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ONGsVICENTE FERRER - Su Obra



Vicente Ferrer


"La pobreza y el sufrimiento no están solamente para ser entendidos,
sino para ser resueltos".




La India es un perfecto ejemplo de diversidad de gentes y paisajes. Lo ancestral y milenario se confunden en la era moderna, tecnológica y contradictoria: sumida en la pobreza se apunta a la carrera nuclear. Y de la India, un país con 900 millones de habitantes, donde cada segundo nace un bebé, con treinta religiones... Allí vive un hombre considerado santo en esa tierra, el hombre de los pequeños milagros: Vicente Ferrer. Este catalán de ochenta años, licenciado en Filosofía y Teología, recibe una fulminante revelación mística en plena batalla de la Guerra Civil española, en la que combatía por el bando republicano. Él prefiere llamarla "imaginación, no me gusta llamarla visión ni revelación, no creo que yo llegue a esas alturas divinas. Vi el Universo como una noche inmensa, pero en un rincón había una pequeña luz.. Tuve un combate interno -asegura- para ver dónde me presentaba, si al lado de la noche o al lado de la luz, y después de luchar internamente opté por la luz, aunque fuese la perdedora. Esa luz, representaba el Ser Último, el que nunca ha nacido, el que nunca muere, el que no tiene forma ni nombre, al que nuestros ojos no llegan. Ese descubrimiento de Dios es el que ha guiado toda mi vida...". Al finalizar la guerra, se "alista" en otra "compañía" que luchaba de forma diferente: la Compañía de Jesús. "Entré en la Compañía y quise ver a Dios cara a cara, hasta que a lo largo de los años me di cuenta que lo tenía que ver en nuestro hermanos pobres".



VIAJE A LA INDIA


Convertido en jesuita llega a la India en 1952 con el objetivo de ayudar a los más pobres y conseguir una vida más digna para la comunidad de los dálits, antes llamados intocables, y suman más de 100 millones en toda la India. Inicia su trabajo con los aborígenes varlis y katkaris, hasta que en 1958 se traslada a Manmad, convirtiéndose en un pionero del desarrollo integral en el tercer mundo. "Yo no he venido aquí para facilitar una buena estadística de bautizos" -recuerda-. Sus palabras escandalizan, y tras lograr que una tierra estéril diera frutos gracias a la construcción de cientos de pozos y bombas de agua, cuando iniciaba la construcción de un hospital y una escuela, es expulsado de la India en 1968. Algunas personas influyentes no veían con buenos ojos que un extranjero intentase paliar la pobreza del país, y le acusaban de hacer conversiones; mientras, la Compañía de Jesús responde que sólo realiza una labor social y Ferrer apostilla que la obra social es el verdadero amor. Miles de personas se manifiestan en Bombay reclamando su vuelta, y la mismísima primera ministra Indira Ghandi, enterada de lo sucedido, le pide que regrese.

Ese mismo año es propuesto para el Nóbel de la Paz con el apoyo de 25.000 firmas de la India. De vuelta al país, se establece en Anantapur (la ciudad del infinito) en el estado de Andhra Pradesh, una región con cerca de 200.000 kilómetros cuadrados y más de 600 pueblos. Continúa allí su labor, constituyendo en 1969 el Rural Development Trust (RDT), Consorcio para el Desarrollo Rural, que gestiona y dirige todas las acciones de cooperación que se llevan a cabo en la comunidad, donde se hacen patentes los principios de dignidad, igualdad, solidaridad y buena acción. "La acción buena tiene en sí un valor interno que la pone a un nivel mucho más alto que el Universo entero, más alto que las filosofías, y comprende en sí a todo esto y al mismo Dios. Esta acción buena -nos dice- la podemos hacer todos, el rico, el pobre, el ignorante, el sabio... Esto es lo que quisimos en la India, hacer cosas que mejoraran la vida de la gente".



TRABAJAR CON LOS INTOCABLES


"La pobreza y el sufrimiento no están solamente para ser entendidos sino para ser resueltos". Y para eso Vicente Ferrer lleva cuarenta años en la India. Incansable, pese a su edad y un cáncer de piel que hace que se le conozca allá como "el hombre del paraguas", objeto imprescindible para protegerse del Sol. Nos cuenta la visión que como occidental y jesuita tuvo al llegar a la India. Y como contrapunto, la visión actual, después de integrarse en el territorio, con sus gentes, sus costumbres, aprender su lengua, y haber abandonado la Compañía de Jesús para dedicarse de lleno a su obra, con el apoyo de Ana, su mujer, y cientos de voluntarios.

"Yo me siento bien en todas partes. Entrar en la India y ver la pobreza y después intervenir en ella no produce en mí ninguna reacción más que la de ayudar, hacer el bien. Cuando yo llego a la India llevo dentro de mí un deseo intenso de poder servir a los demás, así que cuando me encuentro en aquella situación me alegro mucho de poder ser útil a la gente -confiesa-. En aquella época entendíamos muy poco del desarrollo de los pueblos. Los primeros pasos fueron muy asistenciales, se les proporcionaba a la gente alimento. Pero visitando un pueblo los campesinos me dijeron: Vamos a emigrar, hay sequía, no hay trabajo... Entonces -continúa-, se nos ocurrió decirles que no se marcharan y que con el trigo que teníamos para dar alimentos íbamos a hacer un intercambio: ellos cavaban pozos y nosotros les dábamos el trigo como pago a cambio de que ellos se ayudaran a sí mismos. Ahí empezó el segundo nivel del desarrollo, ya no es dar algo por nada, sino usar inteligentemente lo que se tiene. Yo me alegro mucho de darlo todo, no tengo escrúpulos de conciencia en esto, pero veo que hay procedimientos que pueden ser más útiles para los pobres y decidimos utilizarlos".



LA VIDA Y LA MUERTE


La religión está presente en cada acto de la vida en la India, todo es un ritual. Las miles de castas, desde el brahman hasta el dalit, pasando por castas insólitas como las prostitutas sagradas o los eunucos, viven la espiritualidad de forma intensa. Gurús, fakires, shadus..., se encuentran por doquier con sus prédicas, su ascetismo, su serenidad; esa forma tan peculiar de afrontar la pobreza y la miseria que los rodea. La India nos ha dado personajes tan dispares como la Madre Teresa o Sai Baba. Sobre este último, Ferrer nos confesó que parecía llevar un trabajo serio pero que pese a encontrarse muy cerca geográficamente nunca se habían conocido. "Resulta muy difícil acceder a un gurú con su fama, aunque reconozco que nuestros trabajos son como la noche y el día. Pero yo respeto su labor". Con Vicente Ferrer también hablamos sobre la forma de afrontar la muerte en el contexto hinduista. Una experiencia a la que, desgraciadamente, está acostumbrado un pueblo que se enfrenta en ocasiones a ella con la certeza de que con una justa redistribución de la riqueza podrían evitarse muertes por hambre y enfermedad.

"La creencia en la transmigración de las almas y el karma ayuda mucho al pueblo indio cuando piensa en esta vida y en la próxima. El karma tiene aspectos positivos muy buenos porque dicen que ofrece la oportunidad de remediar estos karmas negativos de tu vida, y cuando vuelvas a nacer irás progresando hasta que al final cuando ya te hayas liberado de todo, de tu nombre, de tu forma..., entonces serás Dios. Éste es el sistema hinduista de la no dualidad, todo el mundo es apariencia, es irreal, sólo existe este ser inmenso que llamamos Dios y tú eres Él. Un poco complicado pero no está mal" -concluye-. Ferrer sonríe cuando habla de estas cosas. Su tolerancia y respeto hacia otras creencias, culturas y tradiciones diferentes a aquellas en las que fue educado hacen de él un ejemplo perfecto de ecumenismo integrador.

Habiendo estado en varias ocasiones al borde de encontrarse con ese Dios que tanto ama, él concibe la vida y la muerte como un lienzo trasparente detrás del cual se encuentra el misterio de Dios. "Es importante que no monopolicemos a Dios, que no lo clasifiquemos, que no lo atemos".

Situándonos en la India, el vivir y el morir de los intocables es muy duro. "Hay que tener en cuenta que se cree que internamente están manchados y si alguien les toca se tiene que purificar. Tuvimos una vez un médico brahman en la comunidad que para observar a los enfermos se limitaba a mirarlos y pedir que les sacaran la lengua, no podía ni tomarles el pulso. Hacer una pregunta en la India, por ejemplo, sobre los intocables no es de buena urbanidad".

Pero también en la India el vivir y el morir son diferentes, porque las creencias que rigen allí son diferentes: la paz y la serenidad frente a los miedos y las angustias de Occidente.

Vicente Ferrer se ha convertido en un líder carismático en la India, pero difiere de otros líderes en el contenido de su discurso. No habla de política sino de amor. Con su experiencia de trabajo, su afabilidad y entrega, ha demostrado que la voluntad es una fuerza capaz de mover montañas y ha dado sentido a la palabra solidaridad. "El hombre de los pequeños milagros", como le denomina el vídeo informativo de la Fundación, ha hecho grandes "milagros" en la India: lo que antes era un paisaje yermo y desolado ahora es un vergel. Donde antes había enfermedad y analfabetismo ahora hay miles de niños y niñas sanos y liberados de la ignorancia. "Yo quiero ser un hombre contemplativo en la acción. El sentido de mi vida es hacer el bien. Yo creo que existe el mundo del bien en esta tierra, y hay que vincularse a él para dar sentido a nuestra vida".


FUNDACIÓN VICENTE FERRER


En 1994, se creó en nuestro país la Fundación Vicente Ferrer (FVF), para apoyar la labor que realiza en la India. Tras un patronato que presiden Vicente y Ana Ferrer, la fundación ya tiene siete sedes en España y brinda su apoyo a través del sistema de apadrinamientos, socios-colaboradores y proyectos concretos. En estos momentos cuentan con cerca de 50.000 socios que colaboran apadrinando niños y niñas del distrito de Anantapur. Pero si tenemos en cuenta que en la India hay más de un millón de intocables, todavía se siguen necesitando muchos más padrinos y madrinas. También la Fundación ha tenido acceso a subvenciones de ayuntamientos, gobiernos autónomos y diputaciones de casi toda España.

Uno de sus principios es que los recursos económicos se destinen íntegramente, en la medida de sus posibilidades, a los proyectos de la India, de los que en la actualidad se benefician más de un millón de personas. De ahí que el 92% vaya para este país, y sólo el 6% y el 2% se destinen a gastos de administración y comunicación, respectivamente. El sistema de apadrinamiento en palabras de Ferrer "no es un proyecto que termina en el niño, sino que va a la familia y de ésta a los pueblos enteros. La ayuda llega muy lejos gracias a los apadrinamientos, son muy eficaces. También -asegura- nos financiamos de otras formas; hace poco un señor que murió dejó toda su herencia para construir un hospital y así lo estamos haciendo. Hay municipios que nos han financiado escuelas para ciegos, otros han financiado plantaciones de árboles frutales... Para darte un dato: con un millón de pesetas, por ejemplo, podemos construir cinco casas. Si alguien se anima, ya lo sabéis".

Vicente Ferrer parece tener claro que "si les enseñamos cómo no ser pobres, lograremos que abandonen la miseria". Ésa es una de las ideas de Ferrer que alimenta el espíritu de la Fundación, en la línea del desarrollo social y económico de los dalits.

"Toda injusticia reclama una acción -dice-. Por esto hay diversos tipos de grupos voluntarios; unos luchan a escala internacional para contrarrestar esta desigualdad permanente en la sociedad, otros se especializan en colectivos determinados, y otros, como el nuestro, intentan dirigirse a una gran masa de población y erradicar la pobreza de las comunidades más vulnerables. Se requiere un trabajo organizado y sistemático a largo plazo en el que los objetivos sean la tierra (es muy importante que no la destruyamos) y los hombres, mujeres, niños y niñas. Y que las líneas de trabajo sean la educación, la sanidad, la organización de las comunidades... Nuestro objetivo es social y económico, operando en un ambiente donde existen las injusticias y promoviendo que esta estrategia de desarrollo no se interrumpa a largo plazo. Hay que tener una acción inteligente".



Fuente:
Artículo de Maria Ferraz en la revista "Karma 7"



 

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