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BIOGRAFÍASRudyard Kipling:  Éxito y contradicciones



RUDYARD KIPLING

Breve biografía por: Eduardo Alonso


Texto disponible:



"Cuentos de la India"

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RUDYARD KIPLING (1865-1936) nació en Bombay, en un ambiente familiar acomodado y culto. Bombay es:
Para mí la Madre de las ciudades,
pero nací a sus puertas,
entre las palmeras y el mar,
donde el mundo y los barcos esperan...

Su padre era director de la Escuela de Artes y Oficios y su madre una mujer interesada por la literatura. En sus memorias, muchos años después, Kipling recordará aquel mundo de la infancia como paradisíaco, porque aprendió a mirar con los ojos sensibles de su padre -al que rinde homenaje en la figura del director del museo de Lahore en el cap. 1 de Kim- y evoca el taller de la escuela -oloroso a pintura y aceites, con montones de arcilla para jugar-, los mercadillos de frutas de la ciudad, tan bulliciosos y coloridos, los cuidados de los sirvientes indios que le enseñaban la lengua nativa. En esa lengua pensaba y soñaba y, como le sucede a Kim, la competencia de dos lenguas -hindi e inglés- dará como resultado una identidad escindida: el conflicto de un hombre demediado entre la infancia y la madurez, entre su sensibilidad de artista y su pensamiento conservador que prefiere al hombre de acción y, quizá el más grave de todos, su condición de anglo-indio.

Ese paraíso de la infancia lo pierde a los seis años. Su madre lo lleva a Inglaterra y se queda al cargo de una familia puritana y despegada. "Una Casa de Desolación" aquella de Southsea, tan opuesta a la Casa Maravillosa que Kim ve en su niñez feliz en Lahore. La lectura es un refugio. En sus memorias -Something of Myself, "algo sobre mí"- tal vez exagera el horror de aquellos años y las vicisitudes posteriores en un internado, que novelará en Stalky & Co. La niñez de Kim es todo lo contrario, libre del mal, del odio y de la violencia (cap. I). En 1882 Kipling regresa a la India, a Lahore, en el Panjab; donde su padre es el director del museo. Los meses calurosos los pasan en Simla, capital veraniega de la colonia, con el palacio del gobernador, teatros, balneario y paseos para recreo de la alta sociedad oficial. También en Sim1a se encontraba la tienda de un "médico de perlas enfermas", personaje recreado en el cap. IX, el siniestro y misterioso sahib Lurgan.

A los diecisiete años inicia su trabajo de periodista en el diario Civil and Military Gazette. Los viajes le permiten contemplar el espectáculo abigarrado de los caminos y ciudades de la India, un mundo tan distinto y distanciado del de los barrios y clubes para británicos que frecuenta por obligación profesional y por pertenencia étnica y social: bailes, polo, fiestas, conversaciones, intereses y dengues de la sociedad victoriana. Departamental Ditties es su primer libro; poemas de algún interés satírico y costumbrista. Poco después, Cuentos de las colinas, un libro de relatos sobre tres soldados vividores y activos.

Da la vuelta al mundo, reside unos meses en Inglaterra, e inicia una carrera meteórica de reconocimiento y éxitos literarios con los cuentos de Baladas de cuartel y la novela La luz que se apaga, publicada en folletón en Estados Unidos. Regresa a la India en 1889, a Lahore; viaja por Asia, se casa y residirá cuatro años en Vermont (EE.UU.). Vuelve "a casa", a Inglaterra, en el 86. El decenio de 1890?1900 es el decisivo en su vida ?vida familiar estable, trabajo fecundo: El libro de la selva,Capitanes intrépidos, Los siete mares, Kim, prestigio y popularidad? y coincide con los momentos culminantes del imperialismo británico. Después, desde Sudáfrica, es cronista de la guerra de los Boers, recibe el premio Nobel en 1907, y desde su residencia en Sussex verá los acontecimientos de la Primera Guerra Mundial y los cambios subsiguientes reafirmando sus viejos principios conservadores.

Polémica su figura: por una parte, al decir de muchos, pregonero y profeta del imperialismo; por otra, fabulador de historias entretenidas, capaz de escribir Kim y atisbar la confrontación irreductible entre dos perspectivas, la de Kim y la del lama Teshu (es decir, acción/contemplación, utilitarismo/quimera, compromiso/liberación interior). Según sentencia Borges, Kipling está "urgido por una patriótica perversión". Esta "lacra" lo llevó a tolerar sentimentalmente el paternalismo colonizador con los "nativos", el mesianismo del Imperio Británico, y el destino evangelizador y heroico de sus compatriotas, convencido de que los Blancos deben cargar con su destino, con las guerras salvajes de la paz ("take up The White Man's burden / the savage wars of peace"); defenderá siempre la fe en la Ley y en las convenciones -que en cada momento dictan disciplina, orden, tradición, sublimación del deber- y un romanticismo desfasado al confiar en las fuerzas del poder en plena época victoriana o, más grave aún, en el primer tercio del siglo XX. Y lo curioso de todo esto es que esa ideología no provenía en Kipling de prejuicios de clase, sino, tal vez, de su dualidad de origen anglo-indio, de su infancia feliz en Bombay y desasistida en Inglaterra. Kim, su mejor novela, es una inmersión afectiva en esa interioridad del autor, y al predominar en ella la capacidad evocadora y sensible del narrador queda en segundo plano esa otra cara del Kipling periodista o del hombre que se convirtió en abanderado del imperialismo. La buena obra literaria cuenta siempre con la complicidad del tiempo, "que con extrañas excusas perdona a Kipling y sus puntos de vista", según escribió el poeta W.H. Auden.

FUENTE:
Extraido de "KIM" publicado por Vicens Vives
en su colección "Aula de Literatura"




OBRAS

A los 21 años publica su primer volumen de poesías Departmental Ditties (1886), después, al año siguiente, su primer libro de relatos, Cuentos de las colinas (1887), que pronto será seguido de otros seis. En el escenario de la vida india, visto desde el punto de vista de un inglés, cuenta estos relatos empleando una lengua directa y vigorosa que sazona con el argot empleado por el ejército de la India.

En 1889 llegó a Londres con una carpeta de cuentos y baladas que se convertirían en 1890 en un éxito editorial. Incluían estos trabajos algunas reimpresiones de su obra primera y muchos relatos nuevos sobre la India y el ejército británico; sus Barrack Room Ballades (Baladas del cuartel, 1892), un género nuevo en la poesía inglesa; y una novela autobiográfica suavemente enmascarada, The Light That Failed (La luz que se extingue, 1891).

A los 25 años era ya un autor cotizado y también tema de controversia entre los críticos, que encontraban un motivo de alarma en su virilidad y en su franqueza. Después de un viaje en derredor del mundo instaló su hogar en Vermont junto con su esposa norteamericana, Caroline Balestier. Aquí escribió los cuentos recogidos en Many Inventions (Invenciones varias, 1893) y The Day's Work (El trabajo cotidiano, 1898), que revelan gran habilidad y madurez, al tiempo que sus poemas, coleccionados en The Seven Seas (Los siete mares, 1896), introducían en la literatura un nuevo tema, la oda al maquinismo. También comenzó a escribir una serie de libros tratados a dos niveles: uno para los niños y otro para los que hallan en éstos su filosofía de confianza en uno mismo postulada por Emerson. Los dos Jungle Books (Libros de la selva, 1894-95), Captains Courageous (Capitanes intrépidos, 1897), Stalky and Co. (1899), Kim (1901), al que se suele considerar el mejor libro escrito por un europeo sobre la India, y los cuentos de «Puck» sobre la historia inglesa tuvieron una gran influencia sobre la generación que era joven antes de la I Guerra Mundial.

Sus dos odas, Recessional (1897), que festejaba el 60 aniversario de la reina Victoria, y The White Man's Burden (La carga del hombre blanco, 1899), alertaban a los británicos contra el orgullo imperialista e instaban a los Estados Unidos a asumir la tarea de ayudar a los países subdesarrollados.

Kipling figura entre los principales escritores de relatos ingleses. Como poeta destaca por sus versos escritos en la jerga habitual de los soldados británicos. Su literatura gira siempre en torno a tres ejes: el patriotismo, el deber de los ingleses de llevar una vida de intensa actividad y el destino de Inglaterra, llamada a ser un gran imperio. Su insistencia en este último aspecto era sin duda un eco del pasado victoriano y perjudicó gravemente su reputación como escritor en los años posteriores a la I Guerra Mundial.Los estudios recientes han llamado la atención hacia la agudeza de sus últimas narraciones, desde Traffics and Discoveries (Tráficos y descubrimientos, 1904) hasta Debits and Credits (Cargos y créditos, 1926).




Rudyard Kipling, una forma de felicidad

Ignacio F. Garmendia




Es sabido que la recepción de Kipling pasó de la temprana y extraordinaria popularidad que le abrió las puertas del Nobel, en 1907, con tan sólo cuarenta y dos años, a un cierto desprestigio debido a razones fundamentalmente políticas, derivadas de su defensa a ultranza del imperialismo, que le ha acarreado la no inmerecida aunque matizable etiqueta de reaccionario.

Así, durante demasiado tiempo, la obra del autor de tantas narraciones memorables, poeta asimismo valioso, ha sido vista como un mero y pintoresco testimonio de la era victoriana -que Kipling sobrevivió largamente-, literatura juvenil dirigida a nostálgicos incondicionales del género de aventuras. Pero esta visión reduccionista hace tiempo que fue superada, y hoy el escritor, que nunca perdió el de los lectores, parece haber recobrado el favor de los manuales, una revalorización a la que no ha sido ajena, en lo que se refiere al mundo de habla hispana, la sostenida y apasionada defensa de Borges.

Como su medio contemporáneo del otro lado del océano, Jack London, menos tosco y brutal, Kipling celebró el heroísmo de una labor civilizadora en la que creía sinceramente, sin excluir los aspectos más oscuros, como el racismo inherente a una ideología que consideraba la sagrada misión del hombre blanco como un deber y una carga.

Según su concepto, Gran Bretaña estaba poco menos que predestinada, en virtud de su indudable supremacía, para ejercer una tarea, la de extender la civilización y el progreso, cuyos designios habían de imponerse, si era necesario, por la fuerza. Ahora bien, acaso por haber nacido en colonias, y no en cualquier sitio sino en la India milenaria, al contrario que otros defensores de la misma indefendible visión imperialista, Kipling no tenía de las naciones colonizadas esa pobre imagen mezcla de soberbia e ignorancia que aún hoy exhiben, tan sin pudor, los peores de sus herederos contemporáneos. Así, por ejemplo, la atracción del autor por la cultura hindú no era ni hubiera podido ser, en alguien que tenía el hindi como lengua materna -"el idioma vernáculo de nuestras meditaciones y ensueños"-, superficial, al modo de esos viajeros atraídos por el exotismo de costumbres cuyo significado desconocen.

Desde su infancia, cuando escuchaba fascinado las historias que le transmitía Meeta, su criado hindú, la imaginación de Kipling quedó impregnada de ese mundo fabuloso que sentía, porque lo era, como algo propio.

Perteneciente a su ciclo hindú, del que es, junto a los Libros de la Selva, la más afortunada expresión, Kim cuenta las aventuras de Kimball O'Hara, un hijo de irlandés e inglesa que tras quedar huérfano es criado como un indígena, en Lahore, hasta que lo descubren y reconocen. Este doble origen, compartido por Kipling -las dos culturas superpuestas que conviven en él y en el país-, es la base de la novela, que combina reflexión y peripecia, con personajes tan cautivadores como el lama tibetano que ejerce de maestro de Kim, en compañía del cual emprende una peregrinación mística, interrumpida por la incorporación del protagonista al servicio secreto del espionaje británico, para el que desempeña varias misiones en el marco de la lucha política entre las potencias coloniales.

Pero Kim es mucho más que un excelente y cautivador relato de aventuras. Lo dijo el propio Kipling, en su autobiografía, refiriéndose al que fue sin duda uno de sus libros más queridos: "Hay mucha belleza en él, y no poca sabiduría". Cabe añadir, en fin, para concluir al modo borgiano, que la lectura de Kim es una de las formas, no la menos grata, que adopta la felicidad.

FUENTE:
http://www.diariodecadiz.com/pg030816/cultura/cultura251663.htm



 

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