-¿Te gusta tu casa?
–Sí, me gusta mucho.
Apenas tiene cuatro metros cuadrados, ¿cómo dormís?
–En diagonal: aquí se tumba mi padre, a su lado mi madre, luego vengo yo y
mis cuatro hermanos. ¿Y cómo es tu casa?
Al lado de ésta, mi casa es muy grande.
–¿Vives con tus padres, hijos y primos?
No.
–¿Y no te sientes sola?
¡...! Cuéntame cómo transcurre un día en tu vida.
–Me levanto a las 6 de la mañana y me voy junto al Ganges a vender
postales. A las 7.30 entro en la escuela. A las 16.30 vuelvo a los “gats” a
vender más postales hasta que oscurece. Entonces estudio una hora, juego un
rato, ceno y hablo con mis amigos. A las 11 de la noche me voy a dormir.
¿Quién trae el dinero a casa, tú o tu padre?
–Mi padre hay meses que no consigue nada; como mucho saca 300 rupias al
mes. Yo de media gano unas 800 rupias al mes.
¿Cómo imaginas tu vida en el futuro?
–Quiero ser doctora, ayudar a la gente que lo necesita y, en especial, a
todos aquellos que no tienen piernas o brazos, ni dinero para comprar
medicinas.
¿Y por qué quieres hacer eso?
–Porque veo por la calle a demasiada gente que sufre y que necesita ayuda.
Creo que si yo les ayudo me ayudo a mí misma, es buen karma para mí,
¿entiendes?
¿Ves posible ir a la universidad?
–Lo intentaré, cuesta entre 3.000 y 4.000 rupias al mes. Ya sé que cuando
sea mayor no podré vender postales por la calle porque nadie me comprará.
Tengo planeado dar clases de hindi a extranjeros.
¿Te gustaría casarte?
–No, quiero ser doctora y ser libre. Si te casas ya no se te permite salir
de casa. Tu marido te dice todo lo que tienes que hacer. Ni siquiera tienes
permiso para hablar con quien quieres.
Tú tratas con muchos occidentales, ¿qué piensas de
nosotros?
–Los occidentales son como los indios, quieren ganar dinero; lo que pasa es
que allí se gana mucho más que aquí. Nosotros no somos inferiores a los
occidentales, pero necesitamos parte de su dinero para sobrevivir. Aun así, yo
creo que el dinero se debe ganar honestamente.
¿A qué te refieres?
–Yo me niego a trabajar con las tiendas que me ofrecen dinero por llevar a
los turistas. Me niego porque eso me parece deshonesto. Prefiero tener un
trato de igual a igual y para eso es esencial no engañar al otro.
Entiendo.
–Yo compro las postales y tengo que sacarles un beneficio, pero no les
pongo precio, siempre digo: dame un dinero feliz, el que a ti te haga feliz me
hará feliz a mí.
¿Y si te dan menos de lo que invertiste?
–Yo sonrío.
¿De qué hablas con los extranjeros?
–Hablo de la codicia, el dinero y la bondad. Les advierto de tantos indios
extraños que lo único que quieren es sacarles dinero.
¿Cómo sabes si la gente es buena o mala?
–Vendo postales desde los seis años. Cuando me acerco veo cómo reaccionan:
algunos ni me miran, otros sonríen, otros preguntan y otros me tocan y yo odio
que me toquen. Si miras a los ojos a la gente, sabes.
¿Te casarías con un occidental?
–Lo he pensado, antes decía que no, pero ahora digo que sí. Me he dado
cuenta de que si me caso con un occidental y me voy a vivir al extranjero
podré mantener a mi familia sin perder la libertad.
Eso dependerá de quien escojas.
–Es cierto, pero yo puedo hablar lo suficiente con un occidental para darme
cuenta de cómo es. Sin embargo, con los indios no puedo ni hablar, nuestra
cultura es así. Pero yo no quiero depender de ningún marido, ni quiero que sea
él el que ayude a mi familia, soy yo la que va a seguir haciéndose cargo de mi
familia y para ello debo y voy a trabajar.
¿Qué opinan de ti tus amigos y amigas?
–Dicen que estoy loca. Mis amigos de familias ricas...
¿Tienes amigos ricos?
–Sí, soy la chica más pobre de mi escuela. Esos chicos, los ricos, no
entienden que yo vaya a vender postales. A veces me acompañan como si fuera un
juego. Y todos están muy celosos de lo bien que hablo inglés.
En India son los padres los que deciden con quién se casan las
hijas.
–Mi madre quiere que me case y la he convencido de que me deje escoger a
mí. Como condición me exige que sea un buen chico y que no sea de piel muy
negra, porque las personas de piel oscura lo tienen muy difícil.
¿Y tú qué le dices a tu madre?
–“Si encuentro un corazón limpio, aunque esté recubierto de una piel
oscura, me casa-ré con él.” A mi padre no le gusta que hable con niños indios
porque eso crea compromisos y vínculos, pero yo me fío de mi propia
intuición.
¿Te bañas cada día en el Ganges?
–Una vez vi el cadáver de una mujer embarazada flotando, no es raro que en
el río Ganges aparezcan cuerpos flotando pero éste me impresionó porque la
mujer me estaba mirando: tuve la sensación de que me quería decir algo. Estuve
tres días enferma. No he vuelto a bañarme en el Ganges desde entonces.
¿Qué piensas de la muerte?
–Que todos nos tenemos que morir. Sólo me dan miedo los fantasmas y cuento
historias sobre ellos a cambio de monedas.
¿Dónde aprendiste a contar historias?
–Leyendo cómics. Pero las historias que más me gusta contar son sobre la
amistad.
Dudo que las palabras de Arati, esta pequeña princesa de las calles. Puedan
dejar impasible a nadie que sienta o piense. A mí, personalmente me enseña
una vez más, que la felicidad es algo que se obtiene desde el interior de uno
mismo. Que tratar de creer que los culpables de nuestra infelicidad puedan ser
nuestras circunstancias o las de quienes nos rodean es simplemente un
error. Debemos aprender que incluso nuestras desgracias pueden parecerle
dichas a quien tiene menos que nosotros. Y que en la vida, lo más importante
para llegar a ser feliz, es no limitar jamás nuestros deseos y aspiraciones. Una
vez logrado esto, debemos aprender a saber encontrar el lado positivo a todo lo
que nos acontezca. La autocompasión, solo puede perjudicarnos a través de
nuestras penas y lamentos. En cambio, hacer frente a la vida con una sonrisa, es
el mejor regalo que podemos hacernos.
Arati es solo una niña, tiene doce años. Pero algún día crecerá y será una
mujer. ¡Y que mujer será! |