PORTO ALEGRE - OTRO MUNDO ES POSIBLE

JAUME BOTEY VALLÉS


CONVOCATORIA, MULTICULTURALISMO Y EXPERIENCIAS
DE LOS CINCO CONTINENTES.


Parte del éxito de Porto Alegre se debe a que fundamentó el inmenso reto político que significa oponerse al sistema en el reto moral y su visualización. Porque allí estuvieron presentes no sólo la racionalidad económica, el análisis político o la necesaria planificación técnica ?lo teórico? sino también la historia real del sufrimiento y de la lucha narrada por sus protagonistas. Allí estaban los campesinos de Ecuador junto con los militares, explicando porqué hace años comenzaron su lucha y organización y cómo hace un año se sintieron traicionados aunque no vencidos; estaban las organizaciones de la India explicando su combate en la defensa de su arroz y en contra de los proyectos del Banco Mundial al servicio de las multinacionales; los del MST de Brasil narrando las ocupaciones de tierras baldías y los muertos que han costado; las FARC de Colombia explicando el porqué de la lucha armada en aquél escenario de narcotráfico, muerte, dolor e intervención norteamericana; estaban las luchas de los científicos de Sudáfrica pidiendo la posibilidad de fabricación y distribución de genéricos para el tratamiento del SIDA en un continente que se muere lentamente; estaban las experiencias de acogida y rehabilitación de los niños de la calle de toda Latinoamérica, huelepegas y amenazados por las mafias del tráfico de órganos, etc.

Allí estaba también la multiculturalidad de lenguas, de color de la piel y del vestido como una riqueza y defendiendo la necesidad de la identidad de cada lengua, color de la piel y vestido frente a la globalización uniformizadora, porque mientras la historia de las sociedades industriales es una historia de relaciones de dominio, en Porto Alegre la historia de los marginales aparece como la voluntad por mantener su identidad. 12.000 asistentes superando con éxito las previsiones de los organizadores, procedentes de más de 120 países, de movimientos sociales populares y de todos los campos temáticos, ideológicos y de acción: ecologistas, pacifistas, redes por la condonación de la deuda, campesinos, feministas, indígenas, marxistas, anarquistas, trotskistas, musulmanes, hindúes, de movimientos cristianos...

De allí emergía con enorme fuerza el sentimiento de libertad. A lo largo de la historia, cualquier intento de subversión contra el sistema ha ido siempre acompañado de sueños y utopías. Y Porto Alegre fue un gran retablo de experiencias y deseos, una invitación a convertir los sueños de los pueblos en realidades esperadas. Aunque la propia amplitud del panel y la heterogeneidad de propuestas podía, de hecho, dar lugar a confusión. Seattle y Praga habían representado el rechazo al sistema. En Porto Alegre se trataba de plantear alternativas y, obviamente, éstas fueron heterogéneas, como heterogéneas eran las propuestas políticas allí presentes. Porque allí estaban desde la socialdemocracia que, por sus propios planteamientos, está más pegada al sistema con voluntad de gestionarlo lo mejor posible, hasta aquellos que, desde diferentes posturas, pretenden cambiarlo.

Y todas estas historias de luchas y resistencias, junto a las reflexiones de los más conocidos científicos sociales y economistas del Norte y del Sur, dejaban de ser anécdotas para convertirse en categorías y paradigma de lo que entendíamos por globalización. Y recordaban, fundamentalmente, dos cosas: que la crisis del sistema es en primer lugar y sobre todo una crisis ética, y en segundo lugar que sólo a partir del común denominador y análisis de todas estas experiencias será posible construir una alternativa global y real al sistema. Una de las funciones de los intelectuales es precisamente interpretar y dar sentido al carácter emancipatorio del lenguaje narrativo y de los hechos. Era evidente que en Porto Alegre la praxis era el sustento de la teoría y en ocasiones teoría misma, y que allí no cabía la teoría sin praxis.

PAPEL DE PORTO ALEGRE. LA VÍCTIMAS Y EL RECUERDO DE LAS VÍCTIMAS.

Se ha dicho que Porto Alegre fue la convocatoria de los pobres y Í representantes de los pobres, de los marginales. Aunque ¿marginal la mayoría, 4/5 partes de la humanidad? Pues sí. Y el gran mérito de Porto Alegre fue dar voz y cátedra ante el mundo entero a esta mayoría que no tiene acceso a los bienes ni a participar en las decisiones que les afectan. Porque con el sólo hecho de darles la voz, estaban en el camino de recuperar la dignidad de cada uno de los colectivos y la dignidad colectiva de la mayoría. En nuestra cultura coexisten de manera interesada la aparente sobreinformación y la ocultación de la víctima. Pero no deja de sorprendernos que, con el paso del tiempo, las víctimas reaparecen, nunca llegan borrarse. El Chile de hoy es una prueba de esto, pero también y a gran escala lo fue Puerto Alegre. La formación de la identidad de los colectivos comienza en el despertar de los recuerdos. No hay otro posible camino: la memoria es el instrumento necesario para dominar el futuro. El desarrollo y la búsqueda de la felicidad del género humano como única finalidad de la historia de las luchas y de tantos deseos se esconde en la representación del pasado, aunque aquel pasado esté cargado de contradicciones y conflictos y vaya íntimamente unido con la experiencia dolorosa de la no?identidad a causa de la opresión, la violencia, la injusticia y la desigualdad.

Pero si se quiere salvar la causa por la que murieron los oprimidos es imprescindible tenerlos presentes. En la Nicaragua sandinista se les llamaba héroes y mártires. El opresor siempre pretende apropiarse del pasado adueñándose de los muertos de la clase oprimida, porque quien doblega la causa por la que lucharon los muertos, doblega la actual causa de los vivos. La victoria de los vencedores empieza cuando consiguen el olvido en los vencidos, pisotear la memoria. Así lo han intentado muchos con continuas amnistías de los crímenes cometidos, con leyes de punto final o de obediencia debida. El vencido debe saber que ni siquiera los muertos están a salvo del odio del enemigo. Y en cambio la identidad de una clase o de un pueblo renace cuando empiezan a saber que la historia que los vencedores contaban de ellos era mentira. Este es precisamente el legado de las Madres de la plaza de Mayo, también presentes en Porto Alegre y de tantos luchadores para rescatar el pasado del olvido. No se trata de un recuerdo de resignación o compasión, sino de un recuerdo peligroso, violento, es la solidaridad hacia atrás. Tampoco es un recuerdo?venganza, sino un recuerdo-justicia. Por eso es peligroso. Se trata de una historia rememorativa. El muerto y la víctima se hacen presentes como categorías de salvación de la identidad. Olvidar el sufrimiento es perder la propia identidad de clase oprimida para convertirse en juguete de la clase dominante. Sólo el sufrimiento y la marginación han impulsado a la historia de la humanidad hacia la esperanza, y sus impulsores lo siguen siendo aún después de muertos y condenados: negados por el sistema ante la historia se erigen perennemente en jueces y acusadores del sistema que los había excluido.

La ciencia y la memoria se comportan en relación con el pasado y el presente de maneras diametralmente opuestas. En ello reside la fuerza de la memoria. Aquello que la ciencia (histórica, jurídica) puede dar por indemostrable o archivado, para la memoria puede ser un caso pendiente. Si la política solo hace caso de la ciencia, se convertirá en política-gestión. Ignorar esta memoria en el ejercicio de la política es marginar a los verdaderos sujetos de la historia.

Porque es verdad que estos recuerdos y su forma de proyectarse políticamente hacia el futuro puede tener muchas modulaciones, y en Porto Alegre estaba todo el abanico de la pluralidad de la izquierda. Sobre todo estaba presente, sin embargo, aquello previo a cualquier alternativa política, lo pre?político de ética y valores, la conciencia del valor de la persona por encima del valor del mercado, la solidaridad compartida, la conciencia de ser mayorías y mayorías explotadas, la evidencia de que este sistema es injusto y asesino y, a la postre, también suicida e ineficaz, la opción por los pobres, etc.

No se trata de simplificar identificando opción por los pobres con estrategia política de la lucha de clases, pero tampoco de diluir la realidad de la opresión en un puro concepto ahistórico o abstracto. Desde esta perspectiva, la categoría utopía, como conciencia de que otro mundo es posible, introduce, en el ámbito de las ciencias sociales, la dimensión histórica, la narración, como proceso constante de construcción de algo nuevo, al margen de las diferentes propuestas políticas de emancipación colectiva.

OTRO MUNDO ES POSIBLE

El lema escogido por los organizadores era una llamada, más o menos explícita, a la utopía. Otro mundo es posible y algo nuevo está naciendo entre dolores de parto y opresión porque son muchos ya desde abajo los que lo están construyendo. La dialéctica opresor/oprimido está siempre presente en cualquier intento de transformación radical y puede aparecer como enfrentamiento entre institución/testimonio, entre ortodoxia/ética, entre poder/marginación, etc. Muchos de estos enfrentamientos se han pagado con la vida o el ostracismo. Ahí está la historia de todas las herejías políticas o religiosas, de todas las insumisiones y rebeldías, de todas las libertades que rompen la norma. Hereje es el que da más importancia a su propio criterio que a las verdades que dan cohesión al colectivo, el que prefiere su libertad a la seguridad y sentido de unidad que le da el sistema. Las herejías más peligrosas son las que miran hacia los valores de la tradición fundante. En el cristianismo son las que pretenden el retorno de la Iglesia a la pobreza evangélica o, para la democracia actual, la herejía más peligrosa sería la que pretendiera sentar sus bases en Locke, Montesquieu o Tocqueville.

La voluntad de recuperar los orígenes como proyectos para el futuro dejando de lado las corruptelas del presente se da en todas las ideologías y significa un compromiso total de la persona y la entrega a una causa que se vive como absoluta, casi como la utopía. Entendida así la utopía, es la antítesis del mito, de lo imaginario o de lo alienante. Porque su función es ejercer la prospección de las posibilidades todavía no realizadas. Desplaza el presente hacia el futuro. Recuerda el pasado y lo tiene presente, pero no construye el futuro a partir del análisis del pasado sino a partir de la negación del presente y de las propias propuestas de futuro. Lo utópico anticipa la inserción de la razón en los aspectos marginales de la realidad, para hacerse posible. No se integra en la estructura de la sociedad, que niega, sino que actúa como estímulo movilizador que exige concretarse, tiene una dimensión práctica.

Pero el presente, el sistema, siempre reaccionará aislando al grupo, estigmatizándolo. El sistema siempre sospechará de cualquier movimiento asociativo espontáneo o que se salga del guión. Los innovadores ?aunque se entienda por tales a los que persigan retornar a los orígenes de la tradición? serán desterrados. En la República de Platón se expulsará de la comunidad al que rompa o añada una cuerda a la lira. Los 12.000 de Porto Alegre nos sabíamos herejes del sistema y sabíamos que detrás de los colectivos presentes, además de herejía, habla convencimiento, fidelidad, libertad, solidaridad, pasión por la justicia. Y a la vez sabíamos que seríamos señalados, que se nos llamarla "bienintencionados pero que no entienden", "utópicos con el lirio en la mano", "propuestas irrealizables" 0, peor, como ocurrió en Seattle, Praga y Niza, se nos identificarla con terrorismo, violencia y desorden.

Muchos de los actuales modelos sociales en nuestra sociedad postindustrial, críticos con el modelo de crecimiento, vinculan utopía con revolución. Sé que no estamos en un momento especialmente eufórico para utilizar esta palabra con mayúsculas, pero sacar a la superficie lo que se esconde porque es marginal significa iniciar un proceso para superar la situación presente. La razón utópica actúa como praxis revolucionaria que se dirige a conseguir la reunificación entre realidad y utopía. Aunque la inmensidad de los problemas del mundo actual y la falta de referentes políticos nos obliga a ser muy realistas. Las propuestas de utopía, hoy se concretarán casi siempre en acciones pequeñas, aunque no por pequeñas dejan de orientarse hacia una perspectiva de cambio global, de tener una carga revolucionaria. Y Porto Alegre merecía la pena aunque sólo fuera por haber hecho esto con desenfado y ante el mundo entero.

LA CONFRONTACIÓN CON DAVOS

Porto Alegre ha sido la alternativa a Davos. Allí, desde 1971, multinacionales, entidades financieras, representantes políticos, los grupos más poderosos del mundo entero, etc., han diseñado, en secreto, las politicas que después Fondo y Banco, GATT o la OMC ejecutarían: desregulación de los mercados financieros, deuda externa y su gestión, PAEs, inversiones, protección de patentes o el no?nato acuerdo multilateral de inversiones.

Davos/Porto Alegre son dos visiones del mundo, dos proyectos y por tanto dos lecturas de la historia. Porto Alegre parte del sufrimiento, de la lectura de la historia a partir de la contrahistoria. Davos parte del principio del progreso indefinido, idea, por lo demás, tan banal como irresponsable y que no tiene presente a la víctima. Pues bien, parece que también en Davos los profetas del neoliberalismo eran pesimistas: hay síntomas que hacen creer que las últimas grandes crisis de la economía mundial (Japón?90, México?94 y 97, sudeste asiático?97, Rusia?98, Brasil?99, Argentina?2000, etc.) forman parte de una gran ola de crisis que afecta ya al mismo centro del sistema: la economía de los EEUU. Como si nos encontráramos en el punto final de un largo ciclo de crecimiento que, con oscilaciones, ha significado el período de la industrialización, colonialismo y neocolonialismo del siglo XX, y estuviéramos en el punto de inflexión iniciando un largo ciclo de depresión.

Eran también las conclusiones que comunicaban en Porto Alegre los científicos sociales allí presentes. Samir Amin, analizando el carácter autónomo y el volumen de los mercados de capitales, que generan inestabilidad y por lo mismo pierden legitimidad y credibilidad; Jorge Benstein afirmando que esta es la crisis más profunda del capitalismo porque los niveles de extorsión sobre las mayorías empobrecidas impiden la regeneración del mismo capitalismo; Orlando Caputo en su disección de la actual crisis de crecimiento norteamericana, Riccardo Petrella, Francois Houtart, Eric Toussaint y un larguísimo etcétera de intelectuales

La verdad es que desde la época de Marx nos hemos acostumbrado a las profecías sobre la crisis definitiva del capitalismo para pasado mañana y éste, sin embargo, ha tenido la ductilidad necesaria para adaptarse a nuevas situaciones. Pero hoy parece que hay elementos nuevos: la globalización real de recursos y mercados; no es posible seguir creciendo si no es a costa de las mayorías, pero esto tiene un límite. La extorsión grave que se está haciendo de los recursos naturales tiene también sus limites y la naturaleza ha dado ya demasiadas señales de la insostenibilidad del modelo. El creciente cáncer de la especulación financiera, etc. Este sistema se basa en el axioma según el cual los mercados se regulan solos y regulan asimismo la distribución justa de los recursos. Pues bien, este axioma es sólo un discurso ideológico de propaganda. Este sistema es injusto, suicida e ineficaz.

Dado que desde Porto Alegre se conocía el pesimismo que flotaba en Davos, la mesa redonda en directo Davos/Porto Alegre suscitó una enorme expectación, aunque la misma escenificación de la vídeo?conferencia podía dar lugar a confusiones. Porque una de las tácticas del opresor es dar por supuesto que todos somos iguales y que por lo tanto las relaciones entre personas son simétricas. En la primera parte de la conferencia los representantes de Porto Alegre se encargaron de hacer comprender a los de Davos que esto no es cierto, que en la vida hay opresor y oprimido, el que amenaza y el amenazado, el asesino y la víctima, el rico y el pobre. Que las relaciones simétricas responden a la lógica del mercado según la cual todo se puede comprar o vender en función del valor uniforme del dinero. Porque sólo el reconocimiento de que las relaciones son desiguales y la interpretación de la historia a partir de los de abajo puede neutralizar la violencia de la lógica de mercado entre personas.

El multimillonario Soros repitió enfáticamente sus conocidas tesis sobre la crisis del capitalismo global ya publicadas en su libro de este mismo título. Aceptaba que para superar la crisis se imponía una regulación de las transacciones financieras y que había que ser más generoso con el Tercer Mundo en los procesos de negociación de la deuda. Para reflotar el capitalismo del comienzo del siglo XXI, para ser fiel a sus objetivos de sociedad abierta y libre popperiana, es necesario un mayor control y el equivalente de nuevos planes Marshall hacia los países empobrecidos. Nunca se había escuchado una afirmación tan clara al respecto: el sistema reconoce la necesaria condonación de la deuda para poder seguir extorsionando.

Sin embargo, a lo largo de las casi tres horas que duró el debate en ningún momento se cuestionó por parte de los ponentes de Davos el actual modelo basado exclusivamente en el crecimiento económico ni la "obviedad" de que éste debe ser disfrutado por los mismos que actualmente ya lo disfrutan. Es decir ?según Susan George hace concluir en el Informe Lugano a los imaginarios sabios escogidos para salvar al capitalismo de su crisis? si para que este modelo continúe es necesario eliminar a la mitad de la humanidad, no hay problema, se hará. Y habrá que hacerlo con el menor coste económico y político posible, con métodos nuevos: deuda, SIDA, activación de conflictos. Los métodos clásicos de eliminación de población ?guerras, genocidios, cámaras de gas, etc., los llamados modelos Auschwit, Goulag o Jemeres Rojos han pasado ya a la historia.

Aparte de las sorprendentes coincidencias en el análisis, lo que separa verdaderamente Davos de Porto Alegre son los principios morales. Chomsky insiste reiteradamente en que la verdadera crisis del capitalismo está en los valores morales en los que se asienta. La ética de la solidaridad debe ser incorporada como principio político. El neoliberalismo plantea el modelo de desarrollo para unos pocos, la privatización de los servicios, la destrucción de la seguridad social, el ataque a los sistemas de pensiones, etc., como la única salida posible para sobrevivir. Se trata de una idea prefabricada a partir de la moral del individualismo y del enriquecimiento sin limites. En cambio, los principios morales y el modelo de crecimiento que sustentan las propuestas de Porto Alegre están en su antítesis. Porque el mundo por el que luchan surgirá de la negación del presente, de la negación del progreso técnico desvinculado de progreso moral, del enriquecimiento de unos pocos marginando a las mayorías. La salvación de la situación presente no vendrá por el crecimiento inmanente del continuo histórico, sino por una interrupción, por una ruptura.

Los asistentes a Porto Alegre y colectivos afines nos sentimos cercanos a la profética critica de este modelo de desarrollo que hace 60 años pronunció Walter Benjamin en su relato del Angelus Novus. Se trata del ángel de la historia. Ve la catástrofe, mira asustado el futuro sin querer mirar, quiere huir pero no puede. Es la catástrofe del progreso. Ve el desastre y las ruinas, quiere llamar al pasado y evocar a los muertos, pero no puede hasta que se pierde arrastrado por la tempestad. Aquello que para nosotros significa un desarrollo normal, para el ángel es el final y la ruina. Sólo la solidaridad con el pasado y las víctimas es la garantía para las generaciones futuras de evitar la catástrofe.

DEBATE EN PORTO ALEGRE ENTRE SOCIALDEMOCRACIA Y RADICALIDAD

Porto Alegre es ya un patrimonio colectivo. Cabe preguntarse, sin embargo, quién lo gestionará a partir de ahora. La heterogeneidad de los asistentes y las contradicciones evidentes surgidas en su convocatoria, probablemente resultado de presiones políticas, hará necesario un proceso de sedimentación en el cual algunos de los extremos del arco pueden quedar excluidos. ¿Qué papel jugarán en próximas convocatorias, por ejemplo, los sindicatos mayoritarios de tendencia reformista, o qué papel jugaran colectivos más izquierdistas, presentes en los movimientos alternativos de todo el mundo?

Porque en teoría las propuestas para cambiar el sistema desde el posibilismo son diametralmente opuestas a las propuestas que se hacen desde la marginalidad. Mientras unos buscan la alternativa en la mejora del presente, el conocimiento de lo marginal se sitúa más allá, en un nuevo punto de partida para, desde él, dar a los excluidos un papel de anunciadores. En la convocatoria de Niza, diciembre 2000, se visualizó de manera explícita esta contradicción: mientras la CES convocaba una macro?manifestación, ordenada y autorizada la víspera del inicio de la Cumbre de los quince, los movimientos antiglobalización se quedaban durante la Cumbre y eran duramente represaliados por las fuerzas de orden público.

Es decir, debemos estar preparados para que el sistema distinga lo que son las propuestas de un movimiento "maduró, organizado, civilizado", que pretenda corregir los efectos negativos de la globalización, evitar la pobreza y el hambre, considerando que aceptando este modelo es posible distribuir mejor la renta y que para ello hay que profundizar en el modelo ("no menos globalización sino más") y aquellos movimientos que el sistema calificará de inmaduros o algaradas y por lo tanto subversivos.

Bien es verdad que en la práctica la línea divisoria aparece menos nítida. Hemos visto cómo el sistema, al mismo tiempo que impulsa las privatizaciones y la desregulación en el mercado de trabajo, puede aceptar la implantación de algunas medidas para hacerse más eficiente: tasa sobre la libre circulación de capitales, avanzar en la negociación para la condonación de la deuda, posibilidad de la Renta Básica como derecho universal, etc., y que incluso movimientos radicales aceptan estas propuestas del posibilismo como su normal campo de acción cotidiano.

Resistencia y propuesta, presencia en las instituciones y moví miento en la calle, elecciones y movimiento social, parlamentarismo y extraparlamentarismo deberán andar de la mano durante un largo tiempo, y sólo una aguda sensibilidad puede ayudarnos a no desviar el oído ni la vista del lugar de donde vendrán la razón de ser y la orientación de nuestro compromiso: los excluidos, como cara oculta del sistema. La sociedad bienpensante recibe la crítica que viene de lo marginal como irracional, ilusoria, como negación del dominio de la razón capitalista, del consumo o del pensamiento único, porque sólo el excluido o marginal pone en evidencia, hasta el límite, la irracionalidad de la sociedad.

NUEVO ESPACIO Y NUEVO TIEMPO. NUEVO SUJETO.

Vivimos un tiempo de transición: murieron muchas experiencias, modelos, esperanzas, utopías del pasado y todavía no surgen con suficiente presencia pública las alternativas para el futuro. Vivimos un tiempo presente, donde simultáneamente se hace sentir un pasado que todavía no muere y un futuro que todavía no nace. Vivimos lo antiguo y lo nuevo. Está claro lo que tiene que desaparecer, pero no está claro lo que vendrá a sustituirlo. ¿Cuánto tiempo tardó en desmoronarse el imperio romano, cuánto tiempo se tardó en pasar de la esclavitud al feudalismo, cuánto tiempo tardó el movimiento obrero en consolidarse? Haciendo el esfuerzo de mirar hacia atrás, si hipotéticamente nos situáramos en el 2100, ¿cómo veríamos la situación actual?

Los indios de Ecuador y de Chiapas nos recordaban en Porto Alegre que el mundo occidental debe aprender de la paciencia indígena. Que en Occidente tenemos demasiada prisa para hacer la revolución, que identificamos el corto y el medio plazo, que el tiempo vital de cada uno no se corresponde con el tiempo histórico, siempre más lento, y que la construcción de un nuevo sujeto histórico con posibilidades de protagonizar el cambio hacia una sociedad justa requiere condiciones especiales que todavía no se dan.

Sin embargo, en Porto Alegre éramos muchos los que creíamos que allí se estaban sentando las bases de este futuro nuevo, que se estaba creando un nuevo sujeto, posible protagonista del cambio.

El concepto de sujeto no es una determinación arbitraria. Sujeto es el individuo o el colectivo implicado en las propias experiencias con las que se identifica. Somos una suma de experiencias, de relatos. Cuando hay una armonía subjetiva entre teoría y praxis la teoría se convierte en praxis, en biografía. Por biografía no entendemos sólo las dimensiones más subjetivas, individuales, sino sobre todo aquellas dimensiones públicas y practicas a través de las cuales una persona se compromete y se moja para transformar el mundo.

Y allí entendíamos que la búsqueda de alternativas a medio plazo es el objetivo y la lucha de muchas organizaciones internacionales a nivel económico, ecológ1co y de Derechos Humanos; es la plataforma también de miles de movimientos sociales en el mundo entero, que está naciendo la mundialización de la solidaridad, de las luchas y de las resistencias, en la búsqueda de una alternativa con esperanza.

Se trataba, en Porto Alegre, de reinsertar la economía en la sociedad al servicio de la vida de todos. La economía no es un ser "en sí y para sí", sino que está al servicio de la vida de todos y todas. Y allí apareció el diálogo profundo entre economía, antropología, cultura, modelo de desarrollo y equilibrio, construyendo una crítica de la economía liberal desde la vida humana y cósmica.

Se trataba de fortalecer la sociedad civil: movimientos sociales y de ciudadanía, educación de base, familia. En Porto Alegre se planteaba el necesario desplazamiento desde la sociedad política ("torna del poder") hacia la sociedad civil ("creación de nuevos poderes"). Mundialización de la solidaridad y de todos los movimientos de resistencia y lucha por alternativas posibles y creíbles desde los excluidos y pobres.

Y en este sentido nacen nuevos sujetos sociales, todavía parciales, nuevos movimientos sociales (jóvenes, indígenas, mujeres) que participan ya en el alumbramiento del nuevo sujeto global que ha de protagonizar el cambio. Se trata de pequeñas historias, de momento muy acotadas. Cada una es o vive en una pequeña isla. Pero está naciendo el archipiélago.

Cualquier otro lenguaje de "final de la historia" desde el paradigma de la ciencia que aniquila el sujeto, descuartiza la comu~ nicación o impone el dominio de unos sobre otros, anuncia el fracaso que vio y advirtió el Ángel de Benjamin. Sólo la praxis social informada por los valores de la voluntad de liberación de los discriminados y de los vencidos dará a la historia la esperanza y el sentido imprescindible de salvación. Y esto es lo que quiso ser y significar Porto Alegre.