Nepal, reino sin acceso al mar, enclavado en el centro-sur de Asia, ocupa el límite meridional de la gran cordillera del Himalaya. Su situación geográfica le ha permitido conservar la independencia territorial y gran parte de su modo de vida tradicional, ya que el terreno montañoso no atrae a los invasores. Dada su condición de Estado tapón entre los dos grandes territorios de China y la India, ha aprovechado su situación estratégicamente favorable para evitar la dominación por una de esas potencias. De 1846 a 1951, mientras gobernó la familia Rana, Nepal fue un país cerrado y prácticamente desconocido. Sin embargo, la restauración del régimen monárquico en 1951 abrió el país a los viajeros y hoy el turismo es su principal fuente de divisas.

Nepal tiene mucho que ofrecer: es un reino hindú con pintorescas ciudades y numerosos templos antiguos; un país de fascinantes supervivencias étnicas y culturales; y sobre todo, un país de diversos y magníficos paisajes, desde los bosques subtropicales hasta las cumbres más majestuosas del mundo.

El valle de Katmandú fue el primer territorio de Nepal que adoptó el nombre que posteriormente se aplicó a toda la nación. Hasta finales del siglo 18 el país estaba formado por varios pequeños reinos independientes que tenían como centro la serie de valles que se extiende desde las cumbres del Himalaya hasta las llanuras.

Una figura fundamental de los primeros tiempos de la historia de Nepal fue el rey Jaya Sthiti, que a principios del siglo 15 codificó las leyes hindúes que regían la vida pública y familiar de los nepalíes. Los templos y viviendas más hermosos de épocas anteriores se conservan en ciudades como Katmandú, Bhaktapur y Patán.