![]() Momento en que hace efectiva su entrega. |
"El origen de todo, y, por supuesto, de las creencias de los pobres que vieron en mí una especie de redentora, es la tremenda miseria e injusticia que esas gentes sufren en la India. Aquí ocurren una serie de cosas terribles, y cuando yo actuaba en contra del orden establecido, brotaba ese intento de deificarme, causado, sobre todo, por la desesperación de las castas más bajas". |
Durga es una de las personalidades más terribles de Parvati, la consorte de Shiva, el dios de la trimurti o Santísima Trinidad de la cosmología hindú, que destruye el Universo y vuelve a crearlo a partir de la energía que se desprende de su danza tandava. A Durga se la representa encabalgada a lomos de un tigre y portando un arma en cada uno de sus 10 brazos con las que abate a los demonios.
No es casual que la mujer que acaba de ser tiroteada y muerta a las puertas de su casa de Nueva Delhi rezara a Durga. Porque algo parecido a una reencarnación de Durga debieron de ver en ella los miles de campesinos miserables de las castas más bajas del norte de la India, cuando el 14 de febrero de 1981, en una especie de reedición de la matanza de Texas, la menuda Phoolan, al mando de su partida de dacoits (bandoleros), los legendarios asaltantes de caminos indios que todavía hoy actúan en zonas remotas del subcontinente, se llevó por delante a 22 hombres de la aldea norteña de Behmai.
Un año antes, Phoolan Devi se había enrolado en una banda de ladrones de poca monta, casi todos pertenecientes como ella a la subcasta mallah, una de las más bajas de la India. Secuestrada por una banda rival de takhures, otra casta que en este caso desprecia a los mallahs, estuvo retenida durante un mes en la aldea de Behmai, violada, escupida y golpeada sistemáticamente cada noche por gran parte del pueblo, mientras la otra parte miraba hacia otro lado.
Cuando se cansaron de ella, una mañana la desnudaron y la obligaron a traer agua del pozo hasta la placita de Behmai para que todos pudieran reírse de su lamentable estado. Pocas humillaciones pueden resultar más ultrajantes para una mujer en la India que la exposición de su cuerpo en público; eso es casi peor que una violación.
Transcurrió ese año y San Valentín o la diosa Durga quisieron que fuese precisamente un 14 de febrero el fatídico día en que una partida de terribles dacoits con bandas de tela roja en la frente, armados con rifles y encabezados por aquella misma mujer de apenas un metro sesenta de estatura, pero esta vez con fuego en los ojos, entrara por sorpresa de nuevo en Behmai. |
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Los hombres tomaron el pueblo mientras Devi se paseaba lentamente por la plaza, el mismo lugar donde un año antes la gente se había congregado para mofarse de aquella piltrafa. De pronto, reconoció a un jovencito que se había ensañado especialmente con ella y que en sus repetidas violaciones, de paso, le atizaba unas buenas tundas acompañadas de escupitajos. «Hoy no pareces tan valiente», increpó Devi al aterrorizado muchacho. Y le descerrajó un tiro en la rodilla, donde más duele. Después, mandó a sus hombres que cargaran con él. Eligió o quizás puede que fuera al azar, o que recordara algunos rostros entre sus pesadillas, a otros 21 hombres del pueblo y los condujo a la orilla del río. Allí fueron asesinados y aquel día, en la India nació una leyenda.
¿Qué piensa de la venganza? ¿Es un acto lícito en determinads circunstancias?
La vida es una cuestión de acción y reacción. A mí me hicieron cosas terribles y no me iba a quedar con los brazos cruzados.
Fue su respuesta en aquella tarde de 1994. Menuda, con vocecilla de niña y aspecto frágil acentuado por el cáncer vaginal que entonces padecía y del que finalmente se operó hace ahora unos meses en EEUU, costaba reconocer en ella a quien habían bautizado años atrás como la Reina de los Bandidos. Salvo en momentos y respuestas como aquéllas, cuando los ojos se le encendían como tizones, acaso con intensidad parecida a la que mostraban desafiantes en los años de clandestinidad.
Entre 1981 y 1983 la banda de Devi atacó trenes, autobuses y aldeas y mantuvo en jaque al Ejército y la policía indios, que fueron incapaces de atraparla entre las escarpadas cañadas de Madhya Pradesh, el gran estado norteño de la India.
ROBIN HOOD
En muchos de los pueblos que estos dacoits tomaron, Devi se subía a un tejado con un megáfono y ordenaba a los más ricos que sacaran todas sus joyas y rupias a la calle. Luego tomaba gran parte del botín y repartía el resto entre los desheredados de la aldea.
"Antes de dejar el pueblo, advertía que si se atrevían a reclamar lo entregado, volvería y ella solucionaría el problema a su manera. Se trataba, a veces, de gente que trabaja en las propiedades de los terratenientes por 50 rupias (200 pesetas) al mes y de mujeres que lo hacían por jornadas enteras en el campo para conseguir una botella de leche para sus niños», me contaba en su casa de Gulboar Park en la capital india.
Todos esos asaltos le valieron una fama de Robin Hood entre los campesinos, alguien que robaba a los ricos para dárselo a los pobres, aunque ello no fuera del todo exacto. Pero sobre todo le granjeó una reputación de vengadora, de Durga, entre las mujeres más débiles. «En la India, si eres pobre y te violan, vas a la policía y en la comisaría te violan de nuevo», decía.
Y sabía de lo que hablaba. La historia de los padecimientos de Phoolan Devi no empezó en Behami, ni mucho menos. De hecho, los primeros años de su vida trazan una estampa casi de libro de la miseria y la injusticia que todavía hoy sufren en la India las castas más bajas y más aún si son mujeres , por mucho que la Constitución hubiese abolido legalmente las desigualdades sociales.
La futura Reina de los Bandidos nació hacia finales de los años 50 en Gurha ka Purwa, una remota aldea del Estado de Uttar Pradesh, en el norte de la India. En el momento de esta entrevista, calcula que tendría unos 38 años, pero la verdad es que ni ella sabe con certeza su fecha de nacimiento. Cuando tenía unos 11 años su familia la entregó a un hombre de 35 a cambio de una bicicleta y una cabra.
Su marido y su suegra la trataron a palos y Phoolan hizo algo impensable en el código que rige el sometimiento de las mujeres más pobres en las aldeas indias: se escapó y volvió a casa de sus padres, donde fue rechazada por su osadía y repudiada por todo el pueblo. Más tarde, su primo, miembro de una rama de la familia siempre enfrentada al entorno de Devi, la denunció a la policía por robo y en la comisaría fue golpeada y violada.
![]() Con su marido Ummed Singh |
Cuando fue liberada, Phoolan empezó su vida en grupos de rateros que cometían pequeños robos, sobre todo en las aldeas dominadas por los clanes takhures. |
EL GRAN AMOR
En los tres años que la banda sembró el terror entre los terratenientes y los miembros de las castas más altas de las aldeas, y que Devi consideraba sus enemigos, uno a uno fueron cayendo casi todos sus lugartenientes en tiroteos con la policía. Incluido Vikram, su gran amor y seguramente la persona con la que había conocido sus únicos momentos de auténtica dicha. Él fue quien la empujó definitivamente y sin retorno hacia la clandestinidad. En julio de 1979 Phoolan Devi había sido secuestrada por una cuadrilla de ladrones y, una vez más, ultrajada. Después de varios días, Vikram, uno de los miembros de la banda raptora, arremetió contra su cabecilla, lo mató y liberó a Devi.
Con el bandolero salvador, que falleció asesinado en 1981, la joven compartió una forma de vida sin duda excitante. Una suerte de existencia a lo Bonnie and Clyde con tablas y sitares sustituyendo los banjos en la que años más tarde se inspiraría uno de los cineastas indios más conocidos, Shekhar Kapur, para rodar la película Bandit Queen (La Reina de los Bandidos).
El filme, en el que otro de los santones de la cultura oriental en el extranjero, el maestro de la música quwwali del norte de la India y Pakistán, Nusrat Fateh Ali Khan, firmó la banda sonora, triunfó en los festivales de Toronto y Cannes en 1994. Pero, apesar de los parabienes internacionales, nunca llegó a convencer del todo a Devi. La Reina de los Bandidos siempre quiso que se denunciaran las vejaciones que había sufrido, pero al mismo tiempo, no podía dejar de sentir cierta vergüenza cuando se aireaban a la luz pública.
En febrero de 1983, la Reina de los Bandidos, extenuada y harta de esconderse en madrigueras, pactó con el Ejército una rendición. Se entregaría y liberaría sus armas con dos condiciones: en primer lugar, no ser condenada a muerte; en segundo lugar, que no se la juzgara en el distrito de Behmai, donde la animadversión a su persona era, lógicamente, mucho mayor que en cualquier otro lugar de la India y no contaba con el apoyo que los campesinos y las mujeres e incluso ciertos sectores de la opinión pública le brindaban en otras zonas del país.
El día de su rendición unos 10.000 campesinos acudieron para aclamarla y un griterió que invocaba a Durga estalló en el momento en que entregó sus armas al gobernador del distrito.
Phoolan Devi compareció ante la Corte de Gwalior e ingresó en el penal por los 53 casos pendientes por robo, asalto, pertenencia a banda armada, asesinato, etcétera que se le imputaban. Pero la causa fundamental, las 22 muertes de Behmai, nunca pudo aclararse completamente. Todos los testigos estaban muertos y Devi siempre aseguró que simplemente quiso dar un susto a aquel pueblo de malvados algo que algunos letrados consideraron una actuación lógica y hasta cierto punto moderada, pero que en aquella orilla del río, su amante, montó en cólera y los ametralló...
En 1994 la Reina de los Bandidos se benefició de un indulto parcial. A la hora de concederlo, las autoridades consideraron las circunstancias de tremenda injusticia en que se habían desarrollado su vida y sus crímenes. Había pasado 11 años en las cárceles de Gwalior y Tihar.
Gracias a la enorme popularidad que había adquirido, Devi no tuvo que volver nunca más a la miseria de las aldeas. Conoció a un constructor adinerado, se casó y se instaló en Nueva Delhi. Pero tampoco se contentó con quedarse en casa preparando chapatis y en 1996 se presentó a las elecciones en Mirzapur (en el Estado de Uttar Pradesh) en una lista del partido socialista Samajwadi y consiguió un escaño que renovó en los comicios de 1999.
CUENTAS PENDIENTES
Devi tenía muchas cuentas pendientes. Sobre todo con los takhures y, más en concreto, con los familiares de las víctimas de Behmai, que nunca aceptaron el indulto. Las crónicas cuentan que nada más enterarse de la noticia, un muchacho cogió su bicicleta y recorrió todo el pueblo al grito de «Buenas noticias; la asesina ha muerto».
La policía, sin embargo, ha situado el origen del atentado en los enfrentamientos entre los partidos políticos de Uttar Pradesh, donde el Bharatiya Janata Party (BJP), la formación que ocupa el Gobierno de la nación y que representa a las castas más altas, mantiene una lucha encarnizada con el Partido Samajwadi de Devi.
También hay quien apunta a su marido. Devi había puesto cuatro denuncias contra él por malos tratos y se dice que quería el divorcio. Se esclarezcan o no algún día las circunstancias del asesinato, la leyenda de la Reina de los Bandidos no hará más que crecer gracias a un final también legendario.
¿Realmente es usted tan religiosa, señora Devi? le pregunté cuando salía de su bungaló y ella se inclinaba de nuevo ante su altar.
No hay Dios ni religión en la India para los pobres; sólo para los ricos. Yo creo en Durga, que también luchó contra la injusticia. Ser mujer en la India significa someterse a la gran opresión de los hombres. ¿Cuándo llegará el día en que vuelva Rama a rescatarnos a todas las Sitas de la India, como nos cuenta el poema sagrado Ramayana?