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MASACRE EN EL REINO DE LAS NIEVES

Por: JONATHAN GREGSON


Primera reconstrucción, segundo a segundo, de los tres minutos
en que Dipendra mató a 11 miembros de la familia real
que se oponían a su boda


Por primera vez, un periodista especializado en Nepal investiga el regicidio que conmocionó al mundo hace un año. Jonathan Gregson lo narra en su libro 'Blood against the snows' (Sangre contra las nieves). Era la noche del 1 de junio de 2001 cuando, en el transcurso de una reunión de la familia real, el heredero al trono acabó con la vida de su padre, su madre, su hermana y otros 8 familiares.

El 1 de junio de 2001 tuvo lugar en Katmandú, la capital del Reino de Nepal y en pleno corazón del Himalaya, la peor masacre de una familia real que se recuerda en la Historia. Aquella noche, la línea sucesoria al completo de la dinastía Shah fue acribillada, tras haber reinado en el Nepal sin interrupción desde 1769.

Todo sucedió en menos de tres minutos. El primero en caer abatido fue el rey Birendra. El buen monarca de voz tranquila a quien entrevisté hacía poco más de año. Su esposa, la reina Aishwarya; su hija, la princesa Shruti y su hijo menor, el príncipe Nirajan, todos cayeron bajo una lluvia de balas. Al igual que Dhirendra, el hermano menor del rey; su hermana, la princesa real Sharada y dos primos reales. Otros cuatro miembros de la familia real resultaron gravemente heridos.

El tableteo del fuego automático solo cesó cuando el pistolero extrajo una pistola Glock de 9 milímetros de su pistolera y apuntando con ella hacia su propia cabeza, apretó el gatillo. Su nombre era Dipendra Bir Bikram Shah Dev y hasta ese momento había sido el príncipe heredero de Nepal.

El número de miembros de la familia real que murieron aquel día, resulta incluso superior a la ejecución en 1918 de los Romanov a manos de los bolcheviques en Ekaterimburgo. Si en vez de en Katmandú esta tragedia hubiera sucedido en Madrid, entonces la Familia Real española al completo: Don Juan Carlos y Doña Sofía, las infantas Doña Elena y Doña Cristina y todos los nietos reales habrían sido asesinados y el príncipe Felipe estaría muerto.

¿El motivo? Si continuamos con este macabro paralelismo, entonces la causa sería atribuible a una feroz discusión en el seno de la Familia Real sobre si la decisión matrimonial del príncipe heredero y su negativa a aceptar una boda de Estado previamente acordada debería suponer la pérdida de sus derechos dinásticos a la sucesión de la Corona española.

En la auténtica secuencia de eventos que culminó con la extinción de la familia real nepalí, la discusión central de aquella noche era decidir si el príncipe heredero Dipendra contaba con el permiso real para casarse con Devyani Rana, la mujer a quien amaba. Su madre estaba en contra de ello, al igual que la mayoría de los miembros reales de mayor rango, quienes insistían que el deber filial era aceptar la regia decisión y acceder a un matrimonio hindú previamente acordado o permanecer soltero.

Sin embargo, el príncipe heredero parecía decidido a casarse con la persona de su propia elección, con independencia de las consecuencias. Durante años se había sentido frustrado por su papel, en gran medida ceremonial, de príncipe heredero. Tenía casi 30 años de edad, estaba soltero y su vida carecía de cualquier papel de relevancia.

A resultas de ello, sus cambios de humor se hicieron cada vez más alarmantes. Su consumo de alcohol y de drogas ascendió a una docena de whiskies y 10 porros de hachís al día.

Aquella ominosa noche del 1 de junio, uno tan solo puede imaginarse la retorcida lógica que le convenció de que debía zanjar este asunto familiar de una vez por todas y acabar con las amargas recriminaciones dentro de la familia real.

El escenario era el palacio real de Narayanhiti, la residencia principal de la familia real en Katmandú. La ocasión era una de las fiestas informales que se celebraban los viernes por la noche donde 20 o más miembros de la familia real nepalí se reunían para tomar unas copas y un buffet. En ocasiones, el rey Birendra y la reina Aishwarya eran los anfitriones de este tipo de celebraciones en su residencia privada ubicada en los jardines de palacio.En otras, tenían lugar en la residencia de la reina madre, Mahendra Manzil.

Esta vez le tocaba el turno al príncipe heredero en Tribhuvan Sadan, un complejo de edificios que en el pasado se utilizó como salón de recepción por anteriores reyes nepalíes, pero que en la actualidad se había transformado en una sala de billar con bar, televisión, equipo de música y un salón comedor adjunto.

La idea detrás de estas reuniones de los viernes por la noche consistía en mantener en contacto a los diversos miembros de la familia real, incluyendo a la familia política.

SIN TEMOR A HABLAR - La familia real celebraba reuniones sin seguridad

Era premeditadamente informal, con el anfitrión de la velada sirviendo él mismo las copas para que los criados de palacio sólo tuvieran que entrar ocasionalmente para traer más hielo o aperitivos. De esta forma, los miembros de la familia podían hablar con franqueza, sin temor a ser escuchados. Es más, se trataba de una de aquellas ocasiones en las que el Cuerpo de Seguridad Real, que en todas las demás instancias siempre acompañaba al rey, a la reina y al príncipe heredero, no se encontraba presente.

Tras escoltar a sus protegidos reales, los guardaespaldas, especialmente entrenados, se retiraron a la oficina de seguridad donde pasaron el rato viendo una comedia en la televisión.

La seguridad contra cualquier intruso externo que intentara penetrar hasta la fiesta real estaba garantizada por un sistema defensivo de cuatro anillos, incluyendo a dos regimientos de la Guardia Real acantonados en el interior de las murallas de palacio, la Policía Armada y una unidad de combate móvil de las Fuerzas Especiales, pero no había personal de seguridad presente durante la fiesta.

Justo enfrente de la sala de billar se encuentran los aposentos del príncipe heredero y en su interior había reunido un formidable arsenal que incluía un fusil de asalto M-16, una ametralladora MP-5K y una escopeta repetidora Franchi del 12.

Dipendra era un experto tirador. Incluso cuando asistió al colegio de Eton en Inglaterra, se labró fama de ser un tirador de primera y, aunque no resulte algo extraño el hecho de que los príncipes reales coleccionen escopetas de caza (además, en Nepal hay una extensa tradición en la caza del tigre: en ocasiones se llegaron a abatir en una sola cacería hasta 300 de estos grandes felinos), la presencia de estas armas de guerra capaces de realizar 900 disparos por minuto requiere una mayor explicación.

LETAL ARSENAL - Dipendra practicaba con su armamento en palacio

El príncipe heredero pudo obtener estas armas gracias a su condición de coronel honorario del Real Ejército de Nepal. Se tomaba su deber castrense muy en serio, por lo que se enrolaba en duros cursos de entrenamiento de combate.

También era el responsable de evaluar el armamento de la infantería para el Ejército y le gustaba practicar en los mismos jardines de palacio. No había nada extraño en el sonido de una ráfaga de fuego real procedente del palacio de Narayanhiti. Se trataba del príncipe heredero disparando de nuevo contra ratas, gatos o cuervos.

Algunos miembros de la seguridad de palacio ya habían expresado su preocupación ante la presencia de este letal arsenal privado en el caso de que pudiera ocurrir algún accidente. Sin embargo, nadie se atrevió a ordenarle que las entregara para su salvaguarda. Después de todo, se trataba del príncipe heredero y sólo el rey estaba facultado para dar esa orden.

El rey Birendra prefirió no intervenir en la cuestión. Así es como tuvo lugar la puesta en escena, donde 24 miembros de la familia real nepalí se reunieron juntos en una sala sin protección alguna, mientras que a menos de 50 metros de distancia, al otro lado de un puente ornamental, se había reunido una colección letal de armas modernas. Tal como lo explicó un oficial de palacio: "No es posible crear un sistema de seguridad entre un marido y una esposa o entre un padre y un hijo".

No había motivo para sospechar que el príncipe heredero se pudiera convertir de repente en un asesino en masa. Aunque también es cierto que el príncipe se sentía infeliz y frustrado, en particular por no obtener el beneplácito real para casarse con Devyani Rana, pero siempre había mostrado una enorme autodisciplina en todos los actos oficiales a los que debía asistir.

Incluso aquella velada del 1 de junio pareció comportarse con bastante normalidad, dándo la bienvenida a los invitados y sirviendo él mismo las copas.

Entonces sucedió algo que le hizo cambiar completamente de humor.Pudo ocurrir cuando sus padres se retiraron a otra habitación para mantener una conferencia privada con Ratna, la reina madre.

El príncipe temía que salieran de la reunión para anunciar que sus planes matrimoniales habían sido cancelados a perpetuidad.Probablemente, el factor detonante en su cambio de estado anímico fue una llamada que recibió de Devyani a su teléfono móvil.

Inmediatamente tras la conversación, mandó que le fueran traídos sus "cigarrillos especiales". Fueron elaborados por su asistente personal y contenían una mezcla de hachís y una misteriosa "sustancia negra", cuya composición nunca ha sido revelada.

Fueron llevados al recibidor de la sala de billar por su asistente personal, que al no querer interrumpir la fiesta privada, entregó los cigarrillos al príncipe Paras, un primo de Dipendra que gozaba de su plena confianza.

A los pocos minutos Dipendra comenzó a actuar como si estuviera completamente ebrio. Algunos de los que presenciaron su extraña conducta, entre ellos su tía Ketaki, pensaron que se trataba de algún juego y que estaba completamente sobrio.

En el caso de que estuviera completamente drogado, entonces se podría aducir un estado de enajenación mental transitoria para explicar el horror que estaba a punto de desencadenarse, pero si estaba buscando una mera excusa para abandonar el salón, en ese caso lo que el príncipe Dipendra hizo más tarde sería homicidio múltiple con premeditación.

La presencia de drogas en su riego sanguíneo nunca ha sido confirmada.Lo cierto es que el príncipe heredero se desmayó, en un estado de aparente inconsciencia y tuvo que ser trasladado hasta sus habitaciones entre cuatro de los miembros más jóvenes de la familia real.

Le dejaron ahí. Parecía profundamente dormido y de inmediato regresaron a la fiesta para presentar sus respetos al rey Birendra.Hubiera sido una grave infracción del protocolo el no haber estado presentes cuando el rey entrara en el salón.

Mientras tanto, lo que Dipendra le dijo a Devyani a través del teléfono móvil fue suficiente como para que a ella le invadiera un estado de pánico. De inmediato telefoneó al agente de seguridad del príncipe heredero que aquella noche se encontraba de servicio y le pidió que fuera en busca de Dipendra a sus aposentos.

Después, Devyani llamó a otro agente que aquella noche estaba de permiso en su casa y le rogó que fuera de inmediato a palacio.

UNIFORME CAMUFLADO - Cargó sus armas favoritas y entró en la fiesta

Estaban sucediendo cosas muy extrañas en el interior del bungalow del príncipe heredero. Los primeros que llegaron fueron sus propios criados personales. Le encontraron tumbado en el suelo intentando desnudarse.

Le ayudaron a desvestirse y le llevaron al cuarto de baño donde le oyeron vomitar. Esto tal vez despejó su cabeza porque acto seguido ordenó a los sirvientes que se marcharan de inmediato y pidió que llamaran a Devyani.

Los recuerdos que ella tiene de aquella conversación son confusos y afirma que las últimas palabras del príncipe fueron: "Estoy a punto de dormirme. Te llamaré por la mañana" Aunque lo que el príncipe se disponía a hacer garantizaba que no habría ningún mañana para ninguno de los miembros de su familia.

Se comenzó a vestir de nuevo, pero en esta ocasión se puso un uniforme camuflado de combate: botas militares y guantes de cuero negro. Después cargó sus armas favoritas: su fusil M-16, una subametralladora, su habitual pistola Glock de 9 mm y por si acaso, una escopeta repetidora que nunca había utilizado.

Con una pistola en cada mano entró en el salón donde se estaba celebrando la fiesta y fue directamente hacia su padre, el Rey.Algunos de los testigos supervivientes recuerdan que Dipendra no dijo ni una palabra, su cara permaneció completamente inexpresiva durante todo el suceso, su conducta era anormal en todos los sentidos de la palabra.

Cuando el rey dio un paso al frente, le disparó una ráfaga de tres balas a bocajarro. El rey Birendra recibió un impacto de bala en el estómago, otro en el cuello, mientras que la tercera bala dio contra el techo.

Por un instante, el rey permaneció de pie. Tan sólo fue el tiempo suficiente para depositar su vaso de Coca Cola y pronunciar las palabras: "¿Kay gardeko?" ("¿Qué has hecho?").

Dipendra se batió en retirada a través de los ventanales que dan al mirador, asegurándose de que nadie le sorprendía por la espalda. En la sala de billar todo el mundo se quedó congelado, incrédulo, sin saber reaccionar.

A continuación, tres miembros de la familia real, incluyendo uno formado como médico militar corrieron en auxilio del rey.Mientras intentaban cortar la hemorragia en su cuello, Birendra les dijo "También me ha alcanzado en el estómago".

En ese preciso instante, el pistolero entró de nuevo en el salón y al escuchar estas palabras, supo que el rey aún seguía vivo.Tiró la ametralladora MP-5K al suelo y el rey intentó hacerse con el arma.

Es posible que la intención del príncipe heredero fuera que alguien recogiera el arma y así dejar sobre ella sus huellas dactilares, para luego culparle del asesinato. El mismo tomó la precaución de colocarse guantes de cuero.

LLUVIA DE FUEGO - Los que quedaron ilesos se refugiaron tras un sofá

El rey herido parecía dispuesto a emplear el arma contra su hijo y agresor, pero una de las hermanas de Birendra, la princesa Shobha le detuvo. "He dicho que lo dejéis", dijo pensando que se trataba de la única arma que portaba el príncipe y con la esperanza de evitar un mayor derramamiento de sangre. Pero ahora el príncipe heredero sostenía el Colt M-16 entre sus manos y abrió fuego con ello.

Si su plan original era asesinar solamente a su padre y acto seguido proclamarse rey en su lugar, incluso semejante aberración de plan fracasó estrepitosamente.

Cuando su tío Dhirendra le dijo: "Baba, ya has hecho bastante daño" y se dirigió hacia el príncipe heredero, este le detuvo con una ráfaga de balas al pecho. A partir de ese momento Dipendra comenzó a acribillar la sala. Nueve miembros de la familia real incluyendo a su hermana, la princesa Shruti cayeron bajo una lluvia de fuego automático.

El único grupo que permaneció ileso se refugió detrás de un sofá y de la mesas a un extremo de la sala de billar.

Dipendra se dirigió hacia ellos y los miró sin decir una palabra, mientras su primo Paras suplicaba por sus vidas: "Por favor, márchate... sólo estamos nosotros..., sólo nosotros... por favor, márchate".

En aquel momento, el pistolero tenía sus vidas completamente en sus manos. Con un gesto de la cabeza, como diciendo "podéis vivir", se dio la vuelta y abandonó el salón.

Once miembros de su familia yacían muertos o estaban gravemente heridos. Entre gafas rotas, vasos de whisky por el suelo y charcos de su propia sangre.

"¡REPUGNANTE BASTARDO!" - La reina pensó que su hijo jamás la mataría

Pero la matanza aún no había terminado. Con los primeros disparos, la reina Aishwarya salió corriendo a los jardines en busca de auxilio, seguido de cerca por su hijo menor, el príncipe Nirajam.El pistolero ya se encontraba al acecho por los jardines de palacio y estaba anocheciendo.

La reina se acercó a él y se enfrentarse a su hijo. Es probable que el príncipe Nijaram interviniera para intentar salvar a su madre pero en vano. Cuando llegaron los refuerzos le habían disparado tantas veces que resultaba difícil levantar su cadáver de una sola pieza.

Incluso entonces la reina continuó persiguiendo al agresor, gritándole: "¡Repugnante bastardo!" y siguiéndole por las escaleras que conducían a los aposentos del príncipe heredero. Quizás pensó que su propio hijo jamás apretaría el gatillo contra ella.

Eso tal vez funcionó mientras permanecieron cara a cara pero cuando la reina Aishwarya se dio la vuelta como si huyera del lugar, el príncipe le disparó una larga ráfaga que le voló completamente la cabeza, dejando fragmentos de tejido cerebral, trozos de pendientes y el tika rojo que lucía en la frente desperdigados por una amplia zona.

Para entonces, el personal de seguridad ya se aproximaba al lugar de la masacre. Todo había sucedido en el espacio de tan sólo tres minutos.

Mientras llegaban las fuerzas de rescate se pudo escuchar un grito aterrador, como el de un loco, procedente de las proximidades del puente que conduce al bungalow del príncipe heredero. Sonó un disparo. Se hizo el silencio.

El príncipe heredero Dipendra fue encontrado tumbado sobre el césped junto a un estanque ornamental. Una solitaria bala de 9 milímetros procedente de su inseparable pistola Glock le había atravesado el cerebro.

Curiosamente, debió de haber utilizado su mano izquierda para sostener el arma, lo cual podría explicar cómo tras mostrar una eficiencia tan implacable a la hora de asesinar a toda su familia, ahora convertía su propio suicidio en una chapuza.

Pese a que estaba inconsciente y respiraba con dificultad, el príncipe heredero Dipendra seguía vivo y así permanecería durante otros dos días y medio conectado a equipos de soporte vital.

Los daños cerebrales que se había inflingido a sí mismo fueron suficientes como para que nunca saliera de un profundo coma, por lo tanto, nunca supo que durante su permanencia en el hospital, según la antigua tradición de Nepal y a pesar de haber cometido parricidio, matricidio, fratricidio y un intento de suicidio, él, Dipendra Bir Bikram Shah Dev fue declarado el decimoprimer rey de Nepal.

LA MADRE VETÓ A LA NOVIA

El príncipe heredero Dipendra del Nepal siempre tuvo una poderosa vena romántica. Le encantaba Shakespeare y era capaz de recitar de memoria escenas completas de sus obras, especialmente de Romeo y Julieta. Cuando visitó Verona, durante unas vacaciones, se empeñó en ir a retratarse debajo del balcón donde Romeo supuestamente cortejó a su amada. Le irritó el graffiti que parecía profanar este santuario dedicado al amor romántico.

Por desgracia, es muy rara la ocasión en que amor y boda real van juntos de la mano. El deber, más que el amor romántico, es lo que se espera de un príncipe heredero. En Nepal, esto continuaba siendo la norma, al mantenerse la costumbre hindú de los matrimonios acordados por los padres, a lo que se añadía la preocupación de la familia real por mantener la pureza de su elevada casta y su linaje rajput.

En ocasiones anteriores, semejante conflicto entre el deber y las emociones ya había conducido a la tragedia, como en el caso del doble suicidio del príncipe heredero Rudolph y de su «poco apropiada» amante, que sucedió en el albergue de caza de los Habsburgo en Meyerling. Aunque no fue hasta el trágico suceso del 1 de junio de 2001 cuando el amor vedado de un príncipe desembocó en la masacre de toda una familia real.

El objeto del afecto del príncipe heredero Dipendra era una aristocrática belleza llamada Devyani Rana. La primera vez que se conocieron no fue en Katmandú, sino durante una fiesta que se celebró en Inglaterra. El príncipe heredero se alojaba en Stonor Park, cerca de Henley-on-Thames, en la mansión de campo de Lord Camoys, que actuó como guardián tanto para Dipendra como para su padre cuando estudiaron en el Colegio de Eton. Había muchas cosas en Devyani que atraían al príncipe heredero.Poseía una exuberancia natural que la distanciaba de las demás mujeres de su misma clase y condición social. Era decidida y hablaba claro. Unas cualidades que el príncipe encontró contrapuestas a la tortuosa formalidad de la vida palaciega.

Devyani era una mujer inteligente y de mente independiente, pero incluso ella estaba sometida a las restricciones sociales de la conservadora, y algo chismosa, ciudad de Katmandú. Al igual que otras chicas de su generación, se quejaba de que sólo le permitían salir si algún pariente la acompañaba o de que si salía con amigos, siempre debían reunirse en la casa de los padres de sus amigos.

Para el príncipe heredero ella era como una bocanada de aire fresco. Al principio, la relación fue estrictamente platónica, pero dados sus indudables encantos, quizás resultó inevitable que a los tres años de amistad el príncipe heredero se enamorase de ella.

Cuando él cumplió los 28 años de edad, comenzó a decirles a sus amigos que iba «en serio». A partir de entonces, fue él quien comenzó a acelerar el paso. Empleó todo tipo de subterfugios para que pudieran verse a solas. La colaboración de sus escoltas de seguridad fue de gran ayuda, ya que incluso llegaron a participar en los preparativos. Recogían a Devyani en la residencia de sus padres en Maharajganj y la conducían de inmediato hasta Dipendra, que la aguardaba en su residencia privada ubicada en los jardines del palacio real.

En otras ocasiones utilizaban para sus entrevistas la casa de un amigo en Patan, justo enfrente del sagrado río Bagmati. Al principio, intentaron actuar lo más discretamente posible, pero pronto lanzaron la precaución al viento y comenzaron a salir a cenar juntos y en público.

Su lugar favorito era una pizzería llamada Fire & Ice (Fuego y Hielo) situada convenientemente cerca de la puerta oeste del Palacio de Narayanhiti. El restaurante era más popular entre los turistas que entre la población local, por lo que existían pocas posibilidades de ser reconocidos.

Lo que Dipendra intentaba obtener era la sensación de normalidad: el poder salir a cenar con su novia, para conversar y disfrutar durante una hora o dos bajo la ilusión de ser una persona normal y pasárselo bien. Sin embargo, nunca fueron vistos cogidos de la mano ni manteniendo cualquier contacto físico al encontrarse en un establecimiento público. La velada terminaba hacia las 9.30 horas, porque el príncipe Dipendra tenía que regresar al Palacio Real.

Resulta triste que el entusiasmo del príncipe heredero hacia Devyani Rana no fuera compartido por su madre, la reina Aishwarya.Según la tradición hindú, él debería aceptar un matrimonio de conveniencia. Se realizó una selección de tres posibles novias.El tercer nombre de la lista era el de Devyani. Se estableció un discreto contacto con su familia.

Por desgracia, su madre, la formidable Usha Rana respondió que Devyani era «la biznieta de Vijaye Raje de Gwalior y célebre por su riqueza». Con ello dejaba entrever que la familia real nepalí no estaba a su nivel. Parece ser que la reina Aishwarya se lo tomó bastante mal.

Para ella, esta respuesta se podía interpretar como algún tipo de afrenta, pero la reina tenía otros motivos para oponerse a la boda: La madre de Devyani era india de nacimiento. Al igual que otros elementos conservadores en Nepal, la reina era conocida por culpar a la India de todo aquello que fuera mal en el país.Aunque el auténtico motivo por el que Aishwarya consideraba a esta mujer, joven e independiente, como poco adecuada para convertirse en la futura reina del Nepal era porque la percibía como una amenaza.

Pronto surgieron los rumores, carentes de toda evidencia médica, de que Devyani era incapaz de concebir varones. En vista de que uno de los principales requisitos para una futura princesa real consiste en producir un heredero sano, aquello la descartaba automáticamente. La explicación fue que Devyani no tenía ningún hermano, tan sólo una hermana.

Algunos afirmaban que el linaje de su familia era «impuro». El nombre de Devyani se consideró como mal augurio debido a una leyenda hindú que relata cómo el amor entre un Dios y la hija de un brahman termina en tragedia para ambos. Los reyes de Nepal aún se consideran como la reencarnación parcial del dios Visnu.

La reina decidió que en el caso de que el príncipe heredero se negara a contraer matrimonio con una de las otras dos candidatas, la boda quedaría aplazada. Para justificar otro retraso, surgió el rumor de que un astrólogo había predicho que una gran desgracia caería sobre el rey y sobre todo su reino si el príncipe heredero se casaba antes de los 35 años. Seguir adelante con los planes de boda sería algo egoísta e irresponsable.

Sin embargo, la oposición de su madre colocó a Dipendra en una posición muy difícil. Su hermana menor, la princesa Shruti ya estaba casada y con niños. Los planes de la boda del joven príncipe Nirajan ya estaban en marcha. Aquello dejaba al primogénito compuesto y soltero.

VIOLENTO - Dipendra amenazó a los que se opusieran a su boda

La frustración del príncipe se hizo bien patente entre todos los presentes a la fiesta para celebrar su 29 cumpleaños, aunque primero aguardó a que se marcharan los miembros de la familia de mayor edad antes de soltar toda una bomba. Afirmó que tenía intención de casarse con Devyani y si alguien estaba en contra de la idea, debería marcharse de inmediato. También amenazó a cualquiera que se opusiera a esta boda, incluyendo a sus padres.

La princesa Shruti se acercó para recriminarle lo que había dicho, pero Dipendra estaba tan fuera de sí que abofeteó a su propia hermana y la hizo caer al suelo. Ella estaba embarazada de varios meses.

Para entonces, Dipendra estaba lo suficientemente deprimido como para solicitar ayuda psiquiátrica. Le pusieron bajo un tratamiento con ansiolíticos, pero aquello le obligó a dejar la bebida. Para compensar, comenzó a fumar más hierba y hachís: hasta 10 porros al día.

También fue perdiendo su discreción en lo que se refiere a sus encuentros con Devyani. Ya no les bastaba con verse durante una hora o dos al día. Lo que querían era pasar días enteros juntos, solos y sin ser reconocidos por nadie. Esto resultaba imposible en Nepal, donde el príncipe heredero era reconocible por todos.Por lo tanto, decidieron encontrarse en el extranjero.

El príncipe heredero era el patrón del Consejo Nacional de Deportes de Nepal. Como destacado miembro de su Comité Olímpico, fue invitado a los Juegos Olímpicos de Sydney.

El plan secreto consistía en que Devyani se reuniría con él en Australia. Mientras hacía ver que visitaba a su hermana en Londres, Devyani se compró otro billete hacia Sydney. Ambos se alojaron en el mismo hotel, disfrutando de su mutua compañía y de su recién descubierto anonimato.

Dipendra había llegado a un acuerdo con sus escoltas y con los funcionarios de deportes que se encontraban en el hotel. Nadie tenía por qué saber nada. Era una esperanza poco realista. Rápidamente, las noticias sobre su relación se filtraron a Katmandú. La familia real no pareció muy contenta con esta última escapada. Fue considerada un escándalo.

También reafirmó la decisión de la reina de que su hijo nunca debería casarse con una mujer tan desvergonzada. Pero a Dipendra ya no le importaba lo que opinaran los demás. El se iba a casar con Devyani, a pesar de la velada amenaza de que tal acción le haría perder sus títulos reales y que jamás llegaría a convertirse en el próximo rey de Nepal.

Su respuesta fue que si su familia seguía oponiéndose al matrimonio, sencillamente se los cargaría a todos o de eso se jactaba cuando se encontraba entre sus amigos, lejos de cualquier figura de autoridad.

Se trataba de una conversación peligrosa. Por supuesto que ninguno de sus amigos le creyó, pero si alguien podía imaginarse lo serias que se estaban tornando las cosas, esa persona era Devyani. Ella conocía a Dipendra mejor que nadie, sabía cómo ser la madre que su propia madre nunca supo ser. Ella se aseguró de que comiera correctamente. Le enviaba comida casera baja en calorías porque sabía que tenía un problema de colesterol.

Ella le proporcionaba confianza en sí mismo. Cada vez que tenía que realizar un salto en paracaídas, era Devyani la que estaba allí. Ella le conocía lo suficientemente bien para saber si bromeaba o no.

Uno de sus más íntimos amigos describe a la pareja como «compañeros del alma» y así lo fueron a cierto nivel, aunque siempre existió un factor enfermera-paciente en su relación. Siempre era Dipendra el que forzaba las cosas, exigiendo que ella se casara con él.En cierta ocasión extrajo un vial que supuestamente contenía un veneno y amenazó con suicidarse si ella le rechazaba.

Por su parte, Devyani era consciente de que había que mantener al príncipe, cada vez más volátil, más o menos en sus cabales.Por su bien, ella rechazó una sucesión de propuestas matrimoniales de jóvenes casaderos, incluyendo a un pretendiente de una rica familia de la India que voló a Katmandú y que aguardó, en vano, su respuesta.

Si Devyani estaba realmente enamorada de Dipendra o él de ella, es una cuestión que permanece sin respuesta. Sin entrar en las emociones que pudiera generar tal relación, lo cierto es que tuvo que cargar con su condición de príncipe heredero y con todas las discusiones que provocó entre ambas familias y entre los propios familiares. Pero, una vez que declaró su intención de casarse con ella, Dipendra se mostró completamente decidido a salirse con la suya, sin importarle a qué precio.

En la primavera de 2001, le dijo a sus amigos que la ceremonia tendría lugar a finales de ese mismo año. Durante un tiempo, pareció convencido de que el rey le concedería su beneplácito. Cuando cayó en la cuenta de que los miembros de mayor edad de la familia real, entre los que se incluían sus padres y la muy influyente reina madre, seguían opuestos a cualquier boda, él se sintió arrinconado y sin una salida honrosa. Tristemente, esto puede haber tenido más que ver con un anticuado amor propio que con el auténtico amor. Resulta trágico que bajo semejante estado de confusión no encontrara otra solución que matar a toda su familia antes de utilizar el arma contra sí mismo.

UN SANGRIENTO Y PROFÉTICO COLOFÓN

La terrible masacre que tuvo lugar en el palacio real de Narayanhiti en Katmandú provocó la súbita desaparición, al completo, de la principal línea sucesoria de la dinastía Shah de Nepal. Incluso antes del último disparo, el rey y la reina de Nepal, sus dos hijos menores, el príncipe Nirajan y la princesa Shruti, junto con otros cinco miembros de la familia real, estaban muertos o agonizantes. Entonces fue cuando su ejecutor, el príncipe heredero Dipendra, se descerrajó un tiro.

La familia real que ha regido los destinos de este reino montañés de Nepal ininterrumpidamente desde el año 1769 fue destruida en cuestión de minutos. Cuando las noticias de la catástrofe finalmente se filtraron, el dolor del pueblo nepalí parecía no tener límite. Esto se debe a que la institución de la monarquía todavía desempeña un papel primordial en la vida de la mayoría de la población nepalí y en su sentimiento de identidad nacional. Nepal no sólo es el último reino hindú del mundo, sino uno de los escasos países del planeta que nunca ha sido conquistado ni colonizado por una potencia extranjera.

Es más, sus monarcas son reverenciados como dioses vivientes, la representación sobre la tierra de la deidad hindú Vishnú.Por lo tanto, el asesinato del rey no sólo fue un regicidio, sino que además se trató de un deicidio.

La reacción inicial de los ciudadanos nepalíes fue de estupor.¿Cómo pudo permitirse que sucediera una tragedia así y a semejante escala? Después de todo, el palacio real era conocido por ser de uno de los edificios mejor protegidos del reino. La decisión tomada por las autoridades de imponer una censura informativa total sobre la matanza real les acabó estallando en la cara. Ante la falta de cualquier información fiable, el pueblo nepalí se hizo eco de los rumores más absurdos y sorprendentes sobre lo sucedido en el interior del palacio real.

Muchos encontraron imposible de aceptar que el príncipe heredero Dipendra hubiera asesinado a sus propios padres. Semejante acto iba diametralmente en contra del fuerte sentimiento del deber y de la obediencia filial que aún permanece como uno de los pilares fundamentales de la sociedad patriarcal de Nepal. Por lo tanto, surgieron todo tipo de teorías de la conspiración, como por ejemplo, que se trataba de una conjura alentada por la CIA.

Muchos pensaron que el príncipe había sido asesinado en sus aposentos reales, incluso antes de que comenzaran los disparos, y que fue un asesino profesional oculto tras una máscara con el rostro de Dipendra, quien masacró al resto de la familia real.

Ya después de que se publicara una investigación oficial sobre la catástrofe, donde se dejó bien claro que Dipendra era el responsable de los asesinatos, a muchos nepalíes les resultó imposible culpar a su príncipe heredero. Se encontraban en un estado de negación total. En vez de eso, se afeitaron la cabeza y entraron en un estado de riguroso luto, como si hubieran muerto sus propios padres.Muchos se temían que el reino de Nepal había llegado a su fin."Ahora ya no tenemos rey, y sin rey no hay ley, no hay seguridad", me explicaba el jefe de una población rural en los límites del valle de Katmandú

MALDICION - Un dios vaticinó que el reinado de los Shah acabaría

Los más religiosos recordaron una terrible profecía que, supuestamente, fue lanzada en 1768 contra el rey de Nepal Prithvi Narayan Shaw, justo cuando se aprestaba a la conquista final de Katmandú. Dice la leyenda que el rey se encontró con la deidad hindú Gorajnath disfrazada de ermitaño. El rey le ofreció al viejo eremita un bol de requesón que el ermitaño se tomó, pero que vomitó inmediatamente.Cuando el anciano le quiso devolver la pasta regurgitada, Prithvi Narajan Shaw perdió la paciencia y le lanzó el requesón vomitado a Gorakhnath, que inmediatamente procedió a lanzar una maldición sobre la dinastía Shah. Los sucesores de Narayan reinarían en Nepal durante 10 generaciones, profetizó, pero después la dinastía llegaría a su fin.

Para muchos nepalíes, aquella profecía se hizo realidad de la forma más terrible el primero de junio, debido a que el asesinado rey Birendra era el décimo en la línea de sucesión directa y junto a él murió la principal línea sucesoria de la dinastía Shah. La masacre de palacio resultó ser un golpe catastrófico no sólo para la monarquía nepalí, sino para la nación en su conjunto.Debilitó a uno de los principales pilares del Estado y le dio ímpetu a la insurgencia maoísta, que ya dominaba casi una tercera parte del país, para lanzar una ofensiva contra el Gobierno y la monarquía constitucional en Katmandú.

Cuando el rey Dipendra finalmente falleció en el hospital, la corona con plumas de Nepal pasó automáticamente al miembro masculino de mayor edad que todavía seguía vivo. Se trataba del hermano del fallecido rey Birendra, el príncipe Gyanendra, de 54 años de edad, cuyos intereses se limitaban a la conservación de la naturaleza y a la gestión de las inversiones de la familia real. Gyanendra se salvó gracias a que estaba visitando varios proyectos de conservación en el Real Parque Nacional de Chitwan, por lo que no le fue posible asistir a la aciaga reunión familiar del primero de junio. Su esposa, la princesa Komal, sí estaba allí y fue afortunada al sobrevivir a una herida de bala cuya trayectoria pasó a un centímetro de su corazón. Ahora se ha convertido en la reina Komal de Nepal.

La coronación del rey Gyanendra tuvo lugar en medio de violentos disturbios en las calles de Katmandú. Aquellos nepalíes que no se podían creer que el príncipe heredero de Nepal había asesinado a sus propios padres ahora pensaban que el nuevo rey estaba implicado de alguna manera en una conspiración. Eso encajaba con anteriores golpes de Estado en Nepal, casi todos ellos con un desenlace sangriento.

No era la primera vez que Gyanendra había sido coronado rey de Nepal. La primera vez tuvo lugar en 1950, cuando su abuelo, el rey Tribhuvan, y el resto de la familia real huyeron a la India.Gyanendra sólo tenía tres años. En el plazo de un año, Tribhuvan regresó victorioso y todo volvió a la normalidad.

Ante el recrudecimiento del conflicto con la guerrilla maoísta, Gyanendra se está forjando una reputación como rey más decidido y agresivo que su fallecido hermano Birendra. Sin embargo, un año después de la terrible matanza en el palacio de Narayanhiti, el daño no ha quedado plenamente reparado. Nunca antes una familia real había sufrido semejante catástrofe a semejante escala y había logrado sobrevivir. Mientras tanto, algunos en Nepal todavía aguardan a que la maldición de Gorakhnath se cumpla por completo.


Fuente: Suplemento de "El mundo"


 

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