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Voluntariado en Calcuta

CRÓNICAS DE CALCUTA (Parte del artículo)

Experiencias


Nirmal Hriday o Kalighat (Foto: T. Marsal)



... / ...

Al llegar al hotel, a las 5.15, nuestros amigos no aparecen por ningún lado, ya todo nos hace dudar, estamos tan cansados que subimos a ver la habitación y nos quedamos dormidos hasta las 11.30. Pronto van apareciendo, la alegría es mutua, yo voy superando mi ansiedad, sintiéndome en casa y ellos me van contando sus aventuras, como con la satisfacción de demostrar que se las han arreglado muy bien, que han pasado la prueba con nota. Hay en sus palabras un tono como de "estar de vuelta" de "cuando tu vas nosotros estamos volviendo" por primera vez y se regocijan en su papel de consejeros del "maestro" que se siente orgullosísimo de tan grandes discípulos. Todo es alegría, buen rollo y los clásicos consejos de los que se lo han sabido montar "sin privarse de nada" y por cuatro duros: comidas y cenas en Blue Sky, de nuestra parte, camisas a medida, cerveza, el cine... se repite la impresión "alucinante", el deseo de volver y la admiración hacia el ambiente de voluntariado, "lo mejor de España se ha venido a Calcuta", todos coinciden además en el primer efecto shock y la posterior evolución favorable, lo que me deja mucho más tranquilo. Varanasi es Ciudad Santa (Ciudad de Shiva) y el lunes celebra la fiesta de una de las innumerables deidades hindis. Mark Twain escribió "Benarés es tan antigua como la historia, tan vieja como la tradición, más vieja incluso que las leyendas y parece dos veces más vieja que toda esta antigüedad acumulada". La zona antigua de la ciudad se encuentra repleta de gentes, puestos y vacas sagradas... todo converge hacia el río, el Ganga que está en hora punta, hombres y mujeres se arremolinan en los Gahts para poder lavarse en el río sagrado y borrar así todos sus pecados. El río ha sufrido una de sus famosas crecidas, ha inundado los Gahts y sus aledaños y baja con muchísima fuerza. Alrededor gente lavándose, afeitándose, nadando, haciendo yoga, comprando polvos sagrados, hierbas, velas... lo sagrado y lo mundano se mezclan, vida y muerte, pecado y suciedad bajan juntos por el río, marrón de tanta carga. Los Nachos logran, como no, convencer a un barquero para salir al río, pronto la excursión fue cancelada por la policia, ¿qué le vamos a hacer? En la zona antigua, Guddia, las calles son estrechas, de barro y llenas de suciedad, el olor es distinto, a incienso igualmente penetrante. No es extraño encontrar comitivas que llevan al muerto de despedida en procesión por la ciudad (ticket to the heaven). Pronto llegamos a los crematorios: morir en la Ciudad Santa es señal cierta de predilección, una puerta para abandonar el ciclo de la reencarnación, y la ciudad tiene un encanto sagrado. Junto a los crematorios se levanta el Templo de oro y muy cercana una mezquita musulmana, una de las tres más grandes de la India, desde la que los Mujaidines parecen retar a diario a la Ciudad Sagrada. La Mezquita se encuentra protegidísima por un regimiento de soldados ya que tras las últimas elecciones ha sido objeto de múltiples amenazas. Como siempre junto a la más elevada espiritualidad habita un refinado gusto por la vida, Benaresh es famosa por sus telas y es un buen sitio para empezar a cumplir con los regalos: sharis, kurtas, punjabs, pasminas... Dicen que Baranasi es el reino de la seda y sus tenderos actuan de embajadores, no venden, enseñan mercancía, en un despliegue de diplomacia digna del Vaticano: nunca quieren vender sólo hacer amigos, y la venta es toda una ceremonia. Lo primero es invitar a pasar, los invitados se descalzan y son introducidos en una sala forrada de telas donde se acomodan a tomar el te, durante una buena parte no se habla de negocios, es de mal gusto, y el huésped trata de que sus invitados pasen una agradable velada.

Calcuta, the white town

Kaligat es la primera casa que fundó la Madre Teresa, es el hogar de los moribundos. Una casa que es el hogar de más de cien personas recogidas en las calles de Calcuta a las que en los hospitales se han negado a recibir. En la entrada llaman la atención unas fotos de la Madre con el Santo Padre recorriendo juntos la casa e inmediatamente unas "instrucciones" de la Madre a los taxistas de Calcuta que desprenden cariño "No olvideis nunca preguntar su nombre y dirección y traerlos aquí solamente cuando os hayáis asegurado de que no son aceptados en ningún sitio"... y ahí están, un tablero informa del "estado de ocupación" de la casa, hoy hay 47 hombres, 43 mujeres y, gracias a Dios, ningún fallecido. Este es el hogar de los desahuciados, los desechos de una ciudad que ya es bastante desecho. En su gran mayoría no pueden hablar, solo algunos pueden andar... tumbados en camillas ocupan una gran habitación en la que al entrar reina el silencio. Con la llegada de los voluntarios empieza la jornada, con el desayuno. Los dos primeros días me ha tocado alimentar a un señor mayor, sin ninguna fuerza, tras incorporarle lo he apoyado sobre mi pecho para sostenerle y poderle dar de comer. No tiene fuerza para masticar y la comida hay que triturársela y metersela literalmente en la boca en cantidades diminutas, la primera vez, al meter los dedos en la boca, al contacto con la saliva he sentido una extraña situación, en seguida me he acordado de la Madre Teresa, de ese Cristo que es cada enfermo... y menos mal porque la jornada preparaba muchas sorpresas. He tardado bastante tiempo en darle de comer y enseguida, mientras otros fregaban y lavaban las sábanas hemos empezado a bañar a los enfermos. Es algo espeluznante, todos están en los huesos, de manera literal, en bastantes el culo ha desaparecido y la espalda termina en agujero, los huesos sobresales, llagas, úlceras... A muchos hay que cogerlos entre dos y lavarles tumbados, luego hay que vestirles con ropa nueva, y en algunos ojos parece brillar la alegría de la dignidad, el agradecimiento... La lavada lleva su tiempo y es muy dificultosa, hay que cargar, frotar... después viene el afeitado, en el que la piel es una finísima capa que se ciñe a los huesos de la mandíbula, lavar el pelo era, básicamente, quitar piojos. No me sentía capaz de llevar guantes, me parecía como inhumano, la cara, los ojos amarillos que revelaban un estado de malaria avanzadísimo, me asustaba la sangre pero... otra vez Cristo. El descanso de las 10.30 ha sido, para mi, más merecido que nunca; las hermanas habían preparado unas deliciosas croquetas con el típico spice hindú y el te, como siempre, ardiendo. Estos ratos son ideales para conocer gente y, después de cinco días uno no deja de sorprenderse... Vuelta al trabajo, ahora toca repartir la comida: arroz, patatas y pescado... tratando de evitar la picaresca de los más avispados. Después, mientras me dedicaba al noble oficio de fregar y secar platos una japonesa se ha ofrecido a colaborar con un chico canadiense a enjuagar los platos, empezando, desde el principio, la conquista: primero el bombardeo de preguntas, luego la cita, vamos juntos en el Metro... mientras nosotros tratábamos de ir arreglando el estropicio que iba formando al desperdigar vasos a uno u otro lado sin prestar atención... l´amour. Tras un intento de siesta nos hemos ido de excursión. Una visita en barco a la ciudad de Calcuta. El río, afluyente del Ganges divide la ciudad y el barco supone el medio habitual de transporte, así que el paseo turístico se realiza entre bolsas, animales, tres transbordos... todo por ocho pesetas. El barco recorre Calcuta por el río y se descubren distintas zonas de la ciudad, alguna con pinta de edificios gubernamentales, llama especialmente la atención.

Después algunos templos, un crematorio... las orillas del rio se encuentran habitadas en chabolas de miles de personas que gozan del privilegio de tener una cas al orillas del río. Al fin llegamos a Bombazar un pueblito pequeño con sus calles, su templo y, sí, también aquí, su campo de fútbol. El templo me recuerda la tendencia de las religiones indias a mezclar lo humano y lo divino, a personificar, y los dioses son seres barbudos, barrigudos que no me dejan de asustar. La vida en la calle Quizás pueda hablar de las calles y de las gentes, que hemos encontrado por aquí. Dicen que en el concepto mediterráneo de ciudad, la calle es punto de encuentro, aquí la calle lo es todo, punto de encuentro, sala de estar, cuarto de baño, dormitorio y cocina, e incluso lugar de negocio, las calles son puestos, no existen las aceras, en las calles se confunden los vehículos, los animales y las personas, coches, autobuses, motocicletas, motorickshaw y rickshaw manuales avanzan entre la gente, los perros, los gatos. claxon en ristre, la calle es un ruido continuo y cuando llueve se convierte en charco, en el que no es posible avanzar sin calarse. Junto a esta riada que lo arrastra todo a su paso, se confunden los puestos, en los que se puede encontrar de todo, postales, juguetes, artículos de perfumería, comida caliente, bebida fresca. todo cocinado al instante y servido en plena calle, mientras dos indios se bañan a tu lado, y un pobre viejito tira de su rickshaw en el que lleva tres personas. El extranjero, pese a todo, es también extraño en el caos, y las miradas se vuelcan en él, lo mas llamativo entre tanta normalidad. Todos se vuelcan sobre él: niños con la mano abierta, viejos que quieren mostrar las maravillas de la ciudad. repiten de memoria, Hellow!!!, españolo!. Por la noche las calles se convierten en dormitorios improvisados en las que duermen familias enteras, cunas, camas de matrimonio. por la mañana el aseo es en la calle y cuando vamos a empezar a trabajar a eso de las 5.30, el paisaje de la ciudad despertando resulta desolador. Gente maravillosa Dicen por aquí, que lo mejor de España se ha venido a Calcuta y no andan muy descaminados, pero no solo lo mejor de España sino lo mejor del mundo. Sé que exagero, aunque lo cierto es que el ambiente es inmejorable. Por aquí hay gente de todo el mundo, nosotros hemos formado una entente latina con franceses e italianos, y somos un grupo de lo más divertido. Hay gente de todo tipo: filántropos y misioneros; solidarios; aventureros extraviados, entre Dehli y Bangkok, que quedaron enganchados; ejecutivos en busca del karma; sociólogos argentinos; jubilados activos; gente joven: profesionales, estudiantes. También suele ser frecuente encontrar gente de otros países en su año de descanso, una vez terminada la universidad. Así hemos conocido un chico de Barcelona, Joseph, que lleva años viviendo en Israel, un argentino, Marcelo, un polaco, Radek,... hemos hecho mucha amistad con una pareja de australianos que conocimos en el tren y fichamos para trabajar con la madre Teresa. El abanico por nacionalidades es amplísimo un israelí, dos koreanos, un polaco, un francés, veinte italianos, un grupo de japoneses y tropecientos españoles, aquí también somos mayoría y lo cierto es que se nota en el ambiente. No se oyen quejas ni sobre la ciudad, ni sobre el trabajo, ni sobre el tiempo, se nota que hay algo en común y enseguida se cae en la intimidad. Uno descubre historias preciosas, uno que vino para un mes y va a cumplir su segundo año, un matrimonio en luna de miel. El trabajo Para describir el trabajo me vienen a la cabeza una frase de Rambo y otra de Blade Runner que se compensan y que me parece que forman un compendio perfecto de lo que es posible ver por aquí: "Yo he visto cosas que vosotros no creeeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión... He visto Rayos D brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tanhausser... Todos esos mundos se perderán como lágrimas en la lluvia". (Blade Runner, Ridley Scott 1982) "Es capaz de comer cosas que harian vomitar a una cabra" (Acorralado, 1982) Y, aunque parezca exagerado, ambas cosas se confunden, ahora lo entenderéis.

Estoy trabajando en dos sitios diferentes; por la mañana en un dispensario médico situado en la estación de tren, al que acuden durante todo la mañana personas a las que no admiten en los hospitales para ser atendidos, en cuatro días puedo decir que he visto y he tratado de aliviar un poco todo tipo de enfermedades:, (AQUI EMPIEZA UNA PARTE ESPECIALMENTE DESAGRADABLE) Sarna, lepra, heridas llenas de gusanos, fimosis... el impacto inicial es muy fuerte, como de impotencia, los medios mínimos, acuden al dispensario gente de todas las edades, en busca de alguien que les alivie un poco el dolor, y desde que se abre hasta que se cierra uno no para de trabajar, es un trabajo intenso, agotador, muy duro; desde el principio el sudor empaña las gafas, se mezcla el sudor y el sufrimiento. Por la tarde trabajamos en khaligat, el primer centro de la Madre Teresa, también llamado el mortuorio. Es una residencia para enfermos terminales dónde la primera impresión es una pizarra en el que se informa del "estado de ocupación", Males/females, los recién llegados y los fallecidos durante ese día. El trabajo es variadísimo, de ama de casa: a primera hora servir el desayuno, maiz y una taza de te, fregar los platos, bañar y cambiar la ropa de todos los enfermos, lavar la ropa y servir la comida. Cada cual hace lo que puede, nadie manda nada y los nuevos voluntarios van arrimando el hombro poco a poco con respeto, hasta que se ven totalmente involucrados. El coordinador, Korak, es un chico indio, voluntario que estudia para ser director de cine y está absolutamente enganchado a Khaligat. Tiene una visión de la vida distinta, al menos de la mía (de cual va a ser): de un humanismo radical que ve al hombre como Dios y se deja la vida en servir a la humanidad. Los resultados son los mismos, y además coincidimos en mil cosas, culturales, cinematográficas, vitales... hay un equipo de indios más o menos estables, los brothers Calcuta cada día trae una sorpresa. Hoy nos levantamos con la amenaza de una huelga general, todos hablan de la strike pero nadie sabía exactamente el cómo ni el por qué. Las hermanas nos pidieron prudencia, que comprobáramos el estado de la calle antes de la Misa pero, como siempre, a las cinco la calle estaba casi vacía. La Misa la ha celebrado un sacerdote norteamericano, newyorker de nacimiento. Los de New York son los argentinos de Norteamérica, desprenden seguridad, saber estar aun en las circunstancias mas extrañas. Pueden parecer autosuficientes pero a mi me parece confianza y capacidad de adaptación al medio. Hoy he empezado a trabajar en el dispensario, la fórmula es buena porque permite trabajar por la tarde en kalygat y la experiencia ha sido inolvidable. Al llegar he observado, ocupándome de las tareas ordinarias de limpiezas, orden y preparación del material. Enseguida he empezado a trabajar con tanta seguridad (mi vena de newyorker) que me han preguntado si era médico. El equipo es inmejorable, los antiguos del lugar: Santiago, Pedro y Santiago, dos médicos italianos y Francesco, mi amigo maquillador. Pronto han empezado a entrar pacientes: llagas, quemaduras, úlceras en carne viva, heridas infectadas... para todos la solución es muy parecida; limpieza con alcohol, desinfección con Betadine y algún tipo de crema o antibiótico, para luego vendar, poner una gasa o dejar al aire. He ido cogiendo el truquillo, con Francesco de enfermero, uno a uno los enfermos van pasando, sin parar. Ya casi al final una señora me ha enseñado dos pequeñas heridas, no muy infectadas, que he explotado y limpiado a fondo, luego los ojos brillantes, rojos; la temperatura, alta. Al fin me ha enseñado el bajo vientre, cubierto con sarna. He comenzado a frotar con betadine, limpiado, desinfectado, frotado para aplicar al final una crema limpiadora. Recien terminado me he puesto con un hombre cubierto de llagas que he limpiado a fondo, una de ellas, incrustada en su barba de chino me ha obligado a afeitarle con muchísimo cuidado. Santiago me ha dicho que continuara pero que parecía grave, y terminada la limpieza me ha enseñado una llaga enorme, el pito en carne viva, he tenido que limpiar a fondo.

Bye Calcutta

Viajo en sleeper, 3ª clase, camino de Agra, en busca de una de las pocas 7 maravillas del mundo, que no son ni 7 ni tan maravillosas. Hoy ha sido un día intenso, deprisa-deprisa, Madrid en Calcuta: Sta. Misa, trabajo en la estación, billetes, kalighat, oración, últimas compras, cena y corriendo al tren. Cada día que pasa sigue apareciendo gente maravillosa, hoy una pareja de Setem, Barcelona. El tren, sleeper 3ª, cochecama, es un desfile de gentes, mendigos traumatizantes y vendedores ambulantes que gritan, cantan, ofreciendo distintas cosas a cambio. El paisaje es de un verde muy verde, campos inundados y rios marrones... de vez en cuando, un pueblo.




 

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