
01/10 Dominique Lapierre aclamado por una multitud durante su visita a Calcuta.
A las puertas de la Terminal Internacional del Aeropuerto de Calcuta un grupo de niños vestidos de rojo da la bienvenida al matrimonio Lapierre. «Dominique 'Dada', (gran hermano) Dominique 'Didi' (gran hermana), welcome, welcome», gritan a coro. «Thank you, Thank you», responde con voz atronadora el escritor, cubierto de guirnaldas.
Tras la presentación de rigor, recibo de su parte un abrazo de oso y la promesa de que encontraré historias increíbles para hacer una buena crónica. No lo dudo.
Nadie lo sabe mejor que él, que ha vivido en los suburbios de Calcuta y ha escrito sobre la cotidianeidad y miserias de sus habitantes. Su libro 'La ciudad de la alegría', best seller mundial que le catapultó a la fama, es el fruto de su historia de amor con la India, con sus gentes, su generosidad, su dignidad… Una pasión que convirtió al Dominique hombre en una ONG y puso al Dominique escritor al servicio de ella.
La cruzada de Lapierre contra la pobreza comenzó en 1981. Ocho años después de escribir junto a Larry Collins 'Esta noche la libertad', sobre la independencia de la India, viajó con su esposa al país. Quería ceder parte de los derechos de autor del libro a alguna organización que luchara contra la lepra y pidió consejo a la Madre Teresa.
La religiosa le habló del sacerdote inglés James Stevens, que llevaba 15 años ocupándose de hijos de leprosos y estaba a punto de cerrar su hogar, 'Resurrección', por falta de fondos. Dominique le ayudó y se comprometió a seguir enviándoles dinero. Un año después, los Lapierre
ponían en marcha la Fundación Dominique Lapierre Ciudad de la Alegría. Durante estos 25 años, los derechos de autor de sus grandes éxitos editoriales como 'Era medianoche en Bhopal', 'Oh, Jerusalén' o 'Mil soles' y las donaciones de particulares, amigos y lectores anónimos han sufragado la actividad humanitaria que realiza a través de 11 ONG.
Obsesión por el futuro
Toda esta labor ha sido posible gracias al esfuerzo callado de su esposa, también llamada Dominique. Verdadero motor en la sombra, esta mujer se ha convertido en la mano derecha de un hombre cuya desbordante energía y vehemencia no dejan a nadie indiferente. Personalmente, ella supervisa las inversiones y gestiona los fondos para que cuadren las cuentas. Con dulzura, corrige los excesos de su marido, rellena sus lagunas de cifras y datos y, al final de cada visita a los proyectos, entrelaza sus manos con las de él como si quisiera confortarle y disipar sus preocupaciones.
A sus 85 años, después de cubrir diversos conflictos bélicos como periodista, de vivir en uno de los barrios más miserables de Calcuta, Dominique Lapierre está acostumbrado a bregar con las dificultades. Pero su avanzada edad y la excesiva dependencia económica de las ONG de su figura han convertido el futuro en una obsesión para esta pareja. Dominique confía en que su hija o sus sobrinos continúen su labor. Pero a la pregunta de ¿quién seguirá adelante con su actividad? responde con las palabras de la Madre Teresa cuando el mismo le planteó esta cuestión. «¡Dios proveerá!»
Un baño de realidad

01/09 - Un joven bebe de una fuente en el extrarradio de Calcuta
Aterricé en Calcuta de madrugada, con el tiempo justo para dormir apenas cuatro horas en el cuartel general de Dominique Lapierre, los benefactores y los periodistas que le acompañamos en este viaje: el lujoso Hotel Oberoi Grand. Pero al abrir la ventana de la habitación, el edificio cochambroso de enfrente y el hedor procedente de la calle me devolvieron a la realidad de una ciudad donde la pobreza tiene casi tantas caras como los 12 millones de almas que la habitan.
El camino desde el aeropuerto está salpicado de carteles de promociones inmobiliarias, de móviles de última generación y de productos de belleza. A lo lejos se ven las siluetas de los grandes edificios y los bloques de pisos de los nuevos barrios periféricos. Pero a medida que te acercas al centro, los anuncios de casas con terrazas ajardinadas se convierten en un espejismo.
Atrapados en la miseria urbana
Calcuta es la ciudad del mundo con más leprosos y mayor número de personas viviendo en la calle. Las aceras están sembradas de hogares improvisados, de precarias estancias fabricadas con chapa y plástico, rodeadas de todo tipo de residuos. «Muchas cosas han cambiado en la India, pero para los más pobres todo sigue igual», me había advertido Dominique Lapierre.
Hay gente que no tiene nada y permanece tendida en el suelo, esperando quién sabe qué. Campesinos huidos de la miseria del campo, atrapados en la miseria urbana.
Niños de la calle harapientos que se cruzan entre los vetustos taxis, los autobuses atestados de gente y los todoterreno de las familias más acomodadas.
En los soportales de los edificios coloniales, los vendedores ambulantes ofrecen imitaciones de productos de marca y los tullidos mendigan a los extranjeros que compran: « ¡One dólar please, one dólar!»
Ajenas al trajín de una multitud que no se detiene, las vacas se alimentan de la basura que tapiza los márgenes de la calzada.
Las innumerables carencias de la población también se aprecian en la periferia, donde hay muchas zonas sin agua potable y sin servicios básicos. Hombres enjabonados, mujeres fregando los cacharros y asnos sedientos confluyen en las mismas lagunas contaminadas.
Nada más subir al taxi, el conductor me ha preguntado si soy cristiana. Antes de poder responderle que el credo de cada uno es algo personal, me dice que él sólo cree en Jesucristo, y que el sacerdote de su congregación le ha bautizado como Víctor Jesús. Antes se llamaba Kumar. La visión de la ciudad me abstrae de su conversación. Hombres y mujeres se alinean en las medianas de la carretera para dormir. Bultos oscuros e informes invaden los parterres y jardines y una familia entera se apiña bajo un pedazo de lona azul, sujeta con un palo.
A espaldas del hotel también hay decenas de indigentes que pasan la noche al raso. No puedo evitar sentirme culpable por tener una cama caliente donde dormir.
La Casa de la Esperanza

01/10 Antiguo 'rickshaw' a las puertas de uno de los centros de discapacitados Asha Bavan
En la India hay 14 millones de discapacitados. Garantizar su derecho a la salud, a la rehabilitación y a una vida digna es un objetivo prioritario para los Lapierre. Esta premisa, que en un país donde la igualdad de oportunidades es una utopía puede parecer un sueño, se ha materializado en Asha Bavan Centre, (La Casa de la Esperanza).
El centro ha sido promovido por el autor de 'La Ciudad de la Alegría' y el laico consagrado Gaston de Dayanand, que inspiró el personaje del padre Lambert en el libro. El proyecto inició su andadura en 1999 con dos niños. Hoy presta su apoyo a casi 5.000 menores y ha puesto en marcha numerosas iniciativas. Entre ellas destacan el Centro para la Excelencia de los Discapacitados Lapierre, un taller de ortopedia, servicios de educación y formación, un hogar para mujeres discapacitadas, escuelas, servicios sanitarios y programas para combatir la malnutrición. Incluso han trabajado con afectados por el 'tsunami' en las islas Andaman y Nicobar.
Grandes logros de bajo coste
Nuestra visita al Centro de Excelencia para Discapacitados convierte la jornada en una fiesta para los internos. Las instalaciones acogen a 238 niños con trastornos físicos, mentales y del lenguaje de entre tres y 16 años, procedentes de familias muy pobres. Los pequeños reciben atención especializada y clases de arte, música, dibujo u otras disciplinas. La educación física, incluido el yoga, es también parte importante de su tratamiento. Una vez que están preparados para recibir educación convencional, se les inscribe en una escuela.
Finalizada la recuperación, regresan con sus familias, que previamente han sido 'entrenadas' para atender sus necesidades.
La ONG realiza un seguimiento periódico de su estado y apoya a sus padres económicamente, para que los chavales puedan continuar sus estudios. El taller de ortopedia es la demostración palpable de que querer es poder. La simpleza de las prótesis que fabrica: piezas de plástico cortadas a la medida, sujetas a la pierna o el brazo con sencillas ataduras, contrasta con el drástico cambio que suponen en la movilidad y en la autoestima de sus destinatarios. Su sencillez y bajo coste abren una puerta a la esperanza para la recuperación de miles de niños de las aldeas rurales de Bengala.
Cuando llegamos a la casa para discapacitadas mentales, algunas están sentadas en corros en un cuidado jardín. Su cuerpo repite los mismos movimientos oscilantes, una y otra vez. Parece que miran sin ver, pero les saludo y sonríen. Otras reconocen a Dominique 'Didi' y gritan al verla. Ella les abraza, les pregunta cómo están y se deja querer. «Estas mujeres no tenían ninguna posibilidad en su comunidad -me cuenta-, gracias a Gastón, un doctor acude desde la ciudad para prestarles asistencia médica y psiquiátrica».
En el jardín hay frutales plantados y un huerto que produce alimentos para comer y vender. También existe un lago con peces y ovejas y cabras financiadas por una donante española. Las niñas y las mujeres acuden a rehabilitación, cosen, limpian y se mantienen ocupadas. Me enseñan sus habitaciones orgullosas: todo está inmaculado y pulcramente ordenado. El centro es su hogar y se nota.
Un grupo de pequeñas nos deleita con una sesión de bailes bengalíes. Su concentración y armonía en cada paso es tal, que logran que olvides los terribles efectos de la polio en sus cuerpos.
Resurreción

01/10 Una doctora examina a un niño enfermo de lepra durante una revisión periódica
Desde que Dominique Lapierre vivió en Calcuta tuvo claro que regresaría. Se sentía en deuda y quería devolver a esa tierra algo de lo mucho que le había dado. Pero fue la Madre Teresa la que propició que el periodista y escritor dejara de ser mero testigo de la miseria humana y pasara a la acción. Su aportación a la continuidad del hogar para niños leprosos de James Stevens marcó su trayectoria vital. Este proyecto es uno de sus grandes orgullos.
El reverendo Stevens llegó a la India hace 37 años. Trabajaba en el negocio textil en Bristol y un buen día decidió que quería ayudar a la gente en otro país. Eligió la India y durante un tiempo trabajó como voluntario con la Madre Teresa en Calcuta. Más tarde, se ordenaría sacerdote anglicano en esta ciudad.
Contra el estigma social de la lepra
“Nos dimos cuenta de que los niños que padecían lepra o tenían padres leprosos sufrían además un gran estigma social y decidí hacer algo”, cuenta Stevens. En 1970 fundó la escuela para niños leprosos Udayan (resurrección en bengalí) con 11 alumnos procedentes de los peores slums de Calcuta, algunos de ellos huérfanos.
Un total de 304 internos (220 niños y 84 niñas) de cinco a 19 años se benefician de los recursos de este modélico centro secular que abraza las tres principales religiones: el cristianismo, el hinduismo y el islam. Pero la alambrada que cerca el recinto recuerda que el comienzo no fue fácil. El vecindario se oponía al centro. «Hemos avanzado, pero la lepra sigue siendo sinónimo de marginación», afirma el sacerdote.
Para acabar con el temor que suscita la ignorancia, en los pasillos hay carteles que explican su origen, síntomas y cura. Uno de los niños muestra sus brazos con pequeñas manchas blancas en la piel e insensibilidad en algunas zonas, los primeros signos. «Si se detectan a tiempo, basta un tratamiento a base de Dapsone, un medicamento barato, y en seis meses están curados», explica Stevens.
«La lepra es fruto de la pobreza, la malnutrición y la falta de higiene. Es preciso un contacto muy prolongado con un enfermo para contagiarse», insiste el sacerdote. Los padres de los internos acuden al centro para someterse a exámenes y allí les enseñan hábitos saludables para evitar que otros familiares desarrollen la enfermedad y que los internos recaigan cuando regresan a casa en vacaciones.
Los alumnos de Udayan disfrutan de modernas instalaciones deportivas, zonas de ocio, amplias habitaciones y salas de estudio, en un entorno natural. Pero también colaboran en las tareas de cocina y jardinería y se ocupan de la limpieza de su ropa. A los chicos se les brinda la posibilidad de aprender un oficio y reciben ayudas para cursar estudios superiores. «Tenemos cinco alumnos en la universidad y 15 preparándose para ser profesores», añade Stevens. La enseñanza regular se completa con el estudio de las artes.
Una adolescente me muestra las habitaciones femeninas, donde las camas han sido plegadas y colocadas en fila contra la pared, para dejar la sala despejada para otros usos. En cada una hay un peluche diferente. Mi guía improvisada me lleva de la mano hasta su cama, se agacha y señala mi cámara. Quiere que le haga una foto con su osito amarillo, que nunca rechaza su compañía.
Los barcos hospital

01/10 Uno de los dispensarios móviles de SHIS en plena travesía por el Ganges
Llevar la salud a las poblaciones más deprimidas es el lema de Southern Health Improvement Samity (SHIS), la organización sanitaria promovida por el matrimonio Lapierre, que presta asistencia en la zona oeste de Bengala desde 1980. En el área de influencia de la sede principal de Bhangar habitan tres millones de personas. Una de sus actuaciones estrella son los tratamientos contra la tuberculosis, que ha sido erradicada de centenares de aldeas gracias a su intervención.
Pero además, el personal de la organización ofrece asistencia ambulatoria, tratamientos de salud materno infantil, vacunación, atención oftalmológica, se ocupa de los dispensarios móviles y trabaja en la prevención de desastres y en la erradicación de enfermedades olvidadas como el Kala Azar.
La visita de Dominique y su esposa a la sede principal de Bhangar coincide con la inauguración de las nuevas instalaciones para la detección del sida. A la entrada del recinto se han instalado una gran carpa y un escenario y la pareja es recibida por miles de personas.
Muchas de ellas llevan camisetas y gorras con la fotografía del escritor, que despierta tanta admiración como una estrella del pop. 'Larga vida a Dominique', o 'Dominique te amo', se puede leer en ellas.
Revolución sanitaria
Dominique agradece las muestras de cariño y se dirige al auditorio en la lengua local. En medio de su discurso, súbitamente abandona el estrado y se mezcla entre el público. Los asistentes le aclaman como a un dios y prorrumpen en aplausos.
En el transcurso de la ceremonia se desenrrolla un enorme rollo de papel confeccionado con incontables cartas escritas por los habitantes de esta zona agradeciendo los servicios sanitarios, tantas veces demandados. Las felicitaciones alcanzan un kilómetro de largo, pero las reivindicaciones continúan. Tres líderes vecinales suben al escenario y reclaman una presencia diaria de los equipos médicos, que ahora pasan consulta varias veces por semana. Dominique escucha y recoge el guante.
La presencia de SHIS ha supuesto una revolución sanitaria que se extiende a las 54 islas de la zona de Sundarbans, en el delta del Ganges, donde sólo es posible llegar navegando por el río.
Los cuatro barcos hospital, que el autor francés ha sufragado con la ayuda de sus benefactores, permiten el desplazamiento de los facultativos a estas áreas remotas, antes desasistidas.
Después de una lenta travesía, bajo un sol inclemente, llegamos hasta una pequeña aldea ribereña. El viaje premite apreciar el enorme descenso del caudal de sus contaminadas aguas, como consecuencia del cambio climático que amenaza la supervivencia de una de las especies más emblemáticas de la fauna autóctona: el tigre de Bengala.
Población de riesgo
Los enfermos acuden a la cita en canoas abarrotadas o cubren grandes distancias a pie desde el interior. Largas colas de gente aguardan a los médicos, que efectúan vacunaciones masivas, prestan atención ginecológica, dental, oftalmológica y pediátrica y dan consejos de higiene a sus pacientes, para ayudarles a prevenir futuras patologías.
Mientras recorremos las distintas salas, fuera, en el patio, una anciana enjuta y medio ciega se tumba en el suelo y apoya su cabeza en la pared, presa de un fuerte ataque de tos. Tiene los labios muy resecos y llenos de grietas. Dominique 'Didi' se agacha junto a la mujer, le coge la mano y pide que le traigan agua. Ella la mira agradecida, sorprendida ante tanta atención. Como el suyo, el deterioro físico de algunos pacientes es impresionante, pero ninguno se queja.
Para las urgencias, SHIS dispone también de una ambulancia que traslada a los enfermos más graves hasta el hospital. Su casco naranja y su sirena rompen la monotonía de las aguas color chocolate.
Además de la tuberculosis, los ciclones, el cólera, el paludismo y otras enfermedades infecciosas se ceban en esta población, con grandes problemas carenciales. «Nos gustaría poder llegar a más gente, pero no tenemos recursos suficientes. La cuestión es que son necesarios nuevos barcos y marineros y es preciso formar al personal sanitario, lo que no resulta fácil», se lamenta Lapierre, sabedor de que esta sigue siendo un área con mucha población de riesgo.
El legado de Audrey Hepburn

01/10 Dominique Lapierre y su esposa ante un póster de agradecimiento a Audrey Hepburn
En Lakshimi Kantapur no hay televisiones. Nadie ha visto 'Desayuno con diamantes' y muy pocos saben quién es Audrey Hepburn. Pero su rostro empapela las calles de este deprimido pueblo bengalí, donde el escritor Dominique Lapierre y su esposa han inaugurado una escuela y un centro para discapacitados, construidos con los fondos de la venta del famoso traje negro que la actriz lució en la película.
Las fotografías gigantes de la intérprete en blanco y negro contrastan entre los saris multicolores de las bengalíes. El 'glamour' que desprenden sus imágenes se entremezcla con la basura acumulada en las calles, el olor del agua contaminada y la miseria circundante, en una comunión casi obscena. Pero eso es lo de menos.
Lo importante es que el vestido que la intérprete llevaba al salir de un taxi frente a la joyería Tiffany's, diseñado por Hubert de Givenchy, ha permitido reconstruir las escuelas de los Lapierre dañadas por las inundaciones registradas el pasado mes de marzo en Bengala y que contribuirá a poner en marcha otras 10 más.
Las nuevas instalaciones se han inaugurado por todo lo alto. Con banda de música, desfile militar y recorrido simbólico de la 'antorcha del amor', portada por un grupo de estudiantes, que parecen los abanderados de un equipo olímpico.
Desde primera hora de la mañana, centenares de personas se han congregado en las inmediaciones de la carretera que conduce a la aldea, para dar la bienvenida a la comitiva.
El sonido característico de las caracolas, sopladas por una larga fila de niñas ataviadas de gala, confiere al evento una atmósfera épica. Junto a las pequeñas, periodistas de todo el mundo nos afanamos por captar una imagen de la pareja del día, literalmente sepultada entre la multitud que les sigue en procesión. Nadie ha querido perderse este acto, en el que Dominique y su esposa han sido vitoreados y agasajados, como si de jefes de Estado se tratara.
Durante la ceremonia, el escritor francés, mirando al cielo, visiblemente emocionado, ha agradecido simbólicamente su ayuda a Audrey Hepburn, un auténtico ángel para muchos de sus fans.
«Estoy muy emocionado al pensar que, 14 años después de su muerte, hemos rendido un homenaje a Audrey Hepburn, una mujer que dedicó los últimos años de su vida a luchar por los niños más necesitados, como embajadora extraordinaria de UNICEF. Gracias a ella, hemos podido poner en funcionamiento nuestras escuelas, en una de las zonas más miserables de la Bengala rural», ha señalado Lapierre.
Un hada madrina
La historia de cómo el inolvidable vestido de alta costura llegó a manos de los Lapierre es calificada por ellos mismos de auténtico «cuento de hadas». Casualmente, la pareja coincidió con Givenchy en una cena. Al conocer sus proyectos y las dificultades que atravesaban, el modisto no dudó en regalarles uno de los tres modelos que diseñó para el famoso largometraje. De los dos restantes, uno se encuentra en el Museo del Traje de Madrid, y el otro pertenece al hijo de la artista.
En su primera valoración, pensaban conseguir entre ocho y diez mil euros. La famosa casa londinense de subastas Christie's multiplicó por 10 los posibles beneficios y, finalmente, el pasado 5 de septiembre, tras una emocionante puja, el vestido se vendió por 607.720. euros.
Ese dinero es tres veces más que lo aportado por Lapierre en 2006, en concepto de artículos, la mitad de sus derechos de autor -la totalidad en la India- y conferencias (111.293 euros), para costear la labor humanitaria que desarrollan las ONG que ha impulsado en este país.
En 2006 Dominique 'Dada' y Dominique 'Didi' destinaron a estos proyectos cerca de 2.5 millones de euros. Todo ello, gracias a la generosidad de amigos, lectores y donantes anónimos. Ahora, el legado de Audrey les permitirá continuar su obra.