nunca tener que casarme allí. Claro que nadie se moría por casarse conmigo [risas]. Era lo peor que podía ser de una niña: delgada, negra, y lista.

Q: Tu madre era una mujer poco convencional.

Roy: Se casó con un Bengali Hindú, y lo que es peor, luego se divorció de él, lo cual significaba que todo el mundo creía firmemente que esa era una cosa terrible a hacer en primer lugar. En Kerala, todos tienen lo que se llama un tharawaad [linaje]. Si no tienes un padre, no tienes un tharawaad. Eres una persona sin referentes; eso es lo que te dicen. Crecí en Ayemenem, el pueblo donde tiene lugar El dios de las pequeñas cosas. Viendo como están yendo las cosas, es fácil para mí decir que doy gracias a Dios porque no tengo ninguna de las cualidades que tendría una chica india normal, de clase media. No tenía padre, ninguna presencia de este hombre diciéndonos que nos cuidaría y que a cambio nos pegaría de vez en cuando. No tenía casta, no tenía clase, ni religión, ni las típicas anteojeras, ni las lentes tradicionales en mis gafas, a lo que es muy difícil hacer caso omiso. A veces pienso que quizás era la única niña en la India a quien su madre le decía: "Hagas lo que hagas, no te cases" [risas]. Personalmente, cuando veo a una novia, me da un espasmo. Casi lo encuentro macabro. Es tan aterrador ver a esa criatura totalmente ornada y enjoyada. Como escribí en El Dios de las Cosas Pequeñas, es "como sacarle brillo a la leña".

Q: Cuéntame algo más de tu madre.

Roy: Parece sacada de una película de Fellini. Está totalmente chiflada. Pero el haber visto a una mujer que nunca necesitó a un hombre, es algo maravilloso, saber que ésta es una opción, para no sufrir. Solíamos recibir todo tipo de cartas amenazantes. Pero a pesar de eso, mi madre dirige una escuela y tiene un éxito extraordinario -la gente hace reservas para sus hijos antes de que hayan nacido. No saben qué hacer con ella, o conmigo. El problema es que las dos somos mujeres poco convencionales. Como mínimo, hubiésemos tenido que ser unas infelices. Pero no lo somos, y eso es lo que preocupa a la gente. Por cierto, mi madre es muy conocida en Kerala porque en 1986 ganó un pleito de interés público desafiando la ley de sucesión cristiano-siria que decía que una mujer sólo podía heredar una cuarta parte de la propiedad de su padre o 5000 rupias (unos 100 euros), lo cual es mucho menos. Y de hecho, el Tribunal Supremo sentenció con una ley que daba un trato equitativo y con efectos retroactivos desde 1956. Pero pocas mujeres se benefician de este derecho. Y las iglesias, han llegado al punto de instruir a los padres a redactar testamentos que deshereden a sus hijas. Es una clase de opresión muy extraña, la que sucede allí.

Pienso que la ficción es la cosa más real allí ha habido siempre. Todo mi esfuerzo ahora radica en eliminar esa distinción. El escritor es la comadrona de la comprensión. Para mí es muy importante explicar la política como una historia, el hacerla real, establecer un vínculo entre un hombre y su hijo, y qué beneficio obtuvo en el pueblo donde vivió antes de que lo echaran a patadas, y cómo todo esto se relaciona con el Sr. Wolfensohn del Banco Mundial.

Q: Desde que escribiste tu novela, has escrito algunos ensayos políticos sorprendentes. ¿Cómo fue esa transición?

Roy: Sólo a la gente del mundo exterior, los que me conocieron tras El dios de las pequeñas cosas, les parece una transición. De hecho, ya había escrito ensayos políticos antes de escribir la novela. Escribí una serie de ensayos titulados The Great Indian Rape Trick, sobre una mujer llamada Phoolan Devi (Aquí puedes leer su historia) , y de cómo la película "La Reina de los Bandidos" se aprovechaba de ella, y de si alguien tiene o no el derecho de volver a representar la violación de una mujer que aún vive, sin su consentimiento. Son temas en los que me he involucrado durante un tiempo. No veo una gran diferencia entre El Dios de las Cosas Pequeñas y mis trabajos de no ficción. Como digo siempre, la ficción es la verdad. Creo que la ficción es la cosa más verdadera que nunca ha habido. Todo mi esfuerzo ahora radica en eliminar esa distinción. El escritor es la comadrona de la comprensión. Para mí es muy importante explicar la política como una historia, hacerla real, establecer un vínculo entre un hombre y su hijo, y qué beneficio sacó en el pueblo donde vivió antes de que le echaran a patadas, y cómo todo esto se relaciona con el Sr. Wolfensohn del Banco Mundial. Eso es lo que quiero hacer. El dios de las pequeñas cosas es un libro donde conectas las cosas más pequeñas con las más grandes, es decir, la marca que hace una pequeña araña sobre la superficie del agua, o la calidad de la luz de la luna en un río o cómo la historia y la política se entrometen en tu vida, en tu casa, en tu habitación.

Q: Estha, uno de los protagonistas de tu novela, está recorriendo "la orilla del río que olía a excrementos y a pesticidas comprados con préstamos del Banco Mundial". El proyecto del Banco Mundial en el valle de Narmada preveía la construcción de más de 3.000 presas. Desde entonces, el banco se ha retirado del proyecto, y el gobierno de la India se ha hecho cargo de ello. Cuéntame algo de Narmada Bachao Andolan, el NBA., (Aquí puedes leer acerca de este proyecto)

Roy: La primera vez que me encontré con la gente del NBA, me dijeron: "Sabíamos que ibas a estar en contra de las presas y del Banco Mundial cuando leímos El dios de las pequeñas cosas". Lo sorprendente del NBA es que se trata de una muestra representativa de la India. Es una coalición de Adivasis [los indígenas indios], los grandes granjeros de las castas superiores, los Dalits [antiguamente conocidos como Intocables] y la clase media. Es una forja de relaciones entre lo urbano y lo rural, entre los granjeros y los pescadores, entre los escritores y los pintores. En esto consiste su extraordinario poder, mientras mucha gente en la India lo critica diciendo, ya sabes, ¡esos manifestantes de clase media! Eso me pone furiosa. ¡Los ingenieros urbanos de clase media son los que presentaron este proyecto! Pero no puedes esperar que sólo los Adivasis sean los críticos. Si tú los identificas así, es muy fácil aplastarles. En muchos sentidos, la gente intenta deslegitimar la intervención de la clase media diciendo, ¿cómo puedes hablar en nombre de esa gente? Nadie habla en nombre de nadie. El caso es que el NBA es un ejemplo fantástico de personas entrelazando las manos más allá de la casta y la clase. Es el movimiento de resistencia más grande, hermoso y magnífico desde la lucha por la independencia.

Q: Una de las protestas en la que participaste el pasado año tuvo lugar en un pueblo a orillas del Narmada, al lado de una de las presas previstas. Tú estabas entre los muchos que arrestaron. ¿Cómo fue eso?

Roy: Fue realmente fantástico. Estaba en un pueblo llamado Sulgaon. Durante toda la noche, desde todo el valle, empezó a llegar la gente, en tractor, en automóvil, a pie. Hacia las tres de la mañana éramos ya unos 5000. Empezamos a caminar en la oscuridad hacia el lugar de la presa. La policía ya sabía que la gente iba a tomar aquel lugar, pero no sabía de dónde vendría. Allí hay una enorme área devastada. Así que andamos en la oscuridad. Fue increíble. Cinco mil personas, la mayoría vecinos de aquellos pueblos, pero habia también gente de la ciudad -abogados, arquitectos, periodistas- caminando por esos caminos poco frecuentados y cruzando riachuelos en absoluto silencio. No hubo nadie que encendiera un bidi (cigarrillo indio), nadie que tosiera o que carraspeara. Ocasionalmente, un grupo de mujeres se agacharía a hacer pipí y luego continuaría andando. Finalmente, al amanecer, llegamos y tomamos el lugar de la presa. Durante horas, la policía nos rodeó. Entonces cargaron con bastones. Arrestaron a miles de personas, incluyéndome a mí. Las cárceles estaban llenas.

Q: Dices que el gobierno indio está "totalmente resuelto a completar el proyecto". ¿Qué es lo que lo está impulsando?

Roy: Son muchas cosas. En primer lugar, tienes que entender que el mito de las grandes presas es algo que desde los tres años de edad se nos ha vendido en cualquier libro de texto. Nehru dice que "las presas son los templos de la India moderna". Así pues, son como un tipo de banderas nacionales enormes. Antes del NBA, venía a ser así: la presa te servirá el desayuno en la cama, casará a tu hija y curará tu ictericia. La gente tiene que entender que son sólo monumentos a la corrupción política, y que derivan de instituciones políticamente antidemocráticas. Simplemente tú centralizas recursos naturales, se los robas a la gente, y luego decides a quién se los vas a dar. La primera presa que se construyó en el Narmada fue la de Bargi, que se terminó en 1990. Decían que iba a desplazar a unas 70.000 personas y a sumergir 101 aldeas. Un día, sin previo aviso, el gobierno llenó el embalse: 114.000 personas tuvieron que desplazarse y 162 aldeas se inundaron. Cuando subió el agua, ésta se llevó a la gente de sus casas. Lo único que pudieron hacer fue subir corriendo la colina con sus hijos y su ganado. Diez años después, esta presa riega el 5 por ciento de la tierra que dijeron que regaría. Riega menos tierra de la que se inundó. No han construido canales. Debido a los contratistas y a los políticos, el simple hecho de construir una presa supone una gran cantidad de dinero.

Q: ¿Qué sucede con aquellos que tuvieron que desplazarse?

Roy: Nadie lo sabe. Cuando estaba escribiendo The Greater Common Good, lo que más me chocó, más que las cifras que existen, son las que no existen. El gobierno indio no tiene ningún cálculo de cuánta gente ha tenido que desplazarse debido a las grandes presas. Creo que esto no es únicamente un error del estado, sino un error de la comunidad intelectual. La razón por la que no existen esos cálculos es porque la mayoría de la gente que ha tenido que desplazarse son una vez más los intocables, los Adivasis y los Dalits. Yo hice la revisión de un estudio de cincuenta y cuatro presas realizado por el Instituto Indio de Administración Pública. Según ese estudio, sólo los desplazados por el embalse, que únicamente es un tipo de desplazamiento, llegó a una media de algo así como 44.000 personas por presa. Vamos a asumir que esas cincuenta y cuatro presas son las mayores de todas. Vamos a subdividir este promedio. Sabemos que en la India se han construido 3.600 grandes presas en los últimos cincuenta años. Así que, según la revisión, hay treinta y tres millones de personas desplazadas, que simplemente emigran a las ciudades. Y de nuevo, allí dejan de ser ciudadanos, y tienen que vivir en los barrios de chabolas. Están expuestos a que les echen en cualquier momento, cuando las amas de casa de las zonas altas de Nueva Delhi decidan que toda la gente que vive en las chabolas es peligrosa.

Q: Tú has comparado ese desarraigamiento con un vertedero de basuras.

Roy: Eso es exactamente. Resistencia no violenta y gobierno no violento. A diferencia, digamos, de China, Turquía o Indonesia, la India no acaba con la vida de nadie. No mata a la gente que rechaza trasladarse. Simplemente espera a que se vaya. Continúa haciendo lo que tiene que hacer e ignora las consecuencias. Debido al sistema de castas, debido al hecho de que no hay un vínculo social entre aquellos que toman las decisiones y aquellos que las sufren, la India simplemente continúa hacia adelante y hace lo que le parece. La gente también asume que ése es su todo, su karma, lo que está escrito. Es una manera bastante eficiente de hacer las cosas.

Q: Pero tú dices de tu propia política que "no eres ni una yonqui antidesarrollo ni una persona que cambia de una creencia a otra por el mantenimiento eterno de las costumbres y las tradiciones".

Roy: ¿Qué puedo hacer si no? Como mujer que creció en un pueblo de la India, he pasado toda mi vida luchando contra las tradiciones. De ningún modo quiero ser una ama de casa tradicional india. Así que no estoy hablando de ser antidesarrollo. Estoy hablando de la política del desarrollo, de cómo acabar con ese proceso de toma de decisiones, totalmente centralizado y antidemocrático. ¿Cómo te aseguras de que está descentralizado y de que la gente puede disponer de lo que hace con sus vidas y sus recursos naturales? Hoy en día, el gobierno indio está intentando presentar la privatización como una alternativa al estado, como una empresa pública. Pero la privatización es sólo una evolución más del estado centralizado, en el que este estado dice tener el derecho de conceder toda la producción de energía de un estado como Maharashtra a la empresa Enron. Y no tienen ese derecho. La infraestructura del sector público de la India se ha construido en los últimos cincuenta años con dinero público. No tienen ningún derecho a venderlo a Enron. No pueden hacer eso. Tres cuartas partes de nuestro país vive al margen de la economía de mercado. No les puedes decir que sólo aquellos que pueden permitirse para el agua pueden tenerla.

Q: Aún así, notó en ti cierto optimismo en lo que llamas la "anarquía inherente" de la India para resistir la corriente de la globalización.

Roy: La única cosa que merece la pena de la globalización es la disconformidad, pero no sé si ser optimista o no. Cuando me encuentro fuera de las ciudades me siento optimista. ¡Hay tanta grandeza en la India y tanta belleza! No sé si pueden acabar con ella. Quiero pensar que no. Creo que no hay nada tan bello como un sari. ¿Se puede eliminar un sari? ¿Se puede hacer corporativo? ¿Por qué deberían las multinacionales tener permiso para entrar e intentar patentar el arroz basmati? La gente prefiere comer roty, idlis y dosas a las hamburguesas de McDonald's. Justo antes de marcharme a los Estados Unidos, visité un mercado en Nueva Delhi. Había un plato lleno de diferentes tipos de dals, o lentejas. Mis ojos se llenaron de lágrimas. Hoy en día, esto es lo que te hace llorar, ver todas estas variedades de dal y de arroz existentes, y pensar que no quieren que existan.

Q: Háblame del material que cubriste en The End of Imagination sobre las pruebas nucleares en el subcontinente.

Roy: Es tan aterrador, ese nacionalismo que se respira. Estoy muy asustada por eso. Puede usarse para hacer cualquier cosa. Pienso que un mundo en el que ciertos países están almacenando armas nucleares, y utilizándolas de la forma en que la India, Pakistán y América lo están haciendo para oprimir a los otros y engañar a su propia gente, y ése es un mundo peligroso. Las pruebas nucleares eran una manera de reforzar nuestra menguante autoestima. La India aún se estremece por su ultraje cultural, aún está buscando su identidad. Eso es, más o menos. Por un lado, estás vendiendo el país a las multinacionales occidentales. Y por el otro, quieres defender tus fronteras con bombas nucleares. ¡Cuánta ironía! Dices que el mundo es un pueblo global, pero luego quieres gastar decenas de millones de rupias construyendo armas nucleares.

Q: Tú utilizas la metáfora de dos convoyes de vagones. Uno es muy largo, con mucha gente y se dirige hacia la oscuridad. El otro es mucho más pequeño y está yendo a la luz de la tierra prometida. Explica que pretendes decir con todo ello.

Roy: La India está viviendo en diferentes siglos a la vez. Cada noche fuera de mi casa me cruzo con un grupo de trabajadores que en la carretera cavan una zanja para colocar cables de fibra óptica y acelerar nuestra revolución digital. Trabajan con la luz de unas pocas velas. Eso es lo que hoy está sucediendo en la India. El convoy que desaparece en la oscuridad no tiene voz. No existe en la televisión. No ocupa un lugar en los periódicos nacionales. Y así pues no existe. Aquellos que se encuentran en el convoy pequeño, en su camino hacia su brillante destino de la cima del mundo, han perdido totalmente la capacidad de poder ver al otro. Así pues, en Nueva Delhi los coches son cada vez más grandes y lujosos, los hoteles cada vez más elegantes, las verjas cada vez más altas, y los guardas ya no son los antiguos chowkidars, los vigilantes, sino que son unos tipos armados. Y, con todo, a los pobres los meten en agujeros como hormigas. Eso la gente es ya incapaz de apreciarlo. Es como si alumbraras con una luz muy brillante algún lugar, y la oscuridad a tu alrededor se intensificara. No quieren saber lo que está sucediendo. La gente que se está enriqueciendo es incapaz de imaginarse que el mundo no es un lugar mejor.

Q: Tú tomaste la decisión, o fue tomada en tu nombre, de identificarte o ser parte de ese gran convoy.

Roy: Yo no puedo ser parte del gran convoy porque no es una decisión que uno pueda tomar. El hecho de que sea una persona educada significa que no puedo estar en ese convoy. No quiero estar en él. No quiero ser una víctima. No quiero desaparecer en la oscuridad. Soy una artista y una escritora, y creo que uno siempre se coloca en la escena para ver dónde encaja. Me fui de casa cuando tenía dieciséis años y viví en lugares donde para mí hubiera sido muy fácil decantarme hacia el otro lado. Podría haber estado en el gran convoy, porque era una mujer y estaba sola. En la India, esto no es una broma. Podría haber acabado muy mal. Soy afortunada porque eso no ocurrió. Creo que mis ojos se mantuvieron abiertos, y ahora ya no se cierran. A veces deseo poder cerrarlos y apartar la mirada. No quiero estar siempre haciendo este tipo de trabajo. No quiero obsesionarme con ello. Por quien yo soy y por el lugar que ocupo ahora en la India, me piden siempre que me involucre. Es agotador y muy difícil tener que decir: 'Mire, soy sólo una persona, no puedo hacerlo todo'. Sé que no quiero perder mi sentido del humor. Pero cuando ves ciertas cosas, no puedes pasarlas por alto, y no ver nada, es un acto tan político como verlas.

Q: ¿Estás pensando en escribir otra novela?

Roy: Necesito la novela como tú necesitas comer o hacer ejercicio, pero justamente ahora es muy difícil. En este momento, no se cómo administrar mi vida. No sé cómo voy a ser capaz de conseguir abrir un espacio y poder decir: "Ahora estoy escribiendo un libro, y no voy a ser capaz de hacer x o z". Me encantaría hacer eso.

Q: Tienes un sentido de responsabilidad con esas voces silenciosas que te están llamando.

Roy: No, no me siento responsable; ésa es una palabra muy aburrida.

Q: Estás en una situación privilegiada. Eres una celebridad en la India y también afuera.

Roy: Pero por norma, nunca hago nada para que ser una celebridad. Lo que hago, lo hago como ciudadana. Me atengo a lo que escribo y llevo a cabo lo que escribo. Para mí es muy fácil empezar a creerme la publicidad sobre mi persona, ya sea a favor o en contra. Puede darte una idea absurda de ti misma. Sé que hay un agradable equilibrio entre el aceptar tu propio poder con elegancia, y el abusar de él. Y nunca quiero retratarme como una representante de los que no tienen voz. Eso me da miedo. Pero una de las razones por las que la gente se enfada tanto conmigo es porque ahora tengo el espacio que muchos otros que piensan como yo no tienen. Quizás fue un error para mucha gente el haber abierto su corazón al El dios de las pequeñas cosas. Porque con él entraron sigilosamente muchas presas y muchas bombas.

David Barsamian es director de Alternative Radio en Boulder,
Colorado y colaborador habitual de la revista
The Progressive


FUENTE:
http://www.the-south-asian.com/Sept2001/Arundhati_Roy-Interview1.htm