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| | | | ASPECTOS SANITARIOS | Batalla contra las enfermedades |
Los residuos humanos superan a la India en la batalla
contra las enfermedades
Cerca de la mitad de los casos de polio registrados en el mundo, una enfermedad que conlleva parálisis y ya casi extinguida en Occidente, ocurren en la India. Cada año, los casos de diarrea causan 500.000 víctimas entre los niños indios mientras que una epidemia de ictericia sacude un pequeño distrito del estado del Rajasthan de una forma tan regular como lo hacen los monzones.
Estas enfermedades mortales y otras que afligen a la India, pueden ser atribuidas a la misma causa: el consumo de agua contaminada por residuos humanos. Se estima que el agua infectada causa un 80 % de las enfermedades y de acuerdo con la OMS (Organización Mundial de la Salud - En ingles: WHO, World Health Organisation - ), los mayores problemas de salud pública del país son debidos a las pobres medidas sanitarias que se toman, y al inadecuado sistema de desagües.
"Las enfermedades transmitidas a través del agua son muy comunes en la India. Cada año existe la seguridad de que va a haber alguna epidemia de gastroenteritis vírica, tifus o cólera", señaló P.C. Bhatnagar, un asistente social de la Asociación de Voluntarios Sanitarios de la India.
Menos del 30 % de los 950 millones de indios (1997) disponen de aseos en sus viviendas o pueden acceder fácilmente a servicios públicos. El resto, satisface sus necesidades de forma rutinaria al aire libre, junto a las carreteras, en pleno campo o en los parques municipales.
Menos de 250 de las 4000 ciudades de la India (y unos 650.000 pueblos), disponen de sistemas de alcantarillado y en la mayoría de las que los tienen, no existen plantas de tratamiento de esta agua (depuradoras). La mayor parte de los vertidos municipales - incluso de grandes ciudades como Bombay o Calcuta - van a parar directamente al mar, a un río o a un lago.
Otros países de Asia y de Africa en vías de desarrollo tienen problemas sanitarios similares, porque al igual que la India no pueden permitirse el importante presupuesto público necesario para construir estos sistemas de saneamiento. Pero según los analistas, las enfermedades debidas a las malas condiciones higiénicas de la India, se hacen más patentes debidas a su enorme población. "La mayor amenaza son las enfermedades propagadas por medio del agua", comenta John Pospisilak, ingeniero de medio ambiente en la oficina de la OMS (WHO) en la capital Nueva Delhi.
Desde hace dos años, la India participa en una campaña de la OMS para la erradicación de la polio para el año 2000, por medio de una vacunación universal. El gobierno ha unido su esfuerzo al de organizaciones privadas para incorporar aseos en las viviendas rurales, aunque al ritmo actual de la construcción y el del crecimiento de la población, se tardarían 200 años para que todos los indios pudieran acceder a un aseo.
Además de la población, las creencias religiosas hindúes (un 80 % del país), complican aun más si cabe, los problemas sanitarios de la India. Las ciudades de la antigua civilización del valle del Indo disponían de sofisticados sistemas de alcantarillado además de los aseos más antiguos que se conocen (modelos construidos a base de ladrillos, hace unos 4.500 años). Pero el advenimiento del hinduismo y su sistema de castas siglos más tarde, cambiaron las costumbres y prácticas en cuanto a la eliminación de residuos humanos.
Bindeshwar Pathak, cuya organización privada, Sulabh Internacional, ha construido 700.000 aseos en los últimos 25 años, manifiesta que un antiguo texto hindú impone "duras sanciones religiosas" por actitudes antihigiénicas, prohibiendo las defecaciones en las cercanías de las viviendas. "Es muy difícil que se acostumbren a tenerlos dentro de sus casas", insiste Pathak; "Es un problema cultural de la India".
En las zonas rurales, donde vive más del 70 % de la población, menos del 10 % de los hogares dispone de un aseo. Funcionarios del gobierno y trabajadores sociales sostienen haber encontrado muchas dificultades a la hora de convencer a los incultos aldeanos a que abandonen sus viejas costumbres y usen un recinto cerrado. En el estado del norte, Rajasthan, en algunos pueblos las letrinas exteriores, se han convertido en zonas de almacenamiento y se resisten a la construcción aseos en el interior de sus viviendas, por miedo a que sus casas huelan mal.
Los funcionarios relacionados con programas de instalación de aseos domésticos en los pueblos, descuidan muchas veces el acompañar su labor con campañas educativas que hagan comprender la estrecha vinculación de la higiene con la salud. En las escuelas, la formación respecto a estos hábitos básicos y la costumbre de lavarse las manos es limitada y no puede aplicarse en unos edificios que carecen de agua corriente y de lavabos.
En las ciudades, cientos e incluso miles de personas pueden usar diariamente el mismo aseo, haciendo que apeste si no se limpia frecuentemente. Estas condiciones, ayudan a explicar porque pueden verse dos hombres orinando en las paredes exteriores de un retrete público, en un cruce de calles importante de alguna ciudad.
Unos dos tercios de las viviendas urbanas disponen de aseos, de acuerdo con el censo de 1991, y los ciudadanos de clase media generalmente practican una buena higiene. Aún así, el riesgo de salud pública es mayor en las ciudades que en los pueblos, debido a las hacinadas condiciones de los slums (barrios de chabolas) donde los más pobres (Cerca de la mitad de los 13 millones de habitantes de Bombay, por ejemplo), viven en barracas sin aseos ni conducciones de alcantarillado, corriendo las oscuras aguas por un pequeño surco en medio de la calle a modo de arroyo.
Unos 300 millones de dólares fueron otorgados por el Banco Mundial, para que Bombay pudiera tratar un 60 % de sus aguas residuales que ahora descargan directamente al Mar de Arabia. El proyecto de siete años, que también prevé la construcción de aseos para 1 millón de moradores de los slums, es la última fase de estas mejoras de agua e higiene que empezaron a introducirse en la ciudad mayor de la India en 1070.
Tradicionalmente, los esfuerzos para mejorar la higiene, no han sido para la India su mayor preocupación. En cambio ha habido una cierta liberalización en las castas más bajas, los antes llamados "intocables" (y que ahora se autodenominan "dalits") de ocupaciones degradantes como podía ser la limpieza de aseos públicos carentes de agua, y el transporte en sus cabezas de las inmundicias en cestos de trenzado. Según el hinduismo, el contacto con heces humanas, "mancha" a los miembros de las clases (castas) altas.
Estas creencias religiosas frustraron la cruzada emprendida hace casi un siglo por Monadas K. Gandhi, quien condujo a la India a su independencia en 1947. Gandhi desafió la tradición limpiando su propio aseo él mismo, y animando a los demás miembros de la alta casta de brahmanes a que siguieran con su ejemplo. También criticó a los indios en su costumbre de hacer sus deposiciones a cielo raso, y les instó a que al menos los enterraran. "Me llena de agonía el ver a la gente realizando estas necesidades naturales en las vías públicas y en las orillas de los ríos, cuando podrían fácilmente hacerlo un poco más alejados de estos lugares.", escribía Gandhi en 1915 en una visita suya al río Ganges.
Poco ha cambiado en las décadas posteriores. Los líderes de la independencia de la India, concentraron los recursos limitados de la nación en la industria y en la investigación científica, ignorando ampliamente estos problemas básicos de salud e higiene. Hasta hace una década, las casas (bien pocas) que construyó el gobierno, aun no disponían de aseos.
Como en los días de Gandhi, los aldeanos todavía se levantan muy temprano y van a efectuar sus tareas por los campos, no regresando hasta el anochecer. Los detritus humanos que dejan a sus espaldas, sirven de fertilizante orgánico pero también son potencialmente antihigiénicos y pueden ser el origen de enfermedades, además de contaminar los productos agrícolas.
En Biratnagar, un pueblo del Rajasthan, el año pasado construyó el gobierno retretes exteriores para 800 casas, pero su representante (elegido por el pueblo recientemente), estimó que solo 100 de ellos estaban operativos. El programa (financiado por ministerio de desarrollo rural, y que declinó enviar a un representante autorizado para dar explicaciones), contenía también otros defectos. Los aseos instalados en el exterior de cada casa no estaban cerrados con paredes laterales, y se ubicaron cerca de la puerta de entrada. Cada habitante, que tuvo que pagar unos 7 dólares, una décima parte de su costo total, se suponía que además tenía que levantar estas paredes que faltaban por su cuenta, cosa que muchos de ellos no podían permitirse.
Un mes más tarde, la mayoría de estos retretes estaban fuera se uso, llenos de polvo o cubiertos con ladrillos y tinajas de barro. "Yo no llegué a usarlos ni una sola vez", comentó Bahru Lal Kumhar, un ceramista. "¿Donde están las paredes…? Los campos son un espacio abierto, nadie va allá, en cambio estos los tengo enfrente de mi casa. Todo el mundo pasa por delante. Mi familia lo vería…".
En otro lugar de Rajasthan, un grupo privado asistencial, el Instituto Indio de Gestión de Salud e Investigación, había tenido más éxito con un programa que combinaba educación higiénica con la instalación de aseos domésticos. Y el número de niños de poca edad fallecidos por diarreas había disminuido en aquella zona, comentó un miembro del equipo de ayuda.
Cuando Thika Ram Sharma, un trabajador sanitario que vive en el mismo pueblo, construyó hace una década, un retrete cerrado en su vivienda, se convirtió en el objeto de burla de sus correligionarios, ya que él es Brahman, la casta superior. "La gente me ridiculizaba. Se reían de mi diciendo: este chico brahman ha construido una letrina dentro de su casa". Pero después de unos años de educación sanitaria continuados, el deseo de imitar a Sharmas empezó a insinuarse en la aldea. Ahora, el grupo tiene una lista de espera para la instalación de aseos, en un programa que solamente requiere que cada pueblo fabrique los ladrillos suficientes como para revestir los pozos y subir las paredes."Ello lleva tiempo, pero podemos cambiar estos prejuicios culturales completamente en cinco años, una cultura que viene de muchos siglos atrás", señaló Sharmas.
Fuente:
Kenneth J. Cooper Washington Post Foreign Service, 17 Frebero 1997
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