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LA INDIA - PerfilesAsha Miró


La Filla del Ganges / La hija del Ganges

Autora: Asha Miró

Publicado por: Edicions la Magrana y Editorial Lumen


Entrevistada por Inma Sanchís.
La Vanguardia (04/02/2003)



¿Cuál es el primer recuerdo de su vida?

-Es de noche. Los ventiladores giran. Estoy tumbada en el suelo, en una inmensa sala del orfanato con muchas niñas a mi alrededor.

¿Y qué siente?

-Me siento sola y tengo miedo. Oigo el crujir de la puerta y no me atrevo a levantarme para ir al lavabo.

¿Se hacía pipí encima?

-Sí, tenía cuatro años.

¿Por qué fue a parar a un orfanato?

-Mi padre se casó en segundas nupcias, pero mi madre murió en el parto, y él no se vio capaz de cargar conmigo y me abandonó.

¿Dónde la abandonó?

-Le costó desprenderse de mí. Me abandonó dos veces en la calle, pero como Násik es un pueblo pequeño me devolvían a casa de mi padre, hasta que las monjas le ofrecieron quedarse conmigo.

¿Monjas católicas?

-Sí, monjas españolas que viven en India. Con ellas pasé mis tres primeros años de vida. Luego me mandaron al orfanato de Bombay para que fuera a la escuela.

¿Fue duro el cambio?

-La madre Adelina se convirtió en mi primera madre. No puedo decir que no haya sido querida, pero a los cinco años decidí que necesitaba unos padres.

¿Decidió, dice?

-Sí, porque veía que los fines de semana venían los padres a recoger a las niñas al internado. "¡Quiero unos papás!", le dije a la madre Adelina y cada día iba a su habitación y le preguntaba: "¿Ya tengo papás?"... "Todavía no, reza más y algún día aparecerán."

Y aparecieron...

-Sí, un día la madre Adelina vino con una foto: una pareja sonriente con una niña pequeña. "Estos serán tus padres", me dijo. Fue un regalo: ¡padres y encima una hermana! Era todo lo que yo deseaba en el mundo.

¿Cómo fue el encuentro?

-Estaba a punto de cumplir siete años. Fui sola en avión desde Bombay hasta Barcelona con mis primeros zapatos, nunca había llevado nada en los pies. Llegué cargada de regalos para mi nueva familia. El encuentro fue muy hermoso.

¿Qué sintió?

-Tuve la sensación de que ya los conocía, de que siempre habían sido mis padres. La adopción es el encuentro de dos deseos muy fuertes, y eso hace que todo sea muy natural.

¿Cómo fue la adaptación?

-Fue divertidísimo porque mi padre me perseguía todo el día con un diccionario de inglés intentando entender lo que yo decía. Habían hecho un curso intensivo de inglés para poder hablar conmigo, pero yo hablaba marathi. En tres meses aprendí catalán.

¿Qué fue lo más difícil?

-Nunca había probado la carne y eso fue un suplicio. Y también llevar zapatos.

¿Y qué tal con su nueva hermana?

-Cuando yo llegué, Fátima, que había sido adoptada también en India, tenía un año y medio. Mis padres iban a adoptar a dos hermanas, Fátima y Mary, pero Mary murió antes de que partieran hacia España. Al principio tuvo un poquitín de celos, pero esas cosas son normales.

¿Qué tal el colegio?

-Habían dicho a las alumnas que venía una niña de India y todas me perseguían para ver dónde había guardado las plumas.

¿Añoraba su mundo?

-Mi prioridad era adaptarme, así que mi anterior vida quedó enterrada. Cuando me sentí segura, cuando mi mundo ya estaba definido: mis amigos, mis estudios, mi trabajo, decidí mirar atrás y a los 27 quise volver a India. A mis padres, pobres, los asusté.

¿Temían su viaje a India?

-Habíamos decidido que haríamos el viaje los cuatro juntos, pero a veces la vida te pone pruebas. A mí me cayó en las manos un folleto que pedía voluntarios para un campo de trabajo en Bombay y en Násik, las dos ciudades de mi infancia.

¿Estaba preparada?

-Para seguir adelante debía ordenar mi pasado. Mi madre me dio el diario que escribió mientras esperaba mi llegada. ¡Es precioso!, explica con qué intensidad una madre adoptiva desea ver la cara de su hija; sus dudas y con cuánto amor preparaba mi llegada.

¿Qué es lo que más le gusta de ese diario?

-Me di cuenta de que ella también me había deseado y eso es impresionante. El diario de mi madre me ayudó mucho en ese viaje.

Y aterrizó en Bombay 20 años después...

-Me hubiera dado la vuelta inmediatamente. Tenía miedo, pero poco a poco la visión de mi país fue cambiando. Entendí que amaba ese país, pero me entristeció ver ciertas cosas como la situación de la mujer en India, que no pueden decidir por ellas mismas.

¿Cómo fue el reencuentro con las monjas?

-Muy hermoso. Hablé mucho con la madre Adelina, estaba orgullosa de ver en lo que me había convertido y me hizo un regalo maravilloso: guardaba en una cajita todas las fotos de mi niñez.

¿Vio a su padre?

-Murió cuando yo tenía nueve años. La sensación de que te han abandonado es muy dura, piensas: "Mi papá no apostó por mí". Pero en India me di cuenta de que esa lectura era incorrecta, él no se vio con fuerzas, era débil. Con ese viaje pude perdonarle.

¿Usted adoptaría?

-¡Cómo no voy a adoptar! Yo he tenido la posibilidad de tener una segunda vida y hay muchos niños en el mundo esperándola. Adoptar es un gran acto de amor y, por favor, no se olviden de los niños mayores. Les aseguro que el cariño lo arregla todo.


Memorias llenas de ternura que hablan de una experiencia tan importante como la adopción y un viaje al pasado

Asha Miró nació un 7 de noviembre de 1967 en la India, y allí vivió hasta los seis años , hasta que la adoptaron los que son sus padres hoy día.

Sus primeros años de vida transcurrieron en un orfanato de Bombay, concretamente desde los tres hasta los seis años de edad. En la actualidad Asha vive en Barcelona desde 1974, donde ha ejercido como maestra y donde actualmente trabaja en el departamento de comunicación del Fórum de Barcelona 2004.

Ahora, gracias a la editorial Lumen y La Magrana en su versión en catalán, tenemos la oportunidad de leer la intensa historia de su vida y las dificultades de adopción, de una pequeña que en las escaleras del orfanato de Bombay insistía en que quería unos padres.

Asha creció junto a sus padres adoptivos y a una hermana, otra niña india que le había precedido en la adopción. Estudió magisterio y piano. Sin embargo, la ilusión por visitar su país la llevó a dar el gran paso en 1995, cuando acababa de cumplir 27 años.

"La hija del Ganges" es el hermoso testimonio de una experiencia insólita, que significó el reencuentro de esta mujer con una tierra dura y sorprendente. Junto a las palabras, a modo de diario, de Asha, el libro intercala las notas emitidas por la madre de la autora del libro. En estas notas se reflejan los temores, las dudas y el amor de unos padres que aquí en España esperaban a una niña como llegada del cielo, y que luego tuvieron que guiar sus primeros pasos en un mundo y una cultura totalmente nuevos para ellas.

El libro de Asha Miró son unas memorias llenas de ternura que hablan de una experiencia tan importante como la adopción y un viaje al pasado, para entender el verdadero valor de una mujer que verdaderamente sabe cuanto puede costar conseguir la felicidad y mirar la vida con una sonrisa.

Adaptación de la reseña publicada por SATIRIA




ASHA MIRÓ Y LAS ADOPCIONES




UNA INTEGRACIÓN MUY RAPIDA


Un ejemplo de como el proceso de adopción puede ir por buen camino, es la experiencia de Asha Miró (1967), una catalana que llegó a Barcelona, procedente de un orfanato de la India, cuando estaba apunto de cumplir los siete años. Asha, que no se cansaba nunca de reclamar a las monjas unos padres adoptivos cuando estaba en el orfanato de la India, se integró muy bien dentro de la familia que la esperaba al pie del avión, formada por Electa Vega, Josep Miró y la pequeña Fátima, también nacida en la India. Casi sin darse cuenta, Asha aprendió la lengua catalana y olvidó definitivamente su marathi natal, lengua con la hablaba como una cotorra en cuanto llegó a Barcelona. Eso si, en su interior quedaron algunas dudas, sepultadas bajo montañas de afecto, pero nunca apagadas del todo. Ya de adulta, quiso regresar a la tierra que la había visto nacer, para re-encontrarse con su pasado, contrastar los recuerdos con la realidad y saber quienes eran sus padre biológicos, y porque la abandonaron.

Asha Miró explica su experiencia como hija adoptada y su retorno a la India para rellenar huecos y obtener respuestas. El libro puede ser de gran utilidad para padres adoptivos o aspirantes a serlo, porque ofrece la posibilidad de contemplar el proceso desde otra perspectiva, a partir del testimonio de la persona adoptada. También encontraremos intercalados, fragmentos del diario que su madre adoptiva fue escribiendo desde que empezó la cuenta atrás para poder abrazar a su hija, con la intención de dejar constancia de todo ello, por si en algún momento le llegara a fallar la memoria.

"Antes de llegar aquí, siempre había pensado que cuando pisara el suelo del país, me sobrevendría un sentimiento patriótico y que sería más india que nadie -explica Asha Miró durante el viaje- No ha sido así ni mucho menos, porque todo y que me reconozco en muchas de las cosas que veo, muchas otras me indignan profundamente. Pero, imagino que poco a poco iré encontrando mi lugar y reconoceré, que no soy de ningún lugar concreto sino un poco de todas partes". Siete años después, Asha tiene muy clara su identidad: "ahora me siento muy orgullosa de ser una india-catalana y nunca bajo la mirada delante de la gente de mi país, muy al contrario, hay un reconocimiento mutuo".

A los que optan por ser padres adoptivos, Asha Miró les recomienda que no fuercen a sus hijos ni a olvidar ni a recordar más de la cuenta. Y sobre todo, que no les cambien su nombre. "Si a mí, me hubiesen cambiado el nombre, posiblemente hubiese estado intentando borrar siete años de mi vida". Con otro nombre, le hubiese costado más rehacer su vida. Es la historia de una mujer que aun es feliz cuando va descalza, viste de colores vivos o contempla la armonía de unas flores o unas velas encendidas.

Traducción al castellano de un fragmento de del artículo aparecido en el periódico Avuí y escrito por Eva Piquer, con el título de "Una flor i unes espelmes".





En Nasik, 1995

... "El azar quiso, una vez más, que llegara a mis manos la hoja de una ONG, Setem, que informaba sobre el proyecto de un campo de trabajo en la India. Y de toda la India, un país inmenso, el destino era Bombay, la ciudad donde está el orfanato que me acogió a los seis años. Además, y a modo de guinda, uno de los campamentos de trabajo del Setem estaba ubicado en Nasik, la ciudad bañada por las sagradas aguas del río Godavari, y donde mis ojos se abrieron por primera vez en mi vida. Mi sueño servido en bandeja de plata, así que rellené la hoja, eso sí, sin depositar demasiadas esperanzas en el futuro. Pero después de un par de meses, recibí una carta en la que me comunicaban que había estado preseleccionada y que por fin, podía pasar una entrevista. Todo iba por buen camino. Hasta entonces, lo había llevado todo en secreto porque estaba convencida que todo ello no conduciría a nada, y no quería preocupar a mis padres. Así pues, consolaba mis penas, yo sola. Tan sólo tenía la complicidad de mi compañero que en todo momento me apoyaba. Una vez pasada la entrevista y después de haberme confirmado mi participación en un campo de trabajo, llegó la hora de poder explicarlo en casa" ...



 

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