Para los editores de periódicos indios, la crisis económica no es una dura
realidad, sólo una noticia más con la que llenar sus páginas. En el continente
asiático, y en especial en la India, se venden cada vez más periódicos y el
número de cabeceras crece sin cesar.
Las cifras que maneja el sector de la prensa escrita en este país reflejan
una situación envidiable: más de 60.000 periódicos venden cerca de 100
millones de ejemplares al día y se reparten los más de 200
millones de lectores habituales. Por si fuera poco, las ventas crecen a
un inquebrantable 8% anual desde hace un lustro y en la lista
de los 100 diarios más vendidos del mundo aparecen 19 cabeceras
indias. Incluido el número uno.
Se trata del 'Dainik Jagran' ('La alerta diaria'), un nombre
mucho menos conocido que los ilustres 'The New York Times', 'Pravda' o 'The
Washington Post', pero que vende tanto como los tres juntos.
Este diario se publica en hindi y es leído por más de 52 millones de
personas, algo inaudito y aún más llamativo si se tiene en cuenta que
su circulación es de sólo dos millones y medio de
ejemplares.
Es decir, que cada 'Dainik Jagran' pasa por más de 20 lectores
distintos. Es el diario más leído en la India desde hace más de una
década, y sus 37 ediciones en todo el país le aseguran una
penetración en la sociedad india sin igual.
"Hace seis o siete años que nuestras ventas crecen. Cada vez
que se publica una encuesta de medios, aumentamos nuestra ventaja sobre los
competidores, y en la actualidad el 'Jagran' vende tanto como los 25 periódicos
que se publican en inglés en este país. Creo que no podemos hablar de
crisis".
Quien así se expresa es Sanjay Gupta, el director del periódico y
descendiente del padre fundador Puran Chand Gupta, que concibió al 'Jagran' en
1942 como un medio de expresión genuinamente indio (o más bien
hindi parlante) frente a las gacetas de información pro británicas que se
ocupaban de lo que ocurría en Londres más que en Calcuta.
"En aquel entonces", recuerda Gupta, "nuestro diario ayudó a formar
una identidad nacional propia, y hoy nos sentimos orgullosos de tomarle
cada día el pulso a la democracia más grande del mundo con un
periodismo independiente y muy pegado al ciudadano".
Sólo en China se venden más periódicos que en la India, un país de
1.100 millones de habitantes. Con una tasa de alfabetización que casi
dobla a la de los años 80 y alcanza ya un esperanzador 70%, el número de
lectores potenciales es inmenso.
En la India, el precio de un periódico ronda los cinco céntimos de
euro por ejemplar. Es frecuente encontrar a tenderos, chóferes o
vigilantes con un diario a mano, y las bibliotecas públicas son, en la práctica,
salas de lectura donde se hacen turnos para hojear la
prensa.
"La prensa de un país es un reflejo de su sociedad. La India
es una sociedad democrática y muy diversificada, y por eso hay tantos periódicos
regionales, locales e incluso tribales, diarios hechos para cada
religión, cada etnia, cada orientación política, incluso para algunas
castas", asegura el profesor de Periodismo Himesh Narula.
Tal vez el empeño por atender a un banco específico de lectores sea lo que
movió a un grupo de mujeres 'dalit' (intocables, aún por debajo de la casta más
baja) a poner en marcha su propio periódico, llamado 'Olas de
noticias' en hindi. Sus intrépidas reporteras le roban tiempo a sus quehaceres
domésticos para sacar adelante un cuadernillo de ocho páginas
que sale a la venta más o menos cada cuatro días.
En este diario, con una tirada de 2.300 ejemplares, las
portadas las ocupan noticias como el incremento en el precio del arroz o
una nueva ley sobre las pensiones de viudedad, y sus redactoras,
algunas de las cuales aprendieron a leer y escribir hace poco, recorren
a pie los pueblos de su comarca para entrevistar a los
protagonistas.
Otro caso no menos llamativo es el del 'Musalman', que no
sólo es el periódico más antiguo en lengua urdu, sino que además tiene la
particularidad de que se escribe a mano desde que salió por primera vez
en 1928. Sus 23.000 subscriptores reciben puntualmente cada día
una copia de las cuatro páginas que la plantilla de 10
redactores se afana en completar con una caligrafía
exquisita.