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Los "ocupas" de las aceras - Sudder Street - Calcuta (Foto: Toni Marsal - Septiembre 2003)



TODOS NECESITAMOS AYUDA

Autor: Oscar Pujol
(Director de Programas Educativos de Casa Asia)

  ivimos un momento muy especial en el que por primera vez en la historia humana todos los pueblos de la tierra se encuentran frente a frente y se abren a la posibilidad de establecer un diálogo global. Ya no existe la posibilidad de refugiarse en las distancias para construir una imagen exótica y lejana del otro que no nos comprometa a considerarlo como a nuestro semejante. Blancos y negros, ricos y pobres, creyentes y ateos, todos quieren hacer oír su voz y expresas sus razones.

En este sentido, el primer logro de la cooperación internacional ha sido precisamente el de dar voz a los que no la tenían, el sacar a comunidades enteras de su silencio total, ya que el fin de la opresión empieza con su denuncia. Sin duda alguna queda mucho por hacer y se crean también nuevas zonas de silencio, pero el movimiento de solidaridad humana que se canaliza a través de la solidaridad internacional es imparable porque reposa sobre una necesidad sentida, tanto en el primer mundo como en el tercero: será imposible construir una casa Universal Humana si perduran las desigualdades extremas. Corremos entonces el peligro de rellenar de odio los cimientos de nuestra futura morada global y de convertir en ruinas lo que debería ser la ciudad humana del siglo XXI. La cooperación internacional está destinada a cumplir un papel esencial para lograr esa igualdad que está en la base de toda convivencia justa.

La globalización permite el encuentro entre los pueblos, pero al mismo tiempo proporciona también los medios para que se concentre mucho poder en pocas manos: grandes monopolios y grupos de presión que tienen la capacidad para influir en los gustos y las pautas de conducta de grandes sociedades humanas. Se perfila entonces una posibilidad aterradora: que este gran encuentro de civilizaciones degenere en un ejercicio de uniformación. El resultado sería la creación de fieles ciudadanos del Supermercado Global con la mirada perdida en el consumo y la sonrisa ausente de unos rostros siempre tensos que sólo se alegran ante la excitación de adquirir el último producto.

Este es, a mi entender, el segundo reto de la cooperación internacional, el que la cooperación sea realmente co-operación, es decir que implique un trasvase bidireccional de ayuda: del primer mundo al tercero y del tercero al primer mundo. No es sólo un intercambio tecno-científico y desarrollista el que se necesita, sino también un intercambio de valores que eviten el vaciado anímico que se está produciendo en algunos países ricos. En Estados Unidos ya son más de cinco millones el número de niños que han sido diagnosticados con el síndrome de hiperactividad. Existen en dicho país agencias que contratan guardaespaldas para que los padres se defiendan de sus propios hijos, adolescentes huraños y agresivos educados en la soledad de las pantallas televisivas y de los videojuegos. Aumenta cada vez más el número de familias desestructuradas y hay ya varias ciudades de Europa en donde el número de personas que viven solas es mayor que el que las que viven acompañadas. ¿Es la soledad generalizada el fin que persigue el desarrollo?

Se trataría de recuperar también esa otra riqueza a la que se refiere Vicente Ferrer cuando dice que "en la pobreza más extrema, en la humanidad más desnuda, he encontrado la mayor riqueza", y de transferirla a manos llenas por todo el mundo. Sólo entonces podremos aunar el desarrollo material con la alegría espiritual, la abundancia de bienes con la solidaridad humana y la acumulación de conocimiento con la verdadera sabiduría.


FUENTE:
Revista ANANTAPUR de la Fundación V. Ferrer (2003)



 

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